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Eneas
era un héroe troyano, hijo de Venus y Anquises
, es decir, de una diosa y un mortal. Tomó por esposa a
Creusa, una de las hijas del rey Príamo
de Troya, con la que tuvo un hijo que se llamó Ascanio.
Más tarde, cuando llegó a Italia se le dio el nombre de
Iulo, de donde dicen que proviene la estirpe de los Julios,
cuyo personaje más conocido es Cayo Julio César, que
vivió entre los años 100 y 44 a. C.
Nos
cuenta Virgilio que Eneas dirigió la defensa de la ciudad
cuando los griegos, al mando de Ulises,
entraron en Troya por medio de la
estratagema del caballo. Tuvo una serie de percances,
pero se libró porque su madre, Venus, le ayudó. Por fin no
tuvo más remedio que marcharse con unos pocos compañeros,
con su padre, Anquises, al que llevó a cuestas, y con su
hijo Ascanio, ya que su esposa Creusa había muerto en la
batalla.
Eneas
estaba destinado por los dioses a fundar una nueva Troya y,
por eso, cuando abandonó la ciudad, se llevó consigo los
dioses Penates de Troya. Los dioses Penates eran los dioses
protectores de las ciudades y las naciones. Se los llevó
con la intención de poder ponerlos como soporte para la
nueva ciudad que iba a fundar en lugar de la destruida
Troya. |
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Pero
antes de llegar al lugar elegido por los dioses para la
nueva Troya recorrió muchos países, ya que la diosa Juno
no estaba de acuerdo con el plan de Júpiter, y procuró por
todos los medios que no llegara. Así, una vez que hubo
arribado a la isla de Sicilia, murió su padre, Anquises, y,
al tratar de acercarse al continente, una tempestad lo
mandó a las costas del norte de África, donde se
encontró con Dido, la reina de los cartagineses.
La
diosa Juno vio en los amores entre los dos la solución
para apartar a Eneas de su destino. Lo preparó todo de
manera que parecía que ése iba a ser el destino del
héroe. Sin embargo, Júpiter no quería que los hados no se
cumplieran y mandó al dios Mercurio, el mensajero de los
dioses, a que recordara a Eneas su misión.
Eneas
volvió otra vez a Sicilia, justo al cabo de un año de la
muerte de su padre al que honró con unos juegos fúnebres, y
marchó hacia las costas de Italia, que es donde los hados
habían previsto la refundación de Troya.
Para
conocer el destino que le esperaba bajó al Infierno, habló
con la Sibila de Cumas y conoció a los futuros héroes y
personajes de la historia de Roma. También encontró allí
a la reina Dido, que se había suicidado al ser abandonada
por Eneas. De aquí procede la enemistad perpetua que en el
futuro tendrán los dos pueblos, Cartagineses y Romanos.
Por
fin, a orillas del río Tíber, según los designios de los
dioses, fundó una ciudad, contando con la ayuda del rey de
aquellos parajes, el rey Latino, que le dio a su hija
Lavinia por esposa. En homenaje a esta mujer, la ciudad que
fundó se llamó Lavinia.
Eneas
tuvo que defender bravamente este territorio contra los
pueblos de alrededor, entre los que destacaban los Rútulos,
cuyo jefe, Turno, había sido el pretendiente de Lavinia.
Por fin Eneas, aliándose con otros pueblos logró la
victoria, y venció a Turno en un combate singular.
Su
hijo, Iulo, después de morir su padre, fundó la ciudad de
Alba Longa, que fue la antecesora directa de Roma, ya que de
aquí salieron para fundarla Rómulo y Remo.
Todo
el libro IV de la Eneida de Virgilio refiere los
amores de Dido y Eneas. Es una de las escenas mitológicas
más repetidas en todas las manifestaciones artísticas. Un
músico inglés del siglo XVI, Henry Purcell, escribió una
ópera con este tema: Dido y Eneas.
Fue
el principal héroe troyano en la guerra que sostuvieron
contra los griegos, de tal forma que, al morir a manos de
Aquiles, las fuerzas troyanas ya no fueron las mismas.
Era
hijo de Príamo, rey de Troya,
y de su esposa Hécuba. Era el primogénito, y, por
tanto, según las leyes de aquella época, era el llamado a
sustituir a su padre en el trono. En tiempo de guerra era el
general en jefe de los ejércitos.
Como
Aquiles no quiso combatir porque
estaba enfadado con Agamenón, jefe
del ejército griego, su amigo, Patroclo, tomó sus
armas y, haciendo creer a los troyanos que era el mismo Aquiles,
desafió a Héctor que le venció.
Este
hecho tuvo como consecuencia que Aquiles dejara su enfado y
saliera a luchar para vengar a su amigo. El primero con
quien quería luchar era con el que había matado a Patroclo. Lo desafió, y Héctor no pudo por menos que
aceptar su reto. Eran los dos mejores guerreros de todos,
cada uno en su bando, y, probablemente, la guerra se
decidiría después de esa pelea.
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Héctor
se despidió de su esposa Andrómaca y de su hijo Astianacte
antes de salir a luchar con Aquiles.
Antes
de pelear ambos corrieron alrededor de Troya y dieron tres
vueltas a la ciudad, persiguiéndose. A continuación la
pelea no tuvo color. Aquiles, lleno de ira y sabiéndose
invulnerable venció enseguida a Héctor. No se contentó
con eso, sino que, atándolo a su carro, lo arrastró por el
suelo dando siete vueltas a la ciudad. Luego se llevó el
cuerpo a su campamento, con la intención de dejarlo sin
sepultura. |
Una
de las escenas más emotivas de la Ilíada es
cuando Príamo, rey de Troya y padre
de Héctor, se dirige a Aquiles para pedirle el cuerpo de su
hijo, ya que quería darle sepultura y oficiar las honras
fúnebres para que pudiera descansar en paz. Al principio
Aquiles se lo negó, pero, por fin, conmovido por las
lágrimas del anciano, accedió a entregárselo.

