| V.- HISTORIA DE LA LENGUA EN ESPAÑA |
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CULTURA I |
El año 550 a. C. los Cartagineses pusieron guarniciones en el litoral español para ayudar a los Fenicios contra los Tartesios. No se contentaron con esto, y sometieron a los Iberos, apoderándose de la costa Mediterránea. Llegaron hasta Cádiz y expulsaron a los Fenicios (501 a. C.) Los Iberos eran habituales mercenarios en los ejércitos cartagineses, y así lucharon en Sicilia (480 a. C.), en la guerra contra Selinonte (410 a. C.), y en otras guerras contra los territorios más meridionales de Italia y Sicilia. Los honderos baleares se distinguieron en la guerra contra Agatocles y en la batalla de Himera (350? a. C.) en la que salvaron con su valor al ejército Cartaginés. El año 248 a. C., los Cartagineses hicieron el primer tratado con los Romanos, en el que se ponía un cierto freno a la ocupación cartaginesa en la Península Ibérica. Durante la primera guerra Púnica que enfrentó a Romanos y Cartagineses (264 - 241 a. C.), los Iberos participaron en el ejército cartaginés. Al perder la guerra, los Cartagineses perdieron también sus posesiones en Iberia como indemnización por la pérdida de Sicilia en favor de Roma. Más tarde, Amílcar Barca tuvo que conquistarlas de nuevo. Amílcar sometió a muchos pueblos del sur y del este peninsular, y se encontró con la resistencia de los Iberos, que, con sus jefes Istolacio e Indortes, le plantaron cara. Los Iberos fueron castigados con dureza y sus jefes, crucificados. Sin embargo Amílcar se atrajo a los Iberos y logró su alianza. Los Romanos sospecharon que esta alianza iba a servir para rearmar a los Cartagineses contra Roma, y el año 231 a. C., enviaron una embajada para enterarse de las maniobras de Amílcar, y para recordarle sus obligaciones resultantes de haber perdido la guerra. El año 229 a. C., Amílcar pereció en la lucha que mantuvo contra los Orisos, cuyo jefe, Orisón, con la estratagema de los toros con haces ardiendo en sus cuernos, hizo huir a los Cartagineses. A Amílcar le sucedió Asdrúbal, y, después de vengarle, siguió una política de acercamiento y de expansión territorial. Sus dominios por el interior de la Península llegaban cerca del río Ebro. Los Romanos, preocupados por esta expansión, enviaron otra embajada el año 226 a. C., en la que aceptaban que los Cartagineses ocuparan los territorios al sur de dicho río, con tal que no lo atravesaran con intenciones guerreras. El dominio cartaginés se extendió por todo el litoral mediterráneo hasta la desembocadura del Ebro, y, entre las fundaciones más importantes se cuenta Carthago Nova (Cartagena). Asdrúbal fue asesinado el año 221 a. C., y el ejército proclamó a Aníbal, que sólo tenía 25 años, general en jefe. Aníbal sometió a todos los pueblos de la Península, incluso a los Helmánticos de Salamanca, con lo que al sur del Ebro, sólo quedaba por someter Sagunto. En esta ciudad había un partido pro-romano y otro pro-cartaginés. Aníbal había pensado apoderarse de la ciudad, ya que estaba dentro de su zona de influencia. La ciudad, por otra parte, había pedido ayuda a los Romanos. Los Cartagineses querían apoderarse de la ciudad aprovechando las disensiones entre los Saguntinos y los Turboletas, alentadas por Aníbal. Los Saguntinos eligieron a los Romanos como árbitros, que advirtieron a Aníbal que no se metiera en los asuntos de Sagunto. Esta injerencia de Roma hizo que Aníbal solicitase permiso a Cartago para atacar la ciudad, lo que hizo en el año 219 a. C. Roma no envió auxilio, y los Saguntinos solicitaron la paz. Las condiciones eran tan duras que los Saguntinos no las aceptaron. Los sitiadores atacaron y lograron, después de ocho meses de asedio, apoderarse de la ciudad. Los Saguntinos se defendieron con gran valentía
Tras este incidente (la guerra de Sagunto), estalló la 2ª Guerra Púnica entre los Romanos y los Cartagineses. Aníbal quiso llevar la guerra a Italia (218 a.C.). En las filas cartaginesas había soldados Iberos y honderos Baleares. Mientras Aníbal estaba en Italia, Asdrúbal, su hermano, quedó en Hispania, y aquí enviaron los Romanos a Publio Escipión (218 a.C.), pero fue dispersado por Asdrúbal en un primer encuentro. El año 217 a.C. los Romanos lograron vencer a Asdrúbal, y Escipión acampó cerca de Sagunto. En los años siguientes continuaron las hostilidades entre Romanos y Cartagineses, que no fueron ajenas a los acontecimientos que se estaban desarrollando en Italia. Escipión aprovechó la enemistad entre Cartagineses e Iberos para atraerse a éstos a su órbita de influencia, y atacó Cartagena (209 a.C.) y se apoderó de ella. derrotó a los restos de los Cartagineses y siguió avanzando por el interior, anexionando territorios. En esta época fue fundada Itálica, cerca de Sevilla, colonia romana de veteranos. Según Apiano,
