2.- ROMA ANTIGUA
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Final

Rómulo y Remo Violación y muerte de Lucrecia
La fundación de Roma Porsenna y Horacio Cocles
El rapto de las Sabinas Porsenna y Mucio Escévola
Desaparición de Rómulo Porsenna y Clelia
Horacios y Curiacios Secessio in Montem Sacrum
Hércules y Caco Los 306 Fabios

RÓMULO Y REMO

 

 

Cuando Amulio se enteró del acontecimiento, a pesar del rumor que hacía divina la estirpe de Rea Silvia, la metió en prisión, y a los gemelos que parió los quiso ahogar en las aguas del río Tíber.

 

Una de las leyendas más conocidas de la antigüedad romana es, sin duda, la de los gemelos Rómulo y Remo. Nos la cuenta Tito Livio en su libro sobre la historia de Roma que se titula "Ab Vrbe condita" "Desde la fundación de la ciudad".

Resulta que Eneas al huir de Troya, recibió la misión de fundar una nueva ciudad, que iba a ser como una segunda Troya. Para ello, después de sufrir multitud de vicisitudes y vencer a muchos enemigos, encontró un lugar cercano al río Tíber, en el centro de la península Itálica, y allí fundó la ciudad, a la que llamó con el nombre de su segunda esposa, Lavinia. Eneas había enviudado aquel mismo día de la destrucción de Troya por los Griegos.

El hijo de Eneas y de su primera mujer, se llamaba Iulo. Cuando se hizo mayor se marchó de la ciudad de su padre y fundó otra ciudad, Alba Longa, al sur del río Tíber.

Al cabo de los años correspondió el gobierno de la ciudad al hijo primogénito del rey Proca, que se llamaba Numitor. pero su hermano pequeño, Amulio, no sólo no lo aceptó, sino que lo cogió prisionero y se quedó solo con el reino. Mató a todos los hijos varones de Numitor, pero no a su hija, Rea Silvia.

Amulio temió que si ésta llegaba a tener descendencia, sus hijos le disputaran el trono, y por este motivo procuró que no los tuviera. El mejor medio de evitar la descendencia para una mujer era dedicarla a mantener vivo el fuego del hogar en el templo de las Vestales, que era una especie de convento. Las Vestales, que eran las sacerdotisas de la diosa Vesta, la diosa protectora del hogar, no se podían casar ni tener hijos durante treinta años, so pena de un severo castigo.

Aun así, no se sabe cómo, Rea Silvia quedó embarazada.

Más tarde trataron de explicar este sacrilegio de la chica, y para que no fuera tan grave, se difundió el rumor de que había sido el dios Marte el causante. De esta forma la descendencia de Rea Silvia tenía origen divino.

Cuando Amulio se enteró del acontecimiento, a pesar del rumor que hacía divina la estirpe de Rea Silvia, la metió en prisión, y a los gemelos que parió los quiso ahogar en las aguas del río Tíber.

Comienzan a darse en este momento una serie de casualidades:

Por casualidad entonces el río estaba crecido, y por casualidad, al bajar las aguas, los gemelos quedaron en seco. Lógicamente tenían hambre, y por casualidad una loba que iba a beber al río, les oyó llorar, y se desvió hasta llegar a ellos y les dio de mamar. Por casualidad, así los encontró el jefe de los pastores del rey, llamado Fáustulo, que se los llevó y se los entregó a su esposa Larentia para que los criara. Hay quien dice que Larentia era una prostituta a la que los pastores llamaban "la Loba".

Sea como fuere, los niños crecieron y fortalecieron su cuerpo y su mente en los trabajos y juegos de los pastores.

Estos muchachos eran Rómulo y Remo.

Fáustulo se había dado cuenta de que eran de estirpe real, porque había hecho números sobre el tiempo en que habían sido abandonados en el río los hijos de Rea Silvia.

Por fin se lo contó a Rómulo y a Remo. También Numitor, su abuelo, echó cuentas y llegó a la misma conclusión.

Al frente de un grupo de jóvenes, Rómulo y Remo, asaltaron el palacio, liberaron a Numitor, mataron al rey y pusieron a su abuelo en el trono.

CUESTIONES

1.- Las andanzas de Rómulo y Remo, ¿pertenecen a la historia o a la leyenda?

2.- ¿En qué época de la prehistoria sucedieron estos acontecimientos?

3.- Señala en un mapa de Italia los nombre geográficos que aparecen en el relato.

4.- ¿Quiénes eran las Vestales?