Fue
el último de los reyes de Troya ya que durante su reinado
los griegos destruyeron su ciudad y le dieron muerte. Era
hijo del rey Laomedonte. Hércules estaba enfadado con
este rey porque no le había pagado el salario que le había
ofrecido por salvar a la ciudad del monstruo que devoraba a
sus habitantes. Por eso destruyó la ciudad y mató a todos
los hijos del rey excepto a Príamo, salvado por su hermana
Hesíone que lo cambió por su velo de oro. Ese fue el
motivo de que se le diera el nombre de Príamo, que
significa "comprado mediante rescate". Antes
se le conocía con el nombre de Podarces, "el de los
pies veloces".
Poco
a poco fue extendiendo su poder de forma que llegó a ser el
reino más próspero de toda la Frigia, y a Troya se la
llegó a conocer como "la dueña de Asia". Tenía
grandes tesoros, ya que la situación de Troya era
inmejorable, pues se encontraba en las rutas de las
caravanas que venían de Asia y querían pasar a Europa.
Príamo
tomó a Hécuba por esposa, con la que tuvo muchos hijos.
Hay quien dice que tuvo 50 hijos y 50 hijas. Sus hijos más
famosos fueron Héctor, que era el
mayor, y Paris, el segundo. Éste fue
el que más quebraderos de cabeza le dio, porque ya desde
antes de su nacimiento se hicieron sobre él los más
funestos presagios. A pesar de todo, Príamo lo aceptó, y,
no sólo eso, sino que cuando Paris llegó con Helena desde
Esparta, los recibió con los brazos abiertos.
Durante
la guerra de Troya Príamo
era ya muy anciano, por lo que no podía llevar la
dirección de la guerra, que la dejó en manos de su hijo
mayor, y se limitó a presidir el consejo de los ancianos.
Durante
el asedio de Troya vio perecer a sus hijos uno a uno a manos
de los griegos, y sufrió, sobre todo, con la pérdida de
Héctor, su primogénito. A éste no sólo le vio morir a
manos de Aquiles, sino que presenció, además, la cruel
secuencia de su arrastre alrededor de las murallas.
No
tuvo ningún reparo en humillarse ante Aquiles para
recuperar el cuerpo de su hijo a cambio de un elevado
rescate.
Cuando
cayó la ciudad, Príamo quería coger las armas y salir en
defensa de sus ciudadanos, pero su esposa, Hécuba, lo
llevó consigo a una de las habitaciones más interiores del
palacio donde estaba el altar de Zeus. Allí los encontró
el hijo de Aquiles, Neoptolemo o Pirro, y los mató.
Después de su muerte su cuerpo no recibió sepultura.
Es
muy frecuente en los relatos míticos de la antigüedad lo
que cuentan que le ocurrió a Paris. Cuando su madre,
Hécuba, esposa de Príamo, rey de
Troya, estaba embarazada, hubo muy malos presagios con
respecto al fruto de sus entrañas. La reacción del padre
fue la de matarlo en el momento del parto, pero la madre lo
dejó en el monte Ida, cercano a Troya, donde unos pastores
lo recogieron y lo criaron.
Su
físico debía de ser el propio de un héroe, casi de un
dios, por lo que fue elegido para juzgar quién de las tres
diosas era la más hermosa. En las bodas de Tetis y Peleo,
la Discordia (Éride, Erix) despechada
por no haber sido invitada lanzó una manzana con la
inscripción "a la más bella". Tres diosas
se disputaban ese honor: Hera (que en Roma se llama Juno),
Atenea (en Roma, Minerva) y Afrodita (en Roma, Venus).
(Cfr.: "la manzana de la
discordia")
Como
ahora, entonces también había sobornos, y Afrodita, diosa
del amor, había prometido a Paris el amor de la mujer más
hermosa de la tierra si ella era la elegida. Esta mujer,
regalo de Venus era la esposa de Menelao de Micenas y se
llamaba Helena.
En
cierta ocasión, Paris acudió a Troya a participar en unos
juegos fúnebres y fue reconocido por su hermana Casandra.
Esto gustó mucho a su padre, Príamo, que lo acogió con
los brazos abiertos.
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Paris,
más tarde, logró ser nombrado representante de la casa
real de Troya en una embajada a Micenas, el reino de Agamenón
y su hermano Menelao, Éste no se
encontraba en su país, ya que había ido en una
representación oficial a Creta para asistir a unos
funerales. Paris lo tuvo más fácil. Vio a Helena,
se enamoraron por influjo de Afrodita y se la llevó a
Troya, donde fueron muy bien acogidos por el rey y por el
pueblo. Además de Helena, Paris robó todas las riquezas
que pudo.
Éste
fue el origen de la guerra de Troya, ya que los griegos se
aliaron en torno al esposo agraviado, Menelao, y se
dirigieron a Troya para que Helena fuera devuelta. No lo
consiguieron, y, por eso, el primer combate fue entre las
dos personas que más interés tenían: Paris, por parte
troyana, y Menelao por los griegos. Venció Menelao, pero a
Paris lo protegió Afrodita una vez más, envolviéndolo en
una nube, y el griego no consiguió rematar la faena. Parece
que Paris era más experto en las artes del amor que en las
de la guerra, y hasta tuvo que soportar las burlas de su
hermano Héctor en este sentido.
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Sin
embargo será más tarde el mismo Paris quien mate a Aquiles,
ya que una flecha disparada por él y dirigida por el dios
Apolo, dio en el talón derecho del griego, en el que no era
invulnerable.
También
Paris murió al ser alcanzado en la ingle por una flecha envenenada
lanzada por el griego Filoctetes con el arco de Hércules.
Era
hermana de Héctor y de Paris,
hija de los mismos padres, Príamo y
Hécuba. Apolo se había enamorado de ella, pero no
consiguió sus favores, hasta que Casandra le prometió que
accedería si es que el dios la iniciaba en las artes de la
adivinación. Hay que tener en cuenta que Apolo es el dios
responsable del lugar de Delfos, el ombligo del mundo, donde
la Pitonisa, protegida por Apolo, transmitía, en términos
ambiguos lo que le decía el dios. Por eso Casandra pidió a
Apolo esas artes.