Escipión, una vez vencidos los Cartagineses, tuvo que enfrentarse a las rebeliones de los Iberos, que, acaudillados por Indíbil y Mandonio, se enfrentaban a unos libertadores, que, en su afán de conquistar, habían sustituido a los cartagineses. También en la batalla de Zama que puso fin a la 2ª Guerra Púnica, lucharon soldados Iberos y honderos Baleares, pereciendo casi todos (201 a.C.) Con estos episodios da comienzo la influencia militar, política, cultural y lingüística de Roma en la Península Ibérica.
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Aníbal fue enviado a Hispania para que aprendiera el arte militar junto a su cuñado Asdrúbal. Éste había sucedido al padre de Aníbal, Amílcar Barca, que había restablecido el dominio militar de los Cartagineses en Hispania después de que los Romanos les hubieran derrotado en la Primera Guerra Púnica. Amílcar había hecho un tratado con los Romanos: el río Ebro iba a ser la frontera del dominio de los dos pueblos en Hispania. El norte del Ebro quedaría bajo influencia romana y el sur, cartaginesa. Aníbal es la figura de los Cartagineses en la Segunda Guerra Púnica, que los enfrentó a los Romanos. Según Cornelio Nepote, historiador romano, no ha habido otro general como Aníbal. Siempre que se enfrentó a los Romanos salió vencedor. Fue necesario que le traicionaran sus compatriotas para poder acabar con él. Siempre se distinguió por su odio a los Romanos: era como si lo hubiera mamado. Estaba dispuesto a morir antes que dejar de odiar a los Romanos. Tito Livio hace un espléndido retrato de Aníbal. En cuanto llegó a Hispania se metió a todo el ejército en un puño, tanto a los generales como a los soldados. Todos creían que había vuelto Amílcar, su padre, pues era su vivo retrato, tanto en lo físico como en lo moral: tenía la misma viveza en el rostro y la misma energía en los ojos. Pero en muy poco tiempo consiguió que se olvidaran de que se parecía a su padre y que le estimaran por él mismo. Tuvo una habilidad especial en conciliar dos actividades muy diferentes, como son obedecer y mandar. Por eso no se sabría decir si tenía mejor prensa entre los mandos o entre los soldados: Asdrúbal no quería poner a otro al frente de los destacamentos o patrullas cuando había que llevar a cabo una acción particularmente difícil o arriesgada; ni los soldados querían otro jefe diferente: con él iban más confiados y tenían más valentía. Pues en el momento de arrostrar un peligro, allí iba el primero; pero no lo hacía sin prudencia ni serenidad. Tenía una resistencia fuera de lo común: parecía sobrehumano, porque no se cansaba nunca y su espíritu tenía el ánimo del vencedor. Soportaba de la misma forma el calor que l frío. Sólo comía y bebía cuando tenía necesidad, no por gula o placer. Para dormir, le daba lo mismo el día que la noche: sólo dedicaba al descanso el tiempo que le sobraba después de llevar a cabo las misiones que le habían encomendado. Y cuando se echaba a descansar no le molestaban ni los ruidos ni la dureza del suelo. En muchas ocasiones le vieron tumbado en el suelo cubierto sólo con su capa en medio de los puestos de guardia, en las avanzadillas. No destacaba sobre los demás en cuanto a su atuendo: sólo en sus armas y en su caballo, que los cuidaba con esmero, y por eso parecían mejores. Era con mucho el primero y el mejor, tanto de los soldados de infantería como de los de caballería. Iba el primero al combate y era el último en dejarlo cuando había terminado. Sin embargo entre tantas virtudes aparecían también enormes vicios: tenía una crueldad inhumana, una doblez y una perfidia por encima de lo que es propio a los Cartagineses. (Hay que tener en cuenta que Tito Livio era romano y tenían a los Cartagineses como el modelo de la traición y del desprecio a la palabra dada. Pues Aníbal cumplía todo esto, pero, según el autor, en demasía). No tenía ningún respeto por la verdad ni por lo sagrado, ni ningún miedo a los dioses; no se sentía ligado por ningún juramento ni a ninguna religión. Con todo este bagaje de virtudes y vicios hizo méritos durante tres años bajo el mando de Asdrúbal y no pasó por alto cualquier cosa que le capacitase para ser un gran general en el futuro.