5.- ¿Sabes qué es la “Loba Capitolina”? ¿Cuándo se hizo? Descríbela. ¿Por qué está como símbolo de Roma?

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LA FUNDACIÓN DE ROMA

 

Esta actuación de Remo enfureció a Rómulo, porque veía que se estaba burlando de él, y que su autoridad quedaba por los suelos. Lleno de ira se acercó a Remo y lo atravesó con su espada al mismo tiempo que decía la frase para la historia:

"Así haré en adelante con cualquiera que salte mis murallas"

 

Después de que Rómulo y Remo repusieron en el trono de Alba Longa a su abuelo Numitor, desearon ser independientes, y concibieron la idea de fundar una ciudad en el mismo lugar donde habían sido amamantados por la loba.

Además la población había aumentado demasiado, incluso los pastores se añadían a los habitantes, y tanto Lavinia como Alba Longa se habían quedado pequeñas. Por eso no era descabellado buscar un lugar para una nueva ciudad.

 La primera dificultad se originó porque querían mandar los dos, Rómulo y Remo, y no había manera de saber quién era el mayor, ya que eran gemelos.

La solución la buscaron en los dioses: harían sacrificios a las divinidades protectoras del lugar. Ellas, por medio de señales que indicaran su voluntad (lo que nosotros llamamos "augurios") designarían a uno de los dos como rey, y éste habría de dar su nombre a la nueva ciudad.

Para recibir los augurios de los dioses, Rómulo eligió la colina del Palatino, mientras que Remo se colocó en la del Aventino, más al este y más cerca del río.

Se cuenta que la señal se le apareció primero a Remo, ya que por su lado vinieron seis buitres. En el momento en que iban a anunciar que ya había ganado Remo, por la parte de Rómulo vinieron doce buitres, lo que hizo que sus partidarios lo tuvieran como una señal más importante.

Ninguno de los dos dio su brazo a torcer, porque los dos se creían señalados por los dioses: Remo, porque había sido el primero en ver los pájaros; Rómulo, porque había visto el doble.

Lo que comenzó con una simple discusión fue subiendo de tono hasta que los partidarios de uno y otro vinieron a las manos. En la pelea Remo fue golpeado y murió, pero la tradición cuenta esta muerte de una forma más épica, que es como sigue:

Rómulo se creyó que había ganado y comenzó a realizar los ritos propios de la fundación de la ciudad: con un arado tirado por un caballo y un buey blancos hizo un surco que delimitaba la extensión de la ciudad. Éste era un rito propio de los Etruscos; por eso se dice que tal vez Rómulo y Remo eran de ese pueblo. A continuación empezó a levantar los muros que iban a rodear el Septimontium, o sea, las siete colinas de Roma.

El lugar elegido para fundar la ciudad de Roma era el mejor. Estaba en un cruce de caminos: al lado del río Tíber, por donde se comunicaba con el interior, y en el centro de la península italiana, paso obligado para los que querían dirigirse hacia el sur. Además, al estar en siete colinas, estaba defendida de los posibles ataques de los otros pueblos. Las siete colinas de Roma son las siguientes: Capitolio, Aventino, Quirinal, Viminal, Celio, Palatino y Esquilino. La más alta de todas es la del Quirinal, que se levanta 69 metros sobre la llanura.

Apenas levantaban las murallas unos palmos del suelo, cuando Remo tuvo la osadía de burlarse de su hermano y de la ciudad que estaba construyendo, y para demostrar que el motivo de su burla era real, saltó de un brinco las nuevas murallas.

Esta actuación de Remo enfureció a Rómulo, porque veía que se estaba burlando de él, y que su autoridad quedaba por los suelos. Lleno de ira se acercó a Remo y lo atravesó con su espada al mismo tiempo que decía la frase para la historia:

"Así haré en adelante con cualquiera que salte mis murallas".

De esa forma Rómulo se quedó solo en el trono. La ciudad fundada recibió el nombre de su fundador, y se llamó Roma.

Esto ocurrió un 21 de abril del año 1 de la fundación de Roma ("ab Vrbe condita"  <a.V.c>), que corresponde con el año 753 a. C.

CUESTIONES

1.- Define el concepto de augurio, y pon ejemplos de su realización actualmente. ¿Tiene algo que ver el término "inauguración"?

2.- Explica la expresión que aparece en el poema de Mío Cid: "hobo corneja diestra", "hóbola siniestra".

3.- ¿Conoces en la historia otros ejemplos de rivalidad entre hermanos?

4.- Expresa tu opinión sobre la comunicación entre dioses y hombres.