Una
vez que se las hubo dado, Casandra se negó a acceder a las
pretensiones de Apolo. Éste se enfadó muchísimo, pero no
pudo quitarle el don de la profecía que le había dado. Lo
que hizo fue realizar un conjuro por el que, a pesar de que
las profecías que dijera Casandra iban a ser ciertas, nadie
las creería.
Todos
tomaron a Casandra por loca, ya que no hacía más que
profetizar desgracias para Troya: reconoció a Paris cuando
llegó; predijo las funestas consecuencias del viaje de
Paris a Micenas; anunció la destrucción de Troya al ver a
Paris con Helena; previno a los
troyanos sobre el caballo que habían
dejado los griegos delante de las murallas de Troya. Pero
nadie le hizo el menor caso. Era su sino.
Después
de la destrucción de Troya, Agamenón
la recibió como botín de guerra y la convirtió en su
concubina. Al volver a Micenas Casandra murió a manos de la
esposa de Agamenón, Clitemnestra, y del amante de ésta,
Egisto, en la conspiración en la que también fue asesinado
el mismo Agamenón.
En
el museo del Vaticano se encuentra un grupo escultórico
helenístico que representa a Laocoonte y sus hijos en el
momento de ser devorados por dos enormes serpientes. En
realidad, según nos cuenta Virgilio en La Eneida las
dos serpiente se dirigieron a devorar a los dos hijos, y es
el padre quien acudió a salvarlos, siendo también él
presa de los reptiles. En la National Gallery de
Washington se puede contemplar una pintura de grandes
dimensiones, cuyo autor fue Domenico Theotocópulos, por
sobrenombre El Greco, cuyo tema es el mismo:
Laocoonte y sus hijos devorados por dos serpientes. Es un
cuadro típico de El Greco, en el que la ciudad de Troya
está representada por Toledo. El caballo también aparece
galopando hacia la ciudad.
Laocoonte
era hermano de Anquises, el padre de Eneas,
y sacerdote de Neptuno. Fue el único, junto con Casandra,
que advirtió a los troyanos de la emboscada que habían
preparado los griegos con el caballo.
Cuando
se enteró, estaba celebrando un sacrificio a Neptuno en la
ciudadela de Troya. Bajó inmediatamente y se dirigió a los
troyanos con gran enfado para que no creyeran que era un
simple regalo de los griegos, sino que tenía trampa. Les
dijo aquella frase que ha quedado para la posteridad: "Timeo
Danaos et dona ferentis", que quiere decir: "No
me fío en absoluto de los griegos, incluso cuando me están
haciendo un regalo".
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Acto
seguido cogió una jabalina y la lanzó con todas sus
fuerzas contra el caballo. Estaba hueco, por tanto sus
concavidades resonaron, e, incluso se pudo apreciar cierto
entrechocar de armas; pero los troyanos estaban tan ciegos
que sólo pensaron que el sacerdote había cometido
sacrilegio.
Esta
opinión fue corroborada por un prodigio que dejó a
todos pálidos de miedo. Desde la vecina isla de
Ténedos vinieron por el mar dos enormes serpientes.
Al llegar a la playa, echando llamaradas
sanguinolentas por los ojos, se dirigieron sin
dudar, adonde estaban los hijos de Laocoonte y
comenzaron a rodearlos con sus anillos. El padre no
pudo aguantar la escena y corrió en su ayuda. Pero
no pudo hacer nada, ya que también él fue apresado
y muerto por las mismas serpientes. |
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Este
hecho fue el que convenció a los troyanos a introducir el
caballo dentro de la ciudad, precipitando así la ruina de
Troya.
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Aquiles
era el principal guerrero del ejército griego, aunque el
general en jefe era Agamenón. La
Ilíada comienza con la cólera de Aquiles cuando
Agamenón le quitó su esclava. Aquiles tenía un carácter
muy huraño y bastante susceptible: se retiró a su tienda y
no pensó en luchar a pesar de que los troyanos salían
vencedores en diversos combates, hasta que Héctor mató a
su amigo Patroclo.
A
Aquiles le llamaban El Pelida, porque era hijo de
Peleo, un mortal descendiente de Zeus, y de la diosa Tetis,
que pertenecía al linaje del dios Océano. Su madre quiso
hacerlo inmortal, y para ello lo sumergió recién nacido en
las aguas de la Laguna Estigia, que era el lago que tenían
que atravesar las almas para llegar al lugar de los muertos.
Al sumergirlo en esas aguas se volvió invulnerable en todo
su cuerpo excepto en el talón, que era el lugar por donde
su madre lo sostuvo mientras lo sumergía.
También
se le llama "wkuV podaV AcileuV"
que, pronunciado en español es como sigue: "oküs
podás Ajileus", y que quiere decir: "Aquiles
el de los pies ligeros". Se le llamó así porque
en otra versión del mito referente a Aquiles, la manera
como se le quiso quitar el componente mortal fue
purificándolo por medio del fuego. Pero Peleo llegó a
tiempo, antes de que las llamas acabasen con la criatura.
Sin embargo el talón derecho quedó dañado por
el fuego. Más adelante el centauro Quirón reemplazó el
talón dañado por el de un gigante célebre por su
velocidad, que se transmitió a Aquiles, y por eso se le
denomina con el apelativo de "el de los pies
ligeros".
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El
mismo centauro Quirón lo educó en todas las virtudes
guerreras e hizo de él el mejor combatiente de los griegos.
Tetis conocía el destino que le esperaba a su hijo en la
guerra de Troya, es decir, sabía que iba a morir allí. Por
eso lo disfrazó de mujer y, con el nombre de Pirra, porque
era pelirrojo, se lo envió al rey Lycomedes, a
la isla de Skyros, para que viviese allí, con él y con
sus cinco hijas. Una de ellas, Deidamía, lo descubrió y
tuvo amores con él, de los que nació un hijo, llamado
también Pirro o Neoptolemo.
Ulises
descubrió el escondite de Aquiles y fue a buscarlo. Allí
lo identificó y no le costó mucho convencerlo para que
acudiera a Troya con los demás reyes griegos. Tetis no pudo
hacer nada contra la voluntad de su hijo de ir a luchar y le
preparó un escudo excelente y dos caballos, regalo de Poseidón, dios del mar, que tenían la facultad de hablar.
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Se
unió a los demás jefes para ir a Troya, pero ya desde el
principio se enfrentó a Agamenón, quien había decidido
inmolar a su hija Ifigenia para asegurar el buen éxito de
la empresa. Aquiles, a pesar de que lo intentó, no pudo
conseguir que Agamenón dejase de sacrificar a la muchacha.
Lo
que ocurrió en la guerra de
Troya ya está contado en otros apartados. En uno de los
enfrentamientos Paris consiguió herir a Aquiles en el
talón con una flecha guiada por el dios Apolo.
Ulises
era el rey de Ítaca, una isla que se encontraba en el
mar Jónico, cerca de las costas de Grecia. Fue uno de los
reyes que acudieron a la llamada de Menelao para vengar el
rapto de Helena por Paris. Su nombre griego era Odiseo, que
es el que da el nombre a la epopeya La Odisea. Este
libro cuenta las vicisitudes que tuvo que padecer Ulises
para llegar a su país después de la guerra de Troya.
Era
hijo de Laertes, por eso se le llama también el Laertíada.
Estaba casado con Penélope, una mujer muy hermosa, y
tenía un hijo, Telémaco. Una vez que se decidió a ir a
pelear a Troya, tuvo que buscar y convencer a Aquiles, que
disfrazado de mujer, no quería ir a la guerra.
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Como
todo el mundo sabe, la estratagema del Caballo
de Troya, por medio del cual los griegos
consiguieron destruir la ciudad, fue obra de Ulises. Homero
lo califica Fecundo en ardides. |
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Los
verdaderos problemas comenzaron para Ulises después de la
destrucción de Troya, cuando quiso volver a su país.
Parece ser que se enfrentó a Poseidón, dios del mar, al
que los romanos llaman Neptuno, y le puso muchas
dificultades para volver a su patria, tanto que tardó 10
años, después de haber vivido los más asombrosos
acontecimientos.
Los
episodios de La Odisea más llamativos y más
conocidos son los del Ciclope, el de la hechicera Circe y el
de las Sirenas.
Después
de salir con vida del país de los Lotófagos
(comedores de loto) llegó al país de los Cíclopes, personajes
gigantescos con un solo ojo en medio de la frente. Allí
desembarcó Ulises con sus compañeros porque necesitaban
provisiones. Entraron en la cueva del cíclope Polifemo al
que engañó y dejó ciego. Más tarde alcanzó la isla de
Eea, donde reinaba la hechicera Circe que tenía el poder de
convertir a las personas en animales. Allí se quedó Ulises
todo un año, ya que Circe no le dejaba marchar: estaba
enamorada de él. Circe dio a Ulises un hijo que se llamó
Telégono. Más adelante tuvo que enfrentarse a las Sirenas,
animales fantásticos, que con su canto atraían a los
marineros hacia los escollos y luego se los comían. Ulises
para no ser vencido por ellas, taponó con cera los oídos
de los marineros y mandó que lo ataran a un mástil. No le
debían obedecer si les mandaba que lo desataran. Así pasó
por el estrecho dominado por las Sirenas sin dejarse llevar
por ellas.
Por
fin llegó a su país, y se encontró a su esposa,
Penélope, que estaba asediada por una multitud de
pretendientes que, creyendo que Ulises estaba muerto,
querían casarse con ella y así quedarse con todas las
posesiones que pertenecían a Ulises. Penélope les daba
largas, porque no estaba convencida de que Ulises estuviera
muerto, y por eso les dijo que elegiría a uno de ellos para
casarse con él en cuanto terminase de tejer un tapiz que
estaba bordando. Por el día tejía y por la noche deshacía
lo tejido, de manera que no avanzaba.
Cuando
llegó Ulises no lo conoció nadie, hasta que su nodriza, al
lavarle los pies como signo de hospitalidad, lo reconoció,
pero no dijo nada. Ulises, como si fuera un pordiosero que
sólo pedía cobijo y alimento, retó a los pretendientes a
que fueran capaces de hacer lo que él hiciera: montar su
arco y disparar la flecha por entre los aros de las hachas.
Todos lo intentaron, pero ninguno lo consiguió, mientras
que él lo hizo con suma facilidad y fue reconocido por su
esposa. Mató uno a uno a todos los pretendientes y
restableció la paz en la isla con la ayuda de la diosa
Atenea.
Fue
hijo de Atreo y de Aérope, y llegó a ser el rey de Argos y
Micenas. Junto con su hermano Menelao
son los dos Atridas más importantes. Comenzó su
reinado casándose con Clitemnestra, después de haber
matado a su primer marido. Ella no lo llevó muy bien y
esperaba la ocasión de vengarse. Tuvo con esta mujer dos
hijas, Ifigenia y Electra, y, más tarde, un hijo, Orestes.
Después
del rapto de Helena, esposa de Menelao
y hermana de Clitemnestra, los aqueos le nombraron general
en jefe de las tropas que iban a la guerra contra Troya.
Tuvo que hacer un sacrificio a la diosa Artemisa para que le
diera buena travesía, ya que había calma chicha y las
naves no tenían viento para navegar. El adivino Calcante
designó a su hija Ifigenia como víctima de ese sacrificio,
y, a pesar de los ruegos de Aquiles, lo llevó a cabo. Su
esposa no le perdonó nunca esta muerte.
La
Ilíada comienza con el enfado de Aquiles
contra Agamenón por el asunto de la esclava Briseida. En
una de las expediciones, Agamenón había capturado a una
muchacha llamada Criseida, hija de un sacerdote de Apolo.
Este hecho desencadenó una peste en la tropa de los griegos
y, para desagraviar al dios, tuvo que devolver a la
muchacha. Despechado, Agamenón, reclamó como recompensa a
la esclava favorita de Aquiles, Briseida.
Después
de los diez años de la guerra de Troya, Agamenón, al
volver a su país, fue asesinado por Egisto, que se había
convertido en amante de Clitemnestra y dueño absoluto de
Micenas. Clitemnestra fue no sólo cómplice del crimen,
sino que tomó parte en él, y también asesinó a Casandra,
que había llegado a Grecia como botín de Agamenón.
Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra,
vengó a su padre matando a Egisto y a su amante.
Era
el hermano menor de Agamenón, y,
por tanto, también Atrida, Cuando volvieron a apoderarse
del trono, se casaron con dos hermanas: Agamenón con
Clitemnestra y Menelao con Helena,
cuyo verdadero padre era Zeus.
Siguiendo
el consejo de Ulises, Tindáreo, rey
de Esparta, impuso un juramento a todos los pretendientes de
la hermosa Helena: deberán acudir en ayuda del que ella
escoja como marido si resultara ofendido por otra persona.
Helena eligió a Menelao, con quien tuvo una hija, Hermione.
En
una embajada de Troya a Esparta, vino como representante de
Troya uno de los hijos del rey Príamo.
Menelao lo recibió con los brazos abiertos sin desconfiar
nada en absoluto. Aprovechando que Menealo tuvo que marchar
a Creta a los funerales de su abuelo, Paris
raptó a Helena y se la llevó a Troya. También robó casi
todo el tesoro que tenía Menelao.
Invocando
el antiguo juramento, Menelao pidió ayuda a su hermano, que
reunió a todos los reyes de Grecia para vengar la afrenta
que les había hecho un troyano. Durante la guerra él no
fue el jefe y quedó en un discreto segundo plano,
oscurecido por otros héroes más brillantes.
En
Troya se organizó un duelo entre Paris, el ofensor, y
Menelao, el ofendido, para ver si así podían dar por
terminada la contienda. Cuando el griego estaba a punto de
matar a Paris, la diosa Afrodita intervino envolviendo
en una nube a Paris, su protegido, y lo transportó a su
palacio.
Más
tarde, Menelao será uno de los guerreros que se esconderán
en el interior del Caballo de Troya.
Por
fin encontró a su esposa, Helena, y, vencido por su
hermosura, se la llevó a Esparta, donde vivieron juntos.
Ésta es una de las versiones, ya que, según otras, Helena
murió en Troya a manos de Neoptolemo, hijo de Aquiles.
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Fue
hija de Zeus y Leda, la esposa de Tindáreo, el rey de
Esparta. Zeus tomó la figura de cisne para seducirla. Esta
escena de Leda y el cisne ha sido un tema de la
pintura universal (cfr. Leonardo da Vinci). Helena era,
además, hermana de madre de Clitemnestra, esposa de
Agamenón. |
Su
belleza era proverbial, y, desde muy joven, atrajo miradas
codiciosas. Cuando tuvo edad de tomar marido, prácticamente
todos los príncipes de Grecia acudieron a la corte de
Tindáreo para solicitar la mano de Helena. Para que la
elección del marido de su hija no ocasionara ninguna pelea
ni fuera germen de violencia por parte de los rechazados,
les impuso a todos, siguiendo el consejo de Ulises, un
juramento por el que deberían todos ayudar a la persona
elegida por Helena si es que alguien le ofendía. Eligió
como esposo al Atrida Menelao. Poco después tuvo una hija,
que se llamó Hermíone.
Helena
fue el premio concedido a Paris por Afrodita cuando en las bodas
de Tetis y Peleo, los padres de Aquiles, la diosa Eris
lanzó una manzana con la inscripción "para la más
hermosa". Paris la raptó, y así comenzó una de
las aventuras más fascinantes de la antigüedad.
Parece
ser que el rey de Troya, Príamo, la
trató muy bien. Sin embargo, según otras versiones de la
mitología, Helena tomó parte activa en la toma
de Troya, haciendo señales a los griegos para indicar
que el caballo ya estaba dentro y llevando a los invasores
hasta la ciudadela de Troya donde estaba la estatua de Palas
Atenea, a la que llamaban el Paladion.
La
tradición más extendida es que al volver a Esparta con su
marido Menelao, se convirtió en un
dechado de virtudes domésticas. Fue divinizada y consiguió
la inmortalidad para su esposo en compensación por todo lo
que había tenido que sufrir por su culpa.
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Los
romances del Siglo XVI tienen
multitud de temas. La mayoría son
caballerescos, y tratan de los temas más
en boga en aquella época. Pero
también tratan de otros temas,
como los mitológicos. Entre ellos
están los de la Reina Helena y el del Juicio de Paris. Hay
multitud de anacronismos e
inexactitudes.
|
ROMANCE DE LA REINA
HELENA |
|
"Reina
Helena, reina Helena,
Dios
prospere su estado;
si
mandáis alguna cosa
veisme
aquí a vuestro mandado."
5
"Bien vengades vos, Paris,
Paris
el enamorado.
Paris,
¿dónde vais camino,
dónde
tenéis vuestro trato?"
"Por
la mar ando, señora,
10
hecho un terrible corsario.
Traigo
un navío muy rico, de plata y oro cargado,
llévolo
a presentar
a ese
buen rey castellano."
15
Respondiérale la Reina,
de esta
suerte le ha hablado:
"Tal
navío como aquése
razón
era de mirarlo."
Respondiérale
Paris,
20
muy cortés y mesurado:
"El
navío y yo, señora,
somos
vuestro mandado."
"Gran
placer tengo, Paris,
cómo
venís bien criado."
25
"Vayádselo a ver, señora,
veréis
cómo va cargado."
"Pláceme",
dijo la Reina,
"por
hacer vuestro mandado."
Con
trescientas de sus damas
30
a la mar se había llegado.
Echó
la compuerta Paris
hasta
que hubieron entrado:
desque
todos fueron dentro
bien
oiréis lo que ha mandado:
|
35
"¡Alcen áncoras, tiendan velas!"
y a la
reina se ha llevado.
Lunes
era, caballeros,
lunes
fuerte y aciago,
cuando
entró por la sala
40
aquese rey Menelao,
mesándose
las sus barbas
fuertemente
sospirando,
sus
ojos tornados fuentes,
de la
su boca hablando:
45
"Reina Helena, reina Helena,
¿quién
de mí os ha apartado?
Aquese
traidor Paris
el
señor de los troyanos
con las
sus palabras falsas
50
malamente os ha engañado."
¡Cuán
bien se lo consolaba
Don Agamenón
su hermano:
"No
lloredes vos, el Rey,
no
hagades tan gran llanto,
55
que llorar y sollozar
a las
mujeres es dado:
a un
tal Rey como vos
con el
espada en la mano;
Yo os
ayudaré, señor,
60
con treinta mil de a caballo,
yo
seré capitán de ellos
y los
iré ordenando,
por las
tierra donde fuere
iré hiriendo y matando,
65
la villa que se me diere
haréla
yo derribar,
y la
que tomare por armas
esa
sembraré de sal;
mataré
las criaturas
|
70
y cuantos en ella están,
y de
esta manera iremos
hasta
el Troya allegar."
"Buen
consejo es ése, hermano,
y así
lo quiero tomar."
75
Ya se sale el buen Rey
por la
ciudad a pasear,
con
trompetas y añafiles
comienzan
a pregonar:
"¡Quien
quisiere ganar sueldo
80
de grado se lo darán!"
Tanta
viene de la gente
que era
cosa de espantar,
arman
naos y galeras,
comienzanse
de embarcar;
85
Agamenón los guiaba,
todos
van a su mandar,
por las
tierras donde iban
van
haciendo mucho mal, andando noches y días
90
a Troya van a llegar.
Los
troyanos que lo saben,
las
puertas mandan cerrar;
Agamenón
que esto vido
mandó
apercibir su real,
95
pone en orden su gente
como
había de estar.
Los
troyanos eran muchos,
bien
reparan su ciudad.
Otro
día de mañana
100
la comienzan a escalar,
derriban
el primer paño,
de
dentro quieren entrar,
si no
fuera por Don Héctor
que
allí se fue a hallar;
|
105
con él estaba Troilo
y el
esforzado Picar,
Paris
esfuerza su gente
que
empiezan de desmayar,
las
voces eran tan grandes
110
que al cielo quieren llegar.
Matan
tantos de los griegos
que no
lo saben contar.
Más
venían de otra parte
que no
hay cuento ni par;
115
entrado se han por Troya,
ya la
empiezan de robar,
prenden
al Rey y a la Reina
y al
esforzado Picar,
matan a
Troilo y a Héctor
120
sin ninguna piedad,
y al
gran duque de Troya
ponen
en captividad,
y sacan
a la reina Helena
pónenla
en su libertad.
125
Todos le besan las manos
como a
reina natural.
Preso
llevan a Paris
con
mucha riguridad;
tres
Pascuas que hay en el año
130
le sacan a ajusticiar,
sácanle
ambos los ojos,
los
ojos de su faz,
córtanle
el pie del estribo,
la mano
del gavilán,
135
treinta quintales de hierros
a sus
pies mandan echar
y el
agua hasta la cinta
porque
pierda el cabalgar.
|
Busca
los términos que no entiendas para conocer su
significado. Así mismo haz una relación de los
nombres propios para saber si son términos
geográficos, o si se refieren a personas o a
dioses.
Vemos
que en este romance no hace ni mención a la caída
de Troya tal como nos la cuentan los poetas griegos
y romanos, ni a otros personajes importantes como
Aquiles o Ulises entre los griegos, y Príamo,
Casandra o Eneas entre los troyanos.
|
|
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1.- LA MANZANA
DE LA DISCORDIA O EL JUICIO DE PARIS |

El
mortal Peleo, descendiente de Zeus, estaba prometido con la
diosa Tetis, de la familia del dios Océano. Iban a casarse,
y a las bodas estaban invitados todos los habitantes del
Olimpo, es decir, todos los dioses y héroes. Estaban la
diosa Hera, a la que los romanos más tarde llamarán Juno;
Atenea, la Minerva de los romanos; y Afrodita, que será
invocada por los romanos con el nombre de Venus.
Aunque
los dioses eran inmortales, tenían las mismas pasiones que
los hombres: amaban y odiaban, se recreaban con la belleza y
sufrían con la fealdad, tenían celos de los otros dioses,
e, incluso, de algún mortal. Por eso no es de extrañar lo
que pasó en el banquete de esta ceremonia nupcial.
La
diosa Eris (la Discordia) no había sido invitada y no pudo
contener su indignación. Haciendo honor a su nombre se
propuso meter cizaña entre los dioses del Olimpo. Se
acercó al lugar del banquete y arrojó en medio una manzana
de oro en la que se podía leer esta inscripción: "para
la más hermosa". La pelea estaba entre las tres
diosas que se creían las más bellas de todas las
inmortales: Afrodita, Hera, y Atenea. Por eso hacía falta
un árbitro, un juez que pudiera dirimir la cuestión.
Zeus
ordenó al dios Hermes (Mercurio), el mensajero de los
dioses, que condujera a todas las litigantes al monte Ida,
que era el lugar de pastoreo de un pastor un tanto especial:
tenía fama de guapo por toda la comarca, y, como se puede
ver, también la tenía en el cielo entre los dioses. Ese
pastor se llamaba Paris y era hijo del
rey de Troya, Príamo. Paris había
sido expulsado de su casa nada más nacer porque habían
vaticinado cosas horribles acerca de él. Se libró de la
muerte porque su madre, en vez de matarlo como había
ordenado el padre, lo dejó a merced de quien quisiera
compadecerse de él y fue recogido por unos pastores. Por
eso ejerció después el oficio de pastor.
Las
tres diosas trataron de sobornar al que había sido nombrado
árbitro del litigio. Hera le ofreció el imperio terrestre,
el mando sobre una gran parte de la tierra con todos los
poderes de los reyes. Atenea, diosa guerrera, le quiso
atraer a su causa con la promesa de la victoria en todos los
combates en los que participase, cosa no desdeñable en
aquella época en que todos los pleitos se resolvían por
medio de peleas. Afrodita fue la más certera en su
ofrecimiento, pues le aseguró el amor de la mujer más
bella de la tierra.
Paris
hizo caso a Afrodita y resolvió el caso fallando a su favor. No quedó aquí el ofrecimiento de la diosa, ya que,
con su ayuda, hizo el viaje a Esparta, donde vivía la mujer
prometida por ella, que no era otra que la bella Helena,
esposa de Menelao, hijo de Atreo, rey
de Micenas. También le ayudó a escaparse con la mujer y
preparó el terreno en Troya para que fueran bien recibidos
a su llegada, a pesar de que éste fue el origen de la
guerra de Troya y de la destrucción de la ciudad por los
griegos.
|
Por
una linda espesura
de
arboleda muy florida, donde corren
muchas fuentes
de
agua clara muy lucida,
5
un
río caudal la cerca
que
nace dentro de Turquía,
en
las tierras del Soldán
y
las del gran can Suría;
mil
y quinientos molinos
10 que
dél muelen, noche y día,
quinientos
muelen canela
y
quinientos perla fina,
y
quinientos muelen trigo
para
sustentar la vida.
15
Todos
eran del gran rey
que
a los reyes precedía,
padre
del buen caballero,
orden
de caballería,
del
esforzado don Héctor
20
que
a los griegos destruía.
En
medio desta arboleda
el
infante Paris dormía;
el
arco tiene colgado
de
una murta muy florida,
25
y
el aljaba de los tiros
por
cabecera tenía.
Era
por el mes de mayo,
que
los calores hacía;
por
el suelo muchas flores,
30
mucha
fina clavellina,
de
lirios y rosas frescas
que
eran grande maravilla;
el
ruiseñor cantaba
con
muy dulce melodía;
35
cantaban
mil pajaricos,
todos con grande
armonía;
y
estando así el infante,
que
el sueño más le vencía,
dormiendo
soñaba un sueño
40
de
una visión que veía,
de
tres damas, las más lindas
que
en todo el mundo había;
vestidas
de oro y de seda,
perlas
y gran pedrería;
45
los
joyeles que llevaban
no
tienen par ni valía;
|
rubios
cabellos tendidos
que
un sutil velo cubría.
Y
estando así dormiendo,
50
que
de sí nada sabía,
cuando
estas lindas damas
cada
cual bien lo servía:
la
una le peina el cabello,
la
otra aire le hacía,
55
la
otra le coge el sudor
que
de su rostro salía.
Recuerda
el infante Paris,
no
sabiendo si dormía,
mas
ya en sí acordado,
60
con
espanto que tenía,
y
en ver tan alta visión
doblado
esfuerzo tenía,
palabras
está diciendo,
de
aquesta suerte decía:
65
"¡Oh,
Dios, y qué lindas damas!
¡Qué
linda filosomía!
Bien
parecen estos gestos
ser
damas de gran valía.
Decidme
si sois hermanas,
70
o
si sois cosa divina,
o
si sois encantamiento,
o
buena ventura mía;
decid
si puedo serviros
con
las fuerzas y la vida;
75
aventuraré
mi cuerpo
en
batallas noche y día,
porque
el día en que naciera
grandes
cosas se decían
en
las cortes de mi padre,
80
que
grandes sabios había,
y
aun la infanta mi hermana,
que
leía en astrología,
dixo
que en esta arboleda,
dentro
en esta pradería,
85
me
vernía una aventura
por
donde me perdería.
Mas
aunque sepa morir,
de
servir no cansaría,
que
en los buenos caballeros
90
mal
está la cobardía."
Convidábanse
las reinas
cuál
primero hablaría:
|
habló
primero la Palas
una
razón bien sabida:
95
"A
vos, el infante Paris,
escuchadme
por mi vida,
pues
que sois tal caballero
digno
en la sabiduría,
estad
con ojos abiertos,
100
despertad
la fantasía,
porque
estas reinas y yo
venimos
en gran porfía
de
cuál era más hermosa,
de
cuál era más garrida.
105
Paris,
si juzgáis por mí,
aqueste
don os daría:
daros
he ventura en armas,
dicha
en caballería,
vencerás
cualquier batalla
110
aunque
tengas demasía."
Luego
que acabó la Palas
habló
Junia; así decía:
"A
vos, esforzado Paris,
oiga
vuestra señoría;
115
caballero sois en armas
que
en el mundo otro no había,
persona
tan justiciera
porque
se alegra mi vida,
que
sé que no quitaréis
120
aquello que yo merecía;
y si me
dais este don,
yo a
vos otra daría:
daros
he muchos dineros,
más
que ningún rey tenía,
125
sobre todo los señores
siempre
habréis la señoría."
Hablado
que había Junia,
Venus
luego que venía
de
ropas verdes vestida,
130
un arco al cuello traía;
hablaba
luego a Paris,
que
delante le tenía:
"A
vos el príncipe Paris,
hijo
del rey desta isla,
135
hijo sois del mejor rey
que en
todo el mundo había,
hermano
del caballero
que don
Héctor se decía.
|
Yo
sé que fuerza ni miedo
140
no os harán torcer la vía,
por do
espero que mi derecho,
Paris,
no se perdería;
en
vuestras manos, señor,
encomiendo
la honra mía;
145
y si juzgáis, Paris, por mí,
por
empresa te daría
esta
saeta de amor
que
llegando luego hería;
darte
he la más linda dama
que en
el mundo otra no había,
y,
Paris, sobre las otras
siempre
habrás la señoría."
Don
Paris, desque se vido
metido
en gran porfía,
155
hablando muy reposado
estas
palabras decía:
"Suplico
a vuestras altezas:
desnudas
veros querría,
que ya
he visto lo público,
160
el secreto ver querría,
porque
yo pueda juzgar
y
absolver vuestra porfía."
Todas
juntas a la par
se
desnudan en camisa.
165
Juzgara el infante Paris,
desta
manera decía:
"Que
en gala y discreción,
hermosura
y cortesía
y en
todo lo demás,
170
y a lo que a él le parecía,
juzga
que la diosa Venus
llevase
la mejoría.
Luego
Palas y la Junia
empiezan
hacer su vía;
175
métense por un boscaje,
por una
gran pradería,
estas
palabras diciendo,
ambas
juntas a porfía:
"¡Paris,
y cuán mal mirastes,
180 mal
mirastes la honra mía!
Pudiérades
tomar provecho
y
escogistes la perdida:
Yo os
haré morir en batalla
que
será de gran valía
|
|
Busca
los términos que no entiendas para conocer su
significado. Así mismo haz una relación de los
nombre propios para saber si son términos
geográficos, o si se refieren a personas o a
dioses.
|
|
Cerca
de Saldaña, que está en la provincia de Palencia, se
encontró en 1966 la "villa - domus" tardorromana
de "La Olmeda". Se trata de una gran
construcción cuadrada de dos pisos y con cuatro torres, una
en cada ángulo; las de la fachada sur son octogonales, y
las de la fachada norte, cuadrangulares. Es posible que se
tratase del centro de una gran explotación agraria, pero
también, por su forma y disposición, podría haber sido la
mansión de algún personaje acomodado e, incluso,
importante. Es de principios del siglo IV d. C., y se dice
que la habitó el emperador Teodosio el Grande, que era
natural de Cauca (Coca, Segovia).
|
Su
"oecus", que era la habitación más
importante de la casa, conserva en muy buen estado el mosaico de mayor extensión encontrado en la Península
Ibérica, ya que mide 18 metros de largo por 10 de ancho,
aproximadamente, con una superficie cercana a los 180 metros
cuadrados. Además es uno de los mosaicos más
espectaculares.
En
el centro aparece la escena que cuenta cuando Ulises
descubrió a Aquiles disfrazado
de mujer en el palacio de Lykomedes, rey de la isla de
Skyros.
La leyenda de la que quiere informar es
la siguiente: Tetis, madre de Aquiles, había recibido la
profecía de que su hijo sería herido de muerte en la guerra
que los griegos iban a llevar a cabo contra la ciudad de
Troya. Por eso quiso quitarlo de en medio, para que no lo
encontraran y pudiera vivir una vida tranquila y en buena
compañía
Así,
lo disfrazó de mujer, le puso el nombre de Pirra (en
griego purroV,
que se lee pürrós
significa rojizo) porque era pelirrojo. El mejor
sitio donde podía esconderlo era entre mujeres, adonde no
se les ocurriría ir a buscarlo a los otros reyes griegos,
tales como Agamenón, Menelao
o Ulises.
|
 |
El
rey de la isla de Skyros, Lykomedes, tenía varias hijas, y
con ellas viviría. Una de ellas, tal vez la más despierta,
Deidamía, se dio cuenta de que Pirra no era una mujer, sino
un apuesto joven, y se prendó de él. Se veían a
escondidas, y de sus relaciones nació un hijo que tenía el
sello inconfundible de Aquiles: también era pelirrojo. El
nombre que le pusieron fue el de Pirro, aunque también se
le conoce con el nombre de Neoptolemo.
Sin
embargo, la estancia de Aquiles en Skyros seguía pasando
desapercibida para todos los demás habitantes de la isla. A
pesar de todo el secreto con que se llevó este asunto,
Ulises se enteró de dónde estaba Aquiles, y concibió una
estratagema para conseguir que acudiera a la guerra de Troya,
ya que los oráculos habían predicho que no se vencería
sin la colaboración de Aquiles, pues sería el griego que
mataría al troyano Héctor, hijo del
rey de Troya y general en jefe de los ejércitos troyanos.
Ulises,
pues, se disfrazó de vendedor ambulante que recorría las
cortes de los reyes de Grecia, y llegó también al reino de
Lykomedes, ya que sabía que allí estaba Aquiles. Llevaba
para vender muchos objetos propios de mujeres, que abundaban
en la familia del rey. Todos, incluyendo a Pirra, estaban
admirando las telas y los objetos de decoración, cuando,
como sin querer, Ulises dejó entrever otras cosas que
tenía un poco más escondidas, que eran armas, espadas,
escudos, arcos, flechas. Al mismo tiempo mandó que alguien
tocara la trompeta, interpretando una marcha militar.
Aquiles
no se dio cuenta de que era una trampa para descubrirlo y no
pudo contenerse ante la vista de las armas y el sonido de la
trompeta que llamaba a la guerra. En ese momento fue
reconocido por todos.
Una
vez que lo hubo descubierto, Ulises tuvo que sacar todo su
bagaje de argumentos persuasivos para que Aquiles aceptara
acompañarlo a la guerra de Troya. Pero Ulises era una
persona que tenía argumentos para todo, no en vano le
llamaban "fecundo en ardides", y consiguió
convencerlo. Así que se lo llevó con él a la guerra de
Troya.
|
|
Cuando
una persona tiene un defecto o una debilidad en alguna parte
de su cuerpo o en su comportamiento, se le dice que ahí
tiene su "talón de Aquiles", en recuerdo de
la única parte del cuerpo del héroe Aquiles en que era
posible herirlo. También se dice "el tendón de
Aquiles".
|
 |
Su
madre, la diosa Tetis, quería que fuera inmortal, y para
eso lo sumergió en las aguas de la laguna Estigia, que
separaba el reino de los vivos del de los muertos, y todas
las almas de los que morían tenían que atravesarla en una
barca pilotada por Caronte, el barquero de los dioses.
Cuando moría una persona, los familiares introducían en su
boca una moneda, el óbolo, que le iba a servir para pagar
al barquero el pasaje que le transportaba del reino de los
vivos al de los muertos. Las aguas de la laguna Estigia
tenían la propiedad de volver invulnerable a todo el que se
bañase en ellas. Tetis sumergió a Aquiles
en esas aguas cuando todavía era un niño y lo volvió
invulnerable. Pero tuvo que sostenerlo de alguna parte, y
esa parte fue el talón de su pie derecho, que dejó fuera
del agua, con lo que en ese sitio no era invulnerable como
el resto de su cuerpo. |
Precisamente
ese sería su "talón de Aquiles", ya
que por ese lugar de su cuerpo será por donde será herido
más tarde por una flecha disparada por el troyano Paris
y dirigida por el dios Apolo que le produjo la muerte.
|
|
|