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Los Cartagineses pusieron sitio a Sagunto. Aunque era una ciudad que estaba al sur del río Ebro, y, por tanto, bajo la influencia cartaginesa, los Romanos habían hecho un tratado preferencial con ella. Por eso, los Cartagineses la sitiaron. Entonces los Saguntinos pidieron ayuda a Roma. Allí deliberaron sobre ello y no llegaron a ninguna conclusión. Mientras tanto en Sagunto se luchaba con extremada violencia. Era una ciudad estratégica al sur del río Ebro, cerca del mar. Tenía muchos habitantes y mucha riqueza, porque los Saguntinos vivían con arreglo a unos principios sociales que mantuvieron aun a costa de su destrucción. Aníbal primero arrasó los campos de alrededor, y después atacó la ciudad por tres sitios a la vez. Sagunto tenía las defensas organizadas de forma que la parte por la que se preveía el ataque, estaba más protegida y allí habían construido una torre. Además en esa zona la juventud se oponía con más fuerza al ataque de los Cartagineses. Incluso hacía salidas de vez en cuando sin orden ni concierto que desorientaban a los Cartagineses. En una de estas salidas el mismo Aníbal fue herido en un muslo por un venablo, y los Cartagineses, al ver herido a su jefe, casi se retiraron del todo, abandonando las obras de asedio. Al principio la pelea estuvo indecisa. Los Saguntinos mantenían su esperanza, mientras que los Cartagineses ya se consideraban vencidos porque no vencían con la facilidad con la que habían pensado hacerlo. Los sitiados hacían salidas inesperadas que obligaban a los sitiadores a emprender la huida. La guerra continuaba con distintas alternativas, pero pronto se vio que los defensores tenían las de perder por muy valientemente que se portaran. La maquinaria de guerra cartaginesa, además de la gran cantidad de sitiadores fue poco a poco acabando con las fuerzas y los soldados de los defensores. La guerra se reinició con más violencia, ya que Aníbal puso en acción toda la maquinaria al mismo tiempo: el ejército de infantería, las galerías y minas, los arietes. Se dice que había 150.000 hombres. Los defensores se multiplicaban pero no daban abasto para detener a los asaltantes. Ya la ciudad estaba casi en ruinas y los Cartagineses creían que ya estaba conquistada; pero en ese momento los Saguntinos lanzaron un ataque a la desesperada, como el que se suele tener cuando alguien defiende sus últimos reductos: casa por casa y calle por calle. No había espacio para un ejército organizado. De esta forma los Saguntinos aguantaban y echaban de la ciudad a los Cartagineses, lo que producía desesperación en ellos, mientras que los defensores cobraban nuevas esperanzas. Los Cartagineses estaban convencidos de que si se esforzaban un poco conseguirían apoderarse de la ciudad, pero los Saguntinos oponían una resistencia desusada: no podían retirarse, y reponían las murallas con los cuerpos de los caídos. Luchaban cuerpo a cuerpo, tan cerca unos de otros que apenas podían usar las armas. Los Saguntinos todavía usaron un procedimiento que les dio cierto respiro. Usaban una especie de lanza, la "falarica", que era de madera, con la punta de hierro. A ésta la cubrían con estopa mezclada con pez, lo que la hacía inflamable, y la prendían fuego. El hierro de esta lanza tenía tres pies de largo, para que pudiera atravesar fácilmente el cuerpo del enemigo, pero, aun cuando se quedaba clavada en el escudo, producía el espanto de los Cartagineses, porque, como estaba encendida la estopa, el fuego se propagaba por la madera. El cartaginés, para no quemarse, no tenía otro remedio que despojarse de sus armas y huir desnudo, lo que le hacía más vulnerable a los golpes de los perseguidores. Dos personas se decidieron a tratar las condiciones de paz con Aníbal. Uno era saguntino y se llamaba Alcón. El otro era Alorco, un hispano que tenía cierta amistad con los Cartagineses. Alcón fue a tratar con Aníbal las condiciones de paz sin que lo supieran los Saguntinos. Las condiciones eran draconianas: Los Saguntinos tenían que abandonar la ciudad sólo con lo puesto, dejando tras de sí todo lo que tenían, si es que querían conservar la vida. Alcón pensó que si volvía con esta misiva a los Saguntinos éstos le darían muerte, y por eso se convirtió en desertor y se quedó con Aníbal. Entonces Alorco se ofreció a ser el mensajero de las condiciones de paz. Llegó a Sagunto, y, rodeado por la población, dijo: - Vuestro mensajero se ha quedado con Aníbal, y por eso vengo yo a deciros que hay posibilidades de paz y salvación para vosotros. Mientras teníais esperanzas de la ayuda romana yo no quise intervenir; pero ahora no os queda otra solución que poneros en manos de Aníbal. Si no aceptáis va a ser peor, porque el Cartaginés entrará por la fuerza y no dejará títere con cabeza. Si sacáis algo, eso que tenéis; si no, lo perderéis todo. Dice Aníbal que salgáis de la ciudad, que, por otra parte, está casi toda destruida, y que él ya os dirá dónde podéis edificar una nueva. Tenéis que entregarle todo el oro y la plata, tanto lo público como lo particular. No os matará, ni a vosotros ni a vuestras mujeres ni a vuestros hijos, pero tenéis que salir de la ciudad sin armas y, como máximo, con un vestido de recambio. Estas condiciones son duras, pero no os queda otra alternativa. Pienso que esto es mejor que ver cómo vosotros mismos con vuestras mujeres e hijos sois apresados, sometidos a tormento, violados y, por último, matados. La multitud quedó estupefacta. De repente los gobernantes de la ciudad y el senado en pleno trajeron a la plaza todas las riquezas, hicieron un montón y lo prendieron fuego. Luego se echaron ellos mismos a la pira. Ésta fue la respuesta que dieron. En ese momento entró Aníbal con los suyos y cogió desprevenida a la población. Dio la orden de que todos los jóvenes en edad militar fueran pasados a cuchillo. Sin embargo quedaban pocos, porque la mayoría prefirió meterse en sus casas con sus mujeres e hijos y prenderlas fuego; otros se lanzaron contra las tropas enemigas de tal forma que la orden apenas si se pudo cumplir. A pesar de todo los Cartagineses lograron un gran botín, ya que de la venta de lo que pudieron salvar sacaron bastante dinero.
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Fue un cuestor romano que perteneció al partido de Mario, que se hizo nombre en la lucha en la que enfrentó al pueblo romano entre los años 107 y 102 a. C. contra los Cimbrios y Teutones en la Galia Cisalpina, teniendo a Mario como cónsul y general en jefe. Había nacido en la Sabinia, en la población de Nursia en el año 124 a. C. En el 83 a. C. fue nombrado legado en la Hispania Citerior, donde le encontró la victoria de Sila sobre Mario. Aquí ayudó a los Hispanos en sus escaramuzas contra los Romanos, pues los movimientos de liberación no habían dejado de existir a pesar de los desastres de Viriato y Numancia. Logró reunir un ejército de 9.000 hombres, con los que se enfrentó a Sila, pensando que era el continuador de la legalidad republicana, representada por Mario y sus seguidores. Fue derrotado y tuvo que emigrar a África. Allí, perseguido, llevó una vida aventurera. Volvió a Hispania en el 80 a. C. llamado por los Lusitanos; reunió un ejército y venció en repetidas ocasiones a los Romanos, amparándose sobre todo en la guerra de guerrillas: les mantuvo en jaque, y logró que se retiraran. Este fue el motivo de que viniera a Hispania Q. Cecilio Metelo Pio, colega de Sila en el consulado. No consiguió aplastar la revuelta, que se extendió casi a toda la Hispania al sur del río Ebro. El año 77 a.C., quedó Sertorio dueño de la mayor parte de Hispania: la dividió en dos provincias: Celtiberia y Lusitania, y la organizó social, política y administrativamente a la manera romana, llegando a crear un estado émulo de Roma, que le sirviera de apoyo y catapulta para apoderarse de Roma. Se le unieron muchos proscritos con sus tropas, como Perpenna, con sus 53 cohortes. Al morir Sila (79 a.C.) el Senado Romano envió a Pompeyo el Grande como ayuda a Metelo. Al principio de esta lucha logró algunos éxitos, pero Sertorio logró vencerle casi definitivamente a orillas del Júcar. Durante esta guerra entre "Romanos", los Celtíberos iban adoptando paulatinamente las costumbres romanas. Los Hispanos se autotitulaban Romanos. El espíritu de Roma se fue infiltrando en los Celtíberos de manera que Sertorio decía que había hecho una "Roma Hispana". Pompeyo, mientras tanto, pidió refuerzos al Senado, y, más seguro de sí, comenzó a atraerse a las distintas poblaciones (73 - 74 a.C.). Para evitar las deserciones, Sertorio utilizó métodos violentos. Sus mismos amigos con Perpenna al frente, le asesinaron en un banquete en Osca (Huesca) (72 a.C.). Pompeyo logró pacificar rápidamente Hispania, venciendo la resistencia de algunas ciudades partidarias de Sertorio, como Calagurris (Calahorra) (71 a.C.) |
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Todas las historietas de Asterix el Galo tienen al comienzo una viñeta en que se dice:
Y pasa a contar cómo esa pequeña aldea de "galos irreductibles" traen en jaque a todos los ejércitos romanos que se atreven a enfrentarse a ellos. Esto, que es una ficción magníficamente elaborada por sus autores Uderzo y Goscinny, tiene una gran parte de verdad en los últimos veinte años antes de nuestra era. Todo el imperio gobernado por Augusto estaba en paz.
Eran poco numerosos, pero belicosos en extremo, y no dejaban tranquilas a las otras tribus de la llanura, como eran los Vacceos, que se extendían al sur de la Cordillera Cantábrica en las actuales provincias de Palencia, Valladolid y oeste de la de Burgos, cuya capital o ciudad más importante fue Segisama (Sasamón, en la provincia de Burgos); los Turmodigos y Autrigones, que también estaban establecidos al sur de la Cordillera Cantábrica, pero en zonas más orientales, como son el NE de la provincia de Burgos, Alava y la Rioja. Aprovechándose de lo abrupto del terreno hostigaban a los romanos con unas tácticas que ya había empleado Viriato siglo y medio antes, y que utilizarán en el futuro distintos grupos de españoles contra los invasores árabes y franceses: la guerra de guerrillas. Eran grupos reducidos que conocían muy bien el terreno y atacaban por sorpresa y por la retaguardia a los convoyes romanos. Esta situación de hostigamiento y derrotas de los ejércitos romanos preocupaba en gran manera a Augusto, que vino en persona a Hispania a dirigir la guerra. Puso su cuartel general en el campamento de la Legio X "Segisamo", la Segisama de los Vacceos y la Sasamón actual, en la provincia de Burgos. Parece ser que cuando puso manos a la obra logró algún resultado. Fue una ofensiva en toda regla que abarcaba prácticamente todo el territorio que se extiende desde Navarra a León. Dispuso de varios ejércitos que actuaron, uno contra la ciudad de Bérgida (Villafranca del Bierzo, León) y otro contra la plaza fuerte de Aracelio (Araquil); además, desde el mar, la escuadra romana hostigaba, de forma que se encontraban entre varios fuegos. Otro ejército persiguió a los que se refugiaron en el altísimo monte Vindio. Este monte está en los Picos de Europa, cercano al nacimiento del río Ebro. Los Cántabros decían que antes llegarían a este monte las aguas del mar que las legiones romanas. Augusto capturó prisioneros y los castigó severamente, única forma de hacerse temer por los montañeses. Pero se puso enfermo y se retiró a Tarraco (Tarragona) a pasar el invierno. Los generales que dejó al frente de la guerra no supieron o no pudieron someter a los Cántabros y Astures, de forma que, cuando Agripa, enviado por Augusto, se puso al frente, tuvo que imponer severas sanciones a los soldados, desmoralizados por una guerra tan larga como inútil. Los Astures y los Cántabros se hicieron fuertes en las montañas, particularmente en una llamada Medulo, que se encuentra al norte de la provincia de León. Hicieron un foso de 14 kilómetros para autoasediarse. Y cuando vieron que los Romanos insistían en el asedio, antes que rendirse con la perspectiva de llegar a ser esclavos, se mataron por distintos procedimientos, uno de los cuales era el veneno que sacaban de un árbol llamado tejo, que tiene como fruto unas bolitas rojas sumamente venenosas. Ellos sabían que si eran capturados y convertidos en esclavos iban a perder la libertad que tanto querían y, posiblemente, la vida en peores condiciones. Por eso no se dejaban coger. Todo esto lo supo Augusto, y volvió para dirigir el ejército. Cogió muchos prisioneros, pero eran irreductibles y armaron muchos alborotos, matando a sus captores y escapándose. De esa forma, ya sabían lo que les esperaba si volvían a ser capturados La última ofensiva se dio junto al río Esla, adonde acudió desde las montañas un numeroso ejército para coger de improviso a las legiones romanas. Sin embargo, Causio, que mandaba los ejércitos regulares romanos, fue advertido por los brigecinos. Aun así, fue una lucha muy dura por ambos bandos. Los unos luchaban por su libertad; los otros, por terminar de una vez tal empresa y dejar pacificada Hispania. Los que huyeron se refugiaron en Laucia (León), donde se continuó la pelea hasta que las legiones romanas derrotaron a los últimos reductos hispanos. A continuación se siguió con la depuración de todos los restos, cogiendo muchos prisioneros. A los que quedaron libres, después de castigarlos, les obligó a bajar a establecerse en la llanura. Augusto no celebró el triunfo de esta guerra, a pesar de que el senado de Roma se lo había concedido. Tal vez consideró que había sido más una guerra de exterminio que para conseguir la paz.
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Los Antoninos: Nerva, Trajano, Adriano, Marco Aurelio, Antonino Pío y Cómmodo (96 - 192). Esta última dinastía representa el momento más glorioso del Imperio Romano. En el interior gobernaron con justicia y equidad, con una administración concienzuda. (Trajano, según sus contemporáneos y sus sucesores, fue el mejor Emperador Romano: "optimus"). En el exterior fue también esta época la menos guerrera y durante la que el Imperio Romano alcanzó su máxima extensión: por el este se conquistó la Dacia (Rumanía), y se convirtió en provincia romana; por el oeste, casi toda la Gran Bretaña, hasta el "murus Adriani", que sólo dejaba fuera la actual Escocia. Se da la circunstancia de que casi todos los Emperadores de la dinastía de los Antoninos no eran Romanos, sino "Provinciales": Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Cómmodo nacieron o eran oriundos de Itálica (Hispania). Durante el primer siglo del Imperio, la cultura Romana llegó a su máximo esplendor, sobre todo en la época de Augusto, y los géneros literarios y artísticos alcanzaron cotas difícilmente igualables, culminando un período llamado "clásico" que ya había comenzado los últimos años de la República. Teodosio el Grande (379 - 395): nacido en Hispania, en la ciudad de Cauca (Coca, Segovia), fue el último Emperador que gobernó todo el Imperio, ya que realizó la división definitiva al repartir entre sus dos hijos todo el territorio, que le parecía excesivo para un solo gobernante: Arcadio recibió Oriente, con capital en Constantinopla, y Honorio, Occidente. Las dos partes del Imperio tuvieron diferentes vicisitudes. Los invasores Visigodos, Vándalos, Ostrogodos, Alanos, Suevos y Burgundios fueron penetrando poco a poco, hasta llegar a apoderarse de la parte occidental del Imperio y de su autoridad. El año 476, el jefe Ostrogodo Odoacro destronó al Emperador Rómulo Augústulo y envió todos los signos del imperio a Constantinopla. Con esta acción termina el Imperio Romano de Occidente. El Imperio Romano de Oriente (Imperio Bizantino) conocerá momentos de esplendor, y durará hasta la conquista de Constantinopla por los Turcos el año 1452. |
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COMPARACIÓN DE ESTRUCTURAS GRAMATICALES LATÍN - ESPAÑOL |
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