5.- ¿Qué es superstición? Señala algunas supersticiones del hombre moderno.

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HÉRCULES Y CACO

 

Cuenta la tradición más antigua que Hércules, después de haber matado a Gerión, que fue uno de los doce trabajos que le encomendó Júpiter, había llevado a aquellos lugares un rebaño de bueyes y vacas, todos ellos de una gran belleza.

Después de la fundación de Roma, Rómulo preparó y fortificó primero el lugar de la colina del Palatino, ya que allí era donde había sido educado por Fáustulo y Larentia, después de que fuera recogido junto con su hermano Remo.

Realizó sacrificios a muchos dioses según la manera y el rito de los Albanos, pero los sacrificios a Hércules los llevó a cabo según el rito griego, como había sido instituido por Evandro. Este personaje fue uno de los primeros con quien se encontró Eneas al llegar a Italia, y le fue muy útil. Era una persona que tenía mucha autoridad entre todos los habitantes del curso bajo del río Tíber. El culto a Hércules había venido de Grecia.

Cuenta la tradición más antigua que Hércules, después de haber matado a Gerión, que fue uno de los doce trabajos que le encomendó Júpiter, había llevado a aquellos lugares un rebaño de bueyes y vacas, todos ellos de una gran belleza. 

Había pasado el río Tíber nadando y lo mismo había hecho su rebaño. Al llegar a la otra orilla encontró un lugar muy agradable, con abundante pasto para sus animales, y que invitaba al descanso.

Como Hércules estaba cansado del esfuerzo que había hecho para llevar los toros y vacas hasta allí, se recostó y se dedicó a calmar su hambre y su sed con carne y vino. Esto hizo que le fuera venciendo el sueño, hasta que se quedó dormido.

Había en aquellos lugares un personaje feroz, con grandísimas fuerzas, que se llamaba Caco. Cuando vio que había por allí cerca un rebaño tan grande y con unos ejemplares tan hermosos, no lo pensó dos veces y quiso apoderarse de ellos. De este personaje viene el apelativo que se da a los amigos de lo ajeno: Cacos.

Se dio cuenta de que si llevaba a su cueva el rebaño andando por su pie, iba a dejar demasiado rastro y Hércules, el dueño del rebaño, no tendría ninguna dificultad para saber dónde estaban sus toros. Entonces pensó que podría llevarlos al revés, es decir, andando hacia atrás. Sólo tenía un pequeño inconveniente, que tendría que dejar toros y vacas, porque no se iba a poder llevar todos. Eligió los ejemplares que le parecieron más hermosos y de esa forma que hemos dicho se los llevó a su cueva.

Con la primera luz del alba se despertó Hércules. En seguida se dio cuenta de que el rebaño había disminuido en número, y pensó que se habrían refugiado en la cueva que estaba próxima. Sin embargo no encontró rastro de sus animales, incluso vio el rastro que estaba al revés, y pensó que allí no se habían escondido sus bueyes. No encontró otro lugar donde pudieran haberse refugiado, por lo que quedó perplejo, sin saber qué hacer ni a qué carta quedarse. Por eso decidió que lo mejor era marcharse de aquel lugar que parecía embrujado, y así siguió su camino con los toros y vacas que le quedaban.

Al marcharse, algunos animales mugieron, como suele ocurrir cuando se les obliga a cambiar de sitio. Al oírlo, los que estaban en la cueva también mugieron. Hércules que lo oyó, volvió su camino y se dirigió muy enfadado hacia la cueva.

Caco quiso impedirle el paso, y al ver lo decidido que venía Hércules, llamó a los otros pastores para que vinieran en su ayuda. Éstos no le hicieron caso, tal vez porque conocían que la fuerza de Hércules era descomunal. Éste asestó a Caco un golpe certero con su cayado y lo mató.

Hércules y Caco

El que gobernaba todo este territorio era Evandro, que había llegado a estas tierras procedente del Peloponeso. Dirigía todos los asuntos más por la autoridad que le daba ser una persona instruida, que sabía leer y escribir, que por un nombramiento oficial. Además era venerado porque se creía que su madre era la ninfa Carmenta, una diosa que era el oráculo de los dioses antes de la llegada de la Sibila a Italia. Todo esto aumentaba la admiración de las gentes.

Los pastores rodearon a Hércules, a quien habían cogido en el momento en que daba muerte a uno de los suyos, a Caco, el ladrón. Evandro llegó y dijo que le contaran la causa que tenían contra aquel extranjero. Ellos le narraron el asesinato que había cometido, con todo lujo de detalles.

Evandro se dio cuenta de que Hércules no era una persona como las demás, sino que tenía algo especial. Lo vio por el porte y el aspecto que presentaba. 

Entonces le preguntó que quién era. Hércules se lo dijo, y Evandro, cuando conoció quién era su padre y de dónde procedía, le dijo:

“¡Oh Hércules, hijo de Júpiter! ¡Salve! Mi madre, Carmenta, que era la auténtica intérprete de los dioses, predijo que tú habrías de aumentar el número de los habitantes del cielo, y que te sería dedicado un altar en este sitio. A este altar, el pueblo que será el más importante de toda la tierra le dará el nombre de “Ara Maxima”, y te dará culto según tu propio rito”

Hércules respondió ofreciendo su mano a Evandro como señal de aceptación, y dijo que él estaba de acuerdo con todo lo que había dicho, de forma que se proponía levantar él mismo el altar. En aquel momento, cogió uno de sus bueyes y con él celebró el primer sacrificio en su honor. 

Había dos familias importantes en aquellos parajes: los Potitio y los Pinario. Las dos fueron invitadas al banquete ritual que se hacía después del sacrificio. Sucedió que los Potitio estuvieron a tiempo en que se sirvió la carne consagrada, mientras que los Pinario llegaron cuando la carne ya había sido comida.

Este fue el motivo de que, mientras existió la estirpe de los Pinario, no podían asistir a las comidas rituales después de los sacrificios. Sin embargo los Potitio fueron nombrados por Evandro sacerdotes perpetuos para que celebrasen los sacrificios en honor de Hércules. Así lo hicieron hasta que no quedó ningún miembro de dicha familia.

Este fue el único culto extranjero que adoptó Rómulo, como prediciendo la inmortalidad a que estaba llamado.

CUESTIONES

1.- ¿Conoces quién fue Hércules? Plauto, en su obra “Amphitruo”, (El Anfitrión) cuenta cómo fue el nacimiento de Hércules.

2.- ¿Conoces cuáles fueron los doce trabajos de Hércules? Cita algunos. ¿Sabes quién se los mandó y por qué?

3.- ¿Qué diferencia había entre un dios y un héroe en la mitología greco-latina?

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EL RAPTO DE LAS SABINAS

El rapto de las Sabinas (David)

Una familia de siete hermanos vivían aislados en las montañas ya que eran leñadores. Las chicas de los alrededores no les hacían caso porque eran muy rudos y poco delicados. Sólo el mayor se había casado, y su mujer se propuso educarlo. Sin embargo, a pesar de su rudeza, eran aficionados a las lecturas clásicas, y, un día, leyeron el episodio de la historia de la Roma antigua sobre "El rapto de las Sabinas". De ese episodio sacaron la idea para lo que hicieron más adelante.

¿Qué sucedió en la antigua Roma con las Sabinas?

Rómulo había fundado una ciudad pero no tenía habitantes. Para llenarla de gente no se le ocurrió otra cosa que convertirla en lugar de asilo, es decir, un lugar donde los prófugos de la justicia estaba a salvo. De esa forma se reunió en Roma una multitud de gentes de toda clase y condición, pero todos de sexo masculino.

En seguida se dieron cuenta de que, en tales circunstancias, la ciudad no duraría más de lo que durasen sus habitantes, y decidieron mandar embajadores a los pueblos vecinos con vistas a establecer contactos matrimoniales, pero dándoles a entender, que sería muy bueno para ellos emparentar con los Romanos. Cuando se presentaban los embajadores de Roma a los otros pueblos, les trasmitían lo siguiente.

"Todas las ciudades nacen de cero, pero se hacen importantes  las que cuentan con el apoyo de los dioses y con el valor de sus habitantes. Ya se sabe que los dioses han estado presentes en el origen de Roma. A sus habitantes no ha de faltarles el valor. Por tanto sería un honor para los que quisieran mezclar su sangre con la romana".

 Ante esta embajada tan soberbia, los pueblos vecinos no quisieron saber nada de matrimonios. Unos expulsaron a los embajadores despreciándolos. Otros los insultaban diciéndoles:

- ¿Por qué no abrís también un lugar de asilo para las mujeres? De esa forma os casaríais con personas de vuestra misma condición.

A los Romanos les sentó muy mal esta respuesta y maquinaban alguna estratagema, pues estaba en juego la supervivencia de su ciudad y de su raza.

Al poco, decidieron celebrar unos juegos en honor del dios Neptuno Ecuestre, a los que llamaron "Ludi Consuales" (Juegos Consuales). Como es de suponer, invitaron a todos los pueblos de los alrededores, dándoles a entender que iba a ser un espectáculo nunca visto. De Cenina, Costumeria y Antemnes vinieron muchos. Pero de la Sabinia prácticamente se presentaron todos, con sus mujeres e hijos.

Los visitantes se quedaron boquiabiertos al ver cómo había prosperado tanto una ciudad en tan poco tiempo.

Comenzaron los juegos, y cuando todos estaban absortos en el espectáculo, se dio la señal, y los jóvenes romanos se apoderaron cada uno de una mujer sabina, la que tenían más cerca. Sin embargo reservaron las más guapas para los altos cargos de la ciudad.

Los Sabinos se volvieron a su ciudad tristes y cabizbajos, acusando a los Romanos de haber roto el pacto de la hospitalidad.

Mientras tanto los Romanos tenían que convencer a las mujeres de que lo que habían hecho era lo mejor que les podía haber sucedido. En primer lugar, porque la soberbia de sus padres al no querer emparentar con ellos había propiciado este rapto. Además, que las habían raptado con vistas al matrimonio, de manera que iban a recibir un trato del todo correcto y que habrían de compartir todos los bienes y, sobre todo, los hijos. Por otra parte, ya que no tenían elección, lo que debían hacer era soportar de buena gana lo que habían comenzado por la fuerza. Los Romanos les harían olvidar en seguida su ciudad y sus seres queridos.

Los Romanos se portaron con ellas admirablemente, con un tacto exquisito, pero al mismo tiempo se mostraron apasionados y ardientes, de forma que el corazón de las mujeres fue cambiando poco a poco.

A los leñadores de las montañas les pareció bien este procedimiento y no se les ocurrió otra cosa que raptar a las muchachas a las que cada uno había echado el ojo. Y una noche, al comienzo del invierno, fueron a  la ciudad, cogieron a las chicas y se retiraron a su casa.

Al pasar por un desfiladero provocaron una avalancha de nieve, de manera que iban a estar aislados hasta la primavera. Para entonces ya verían lo que pasaría.

Claro que los Sabinos y los otros pueblos no se estuvieron quietos, sino que se prepararon para vengar el ultraje que les habían hecho al no respetar las leyes de la hospitalidad.

Los Romanos fueron venciendo uno a uno a todos los pueblos que habían acompañado a los Sabinos. Éstos eran los que más ofensa habían recibido, y prepararon con más calma su represalia.

Contra los Sabinos fue la guerra más importante que tuvieron que mantener los Romanos.

Los Sabinos actuaron con astucia y valiéndose de la traición.

A la sazón estaba al frente de la  guarnición de la ciudadela romana un tal Spurio Tarpeyo, que tenía una hija llamada Tarpeya.

Los asaltantes se pusieron en contacto con ella y lograron que les facilitara la entrada. Una noche, salió Tarpeya como para ir a coger agua, porque la necesitaba para hacer los sacrificios, y de esa forma entraron los Sabinos.

Pero allí mismo la mataron cubriéndola con sus escudos. Se cuenta que cuando los Sabinos le preguntaron por el precio de su traición, les pidió lo que tenían en el brazo izquierdo. Ella se refería a unos brazaletes de oro que solían llevar los Sabinos en dicho brazo. Pero no se dio cuenta de que era el  mismo brazo en que llevaban los escudos, y al tirárselos encima, la mataron. 

Parece que los Sabinos habían pensado matarla de todas formas, para dar ejemplo de que los traidores no son de fiar en ninguna circunstancia.

Sea como fuere, los Sabinos habían ocupado la ciudadela, y en un primer ataque habían puesto en fuga a los Romanos, a cuyo frente estaba Hostius Hostilius. En una segunda fila estaba el mismo Rómulo junto a la puerta del Palatino. Allí reunió a los que huían, e invocó a Júpiter levantando las manos al cielo:

- "¡Oh Júpiter! Yo puse bajo tu protección esta ciudad. Ya ves que los Sabinos ocupan la ciudadela y vienen contra nosotros. ¡Sálvanos de ellos! ¡Quita el temor de los corazones de nuestras tropas! Aquí mismo, donde nos hemos hecho fuertes y con tu ayuda pararemos al enemigo, te prometo que levantaré en tu honor un templo bajo la advocación de "Iuppiter Stator".

Se volvió a los Romanos, y les dijo:

¡Romanos! Júpiter nos ha escuchado y nos manda resistir y salir a luchar.

El nombre de Júpiter Stator viene de que, en Latín, el verbo "stare" significa "pararse", "resistir de pