(Todos los derechos reservados. Pedro de Hoyos)

 

MUSEO FREDERIC MARÈS, EN BARCELONA

 

La cosa empezó hace ya casi un par de años, en Barcelona, en una visita que suelo repetir con frecuencia. Oye, me dijeron, ¿sabéis en Palencia lo que tenéis aquí? Quien con asombrado entusiasmo me planteaba la cuestión era Joaquín Hernández, castellano afincado en la capital del Mediterráneo desde hace años y miembro destacado del Centro Castellano-Leonés en aquella ciudad.

Le pedí lógicamente más precisiones y más datos. Y comenzó pausadamente a desgranar un rosario de maravillas, principalmente palentinas pero también castellanas en general, expuestas en un pequeño museo del barrio gótico, poco conocido incluso por los propios barceloneses, el museo del coleccionista catalán Frederic Marès. Lo que había visto le había causado profunda conmoción y llevaba unas semanas esperando con impaciencia mi visita. Joaquín y su esposa Loly, también castellana, contaban y no paraban.

Según su relato, grandes piezas de la imaginería palentina estaban expuestas en aquel poco conocido museo. Las diversas comarcas de nuestra geografía provincial estaban allí representadas, todas las épocas y estilos escultóricos tenían un lugar, los pueblos palentinos con más solera habían contribuido “generosamente” con algunas de sus joyas, expuestas ahora a la sombra de la Catedral de Barcelona. Los más grandes escultores palentinos, o que trabajaron en o para Palencia, tenían allí alguna pieza.

Joaquín y Loly alababan a un tiempo la cantidad, suficiente casi para un museo propio, como la calidad de las obras procedentes de Palencia que se encontraban en aquel museo, se hacían infinitos interrogantes sobre cómo podrían haber llegado hasta allá piezas tan importantes de nuestro patrimonio y se maravillaban de que todo ello sucediese en silencio, con el más absoluto desconocimiento del pueblo y autoridades. Cuando me fueron dando nombres y datos un montón de preguntas bullían en mi cabeza. Empezaba a entender que aquello era difícil de entender.

La Virgen y San Juan. Madera con restos de  policromía.  

Último cuarto del S. XIV. Palencia

 

Esto era, repito, hace año y medio aproximadamente. En aquella época Don Jordi Pujol, muy consciente de su poder e importancia en la política “estatal”, reclamaba ardua e incesantemente el archivo de la guerra civil depositado en Salamanca. El paralelismo estaba servido, pero mis deseos de visitar el museo y dar a conocer inmediatamente la situación se veían continuamente cercenados de raíz: el museo estaba cerrado por reformas. Desde entonces he vuelto a Barcelona en diversas ocasiones y en todas ellas he intentado visitar el museo Marès, siempre en vano. La situación era frustrante en grado sumo.

El tiempo pasaba y la nueva etapa de “Las Edades del Hombre” se acercaba por fin a Palencia. Mi trabajo estaba lamentablemente parado desde el primer momento. Todo lo que yo tenía eran referencias de terceros, nada había visto, nada podía contar. Joaquín se puso a mi disposición y compaginando su trabajo y su familia con la investigación comenzó a buscar libros y referencias escritas o fotográficas en todos los organismos municipales y provinciales, incluso en el propio Museo Marès. Pero tampoco la cosa fue fácil. Por alguna razón todas las publicaciones al respecto estaban aparentemente agotadas, no había reediciones y teóricamente iba a ser dificilísimo encontrar algo que llevarse a los ojos. Por fin un día apareció un librito sobre el museo editado por el Ayuntamiento de Barcelona en 1996 y prologado por Pasqual Maragall, ¡se hacía la luz! Unas semanas más tarde lográbamos hacernos con un voluminoso “Fons del Museu Frederic Marès/3. Cataleg d’escultura i pintura dels segles XVI y XVII”.                                                                                                           

Por fin, cuando ya no parecía haber remedio, el pasado día ocho el museo volvió a abrir sus puertas. Los trabajos habían llegado a su fin y sus salas volverían a abrirse al público. El alcalde de Barcelona, Joan Clos, que llegó tres cuartos de hora tarde, presidió la ocasión. Le acompañaron en el uso de la palabra Pilar Vélez, directora del museo, y el arquitecto autor de las obras de reforma.

En el museo Marès se pueden encontrar los más grandes nombres de la escultura. El Maestro de Cabestany, Alejo de Vahía, Berruguete,  Ordoñez, Juny, Vigarny, Salzillo, y sus discípulos y seguidores, Villoldo, Juan Ortiz “El Viejo”, Becerra, Rueda, o incluso Manuel Álvarez, un escultor fundamental para entender el desarrollo de la escultura en Palencia en el siglo XVI, tienen obras en este museo.

De nuestro Manuel Álvarez destaca el espléndido conjunto de cuatro relieves en alabastro realizados para el retablo del monasterio de la Santa Espina, de Valladolid. Fueron vendidos para acometer reparaciones en la iglesia y Marès lo compró en París en 1958 con el afán de salvaguardar y recuperar el expoliado patrimonio artístico español, digo yo que para su museo.            

                                                                                          San Sebastián, de Alejo de Bahía.

Becerril de Campos

 

 El museo ofrece una variadísima riqueza iconográfica (Cristos crucificados, Vírgenes, Santas Generaciones), gran diversidad de materiales (madera, piedra, metal, marfil) y abundancia de tipología, (portadas, capiteles, relieves, escudos...). Sarcófagos de Toledo, Vírgenes de Cuéllar, dos ninfas romanas originarias de Zaragoza, vírgenes románicas procedentes de Burgos, por poner breves ejemplos, dan también una idea de la variadísima procedencia de las obras de arte expuestas. Añádanse a casi todas las regiones españolas la multitud de otras piezas procedentes de más allá de los Pirineos.

Pero dejo para más tarde citar las obras palentinas que existen en este museo, ya haré un repaso de ellas, sus autores y sus procedencias suficiente. Quiero ahora llamar la atención del lector sobre un párrafo extraído del “Cataleg d’escultura i pintura dels segles XVI i XVII” que traduzco de su original catalán:

La provincia de Palencia es, indudablemente, la que ha proporcionado un mayor número de obras al museo. La demanda principal proviene de la catedral, que se está amueblando mientras se acaba. .../... La historia de la escultura de Palencia del siglo XVI puede seguirse íntegramente a través de las obras de este museo”. Y a partir de este momento el “Cataleg” dedica sucesivos párrafos elogiosos a los Berruguete, Giralte, Juan Ortiz “El Viejo” y Manuel Álvarez, todos representados en el museo.

Las dos afirmaciones actuaron sobre mí a modo de acicate: “La provincia de Palencia es la que mayor número de obras ha proporcionado al museo” ¿Cómo? ¿Una provincia tan pequeñita, tan poquita cosa como Palencia, es una potencia en exportaciones de arte? Ítem más: “La historia de la escultura de Palencia en el siglo XVI puede seguirse íntegramente a través de las obras de este museo”. ¡¡También nuestras joyas más preciadas han emigrado hasta el punto que si queremos conocer nuestra propia historia nos veremos obligados a ir a... Barcelona!! ¡¡ Las Edades del Hombre en versión catalana!!

¡Las Edades del Hombre! Estas piezas que ahora voy a describir son sólo algunas, insisto: sólo algunas, de las obras que un día fueron palentinas, creadas por palentinos o para Palencia, pero que no están hoy presentes entre nosotros en tan singular ocasión. Entre ellas hay auténticas joyas de primera fila que nunca deberían haber sido olvidadas por nosotros. Como se verá, además, en algún caso, hay obras clave, importantísimas por su antigüedad, su valor emocional o valor intrínseco,  que fueron sacadas de entre nosotros de forma que podría decirse poco ortodoxa, poco noble, no me atrevo a decir que de forma ilegal, pero sí dejando aparte la ética y la limpieza de sentimientos.

Quiero empezar por la más tardía de las piezas que he encontrado: El escudo del Duque de Lerma, probablemente realizado en 1608 por Diego de Basoco en Valladolid para la Colegiata de San Miguel, en nuestra villa de Ampudia, de la que el favorito de Felipe III era Señor. Se supone que salió de Ampudia cuando a mediados de siglo se hundió una parte de la iglesia. Lo he tenido ante mis ojos, he pasado bajo él, e impresiona al espectador por su tamaño, su belleza y la delicadeza de su trabajo.

 

Escudo del Duque de Lerma ¿Ampudia?

 

La ficha técnica del catálogo no deja lugar a dudas, la procedencia del escudo es la colegiata de Ampudia. Al entrar en mayores explicaciones de la obra el “Cataleg” menciona la posibilidad de que hubiera estado en otras posesiones del Duque de Lerma, para terminar insistiendo en la seguridad de que pertenecía a la Iglesia de Ampudia. Sin embargo en Ampudia nadie echa en falta dicho escudo. En el coro sigue habiendo un escudo en madera, sobre la reja, y otro en piedra, entre dos ventanales. Por otra parte según el párroco del lugar el hundimiento de la nave fue en el año 54, sin embargo Marès lo compró en el año 53. Misterio.

Cabía la posibilidad de que perteneciera a alguna dependencia del Castillo. Sin embargo fuentes de la familia Fontaneda afirman que es una posibilidad muy remota. En el año sesenta, fecha en que la familia adquirió el castillo, éste estaba en ruina completa, lo que no explicaría el perfecto estado de conservación del escudo. Aún así podría haber pertenecido a la capilla de Santiago, que estaba dentro de las murallas, pero sus reducidas dimensiones hacen difícil esta hipótesis.

Pero retrocedo un siglo para empezar a presentar piezas que a buen seguro van a sorprender al lector. De entrada la pieza que tiene el número uno del Catálogo es un “San Lázaro”, de Felipe Vigarny. Se trata de una figura exenta, de 133’5 x 49 x 32 cms. Debió pertenecer a un retablo porque no está tallada por detrás. Está realizada en Burgos entre 1505, fecha de inicio de las esculturas del retablo mayor de nuestra Catedral, y 1513, fecha en que se hizo la escultura de Gutierre de Mier en Cervera de Pisuerga. Al parece tiene todas las posibilidades de haber sido encargada por Sancho de Castilla para el retablo de la antigua iglesia de San Lázaro.

   Imagen de San Lázaro

 

¿Y cómo olvidarse del Cristo Juez, de finales del siglo XII, en piedra calcárea, procedente de la antigua y palentinísima ermita de Rocamador? El estado de conservación es deficiente, con grandes superficies erosionadas. Se representa al Salvador sedente, con un libro en la mano derecha, y la izquierda, que se ha perdido, se elevaba en disposición de bendecir. Se supone que ocupaba el centro de un conjunto semejante al de la fachada de la iglesia de Santiago, de Carrión.

Un capitel procedente de la iglesia de Villaherreros, que desapareció del lugar entorno a 1948, (García Guinea lo da como desaparecido entre 1961 y 1975, pero curiosamente ya figuraba en el catalogo Marès en 1955), un relieve de San Marco y uno de San Pedro, (procedentes ambos de la iglesia de Espinosa de Villagonzalo, que seguramente formaban conjunto con un pantocrator y el resto de los apóstoles sobre la puerta de la iglesia), un Santo Obispo desconocido, Madre de Dios con el Niño (varias), Calvario (varios), Cristo Crucificado (varios), San Juan Evangelista, San Pedro con dos cardenales y dos Obispos, un San Juan Bautista muy parecido a la talla del mismo santo que se conserva en la Ermita de Torremarte, en Astudillo, La Resurrección, San Pablo, diversos relieves (entre los que tiene un lugar muy destacado el ya aludido de Manuel Álvarez), San Pedro y San Pablo, Cabeza de Cristo con espinas, Los cuatro evangelistas, La Trinidad, La Oración en el huerto de Getsemaní, San Roque, de Alonso Berruguete....

 San Pedro con dos cardenales y dos obispos

 

La lista se prolonga y prolonga, pero mi asombro sube (¿cabe todavía la posibilidad?) cuando, todavía preparando el presente trabajo, me tropiezo con un retablo de San Antolín y San Bernabé... de 352 X 244 X 69 cms. Se trata de un retablo devocional, en madera policromada, realizado también por Manuel Álvarez, sobre el año 1560, para el antiguo Hospital del mismo nombre en nuestra ciudad. En el museo está en un lugar preferente y enseguida pude reconocerle, a pesar de que en la actualidad le falta la parte superior, que se encuentra en plena restauración. Nuestro patrono está representado (146 X 61 X 33 cms.) con casulla, llevando el libro y la palma del martirio, se le representa joven y sin barba. En el piso superior del retablo se vuelve a representar a nuestro Santo Patrono (73 x 41’5 X 24 cms.) de modo semejante al anterior. Ya digo que me he quedado sin esta parte ya que de momento no está expuesta. Las figuras fueron compradas en un anticuario de Valladolid, en el verano de 1949. En ese momento Marès no parecía muy animado, según su propia correspondencia, a comprar el retablo, pero obviamente lo hizo después.

 

Retablo de San Antolín y San Bernabé

 

Debo reconocer que iba a la caza y captura de algunas piezas determinadas. Me habían llamado poderosamente la atención, además de las ya mentadas, otras piezas que habían salido del monasterio de Santa Clara en Calabazanos. Me había sentido afectado por el dolor de las madres y me había hecho a mí mismo y a ellas la promesa de conseguir unas buenas fotos de “sus” obras de arte. De todo ello hablo en otro lugar de este reportaje y espero haber colmado sus deseos.

La pregunta que surge inmediatamente es cuándo y cómo desaparecieron tantas esculturas, tantos retablos, tantos relieves, tantos capiteles, tantas columnas, de su ubicación original Sabíamos erectamente lo rica en arte que era nuestra tierra. ¿También era rica en sinvergüenzas traficantes de arte? El caso del expolio del monasterio de Calabazanos, nuestro “Escorial de Barro” es paradigmático ¿Cuándo y cómo se produjo la rapacería en el resto de las piezas? ¿Las necesidades crematísticas de algún párroco o de algún alcalde en épocas más modernas? ¿Se vendieron a cambio del retejado de alguna parroquia o de la “traída” de aguas a algún pueblo? ¿Se hizo legalmente? ¿Quién sacó provecho de la circunstancia? ¿Nunca sospechó nada Marès? ¿Cómo hay tantas piezas “de procedencia desconocida”? ¿No preguntaba nunca? ¿Volverán algún día  al lugar para el que fueron creadas?

Cuando al final de mi entrevista con Pilar Vélez, Directora de museo, le propuse la posibilidad de un intercambio o exposición temporal en Palencia le parecó una buena idea, pero, eso sí, siempre teniendo en cuenta que Frederic Marès ya previó algo semejante y dejó encargado que jamás se cedieran más de diez obras del museo. ¿Sería mucho esperar que dentro de algún tiempo puedan ser expuestas en Palencia, siquiera temporalmente? ¿En Palencia vamos a hacer algo para intentarlo o vamos simplemente a quejarnos y lamentar la situación ? En manos de nuestras autoridades, políticas, sociales, culturales, queda el tema.

 

Email: pisuerga@hotmail.com                                                    (Todos los derechos reservados. Pedro de Hoyos)

 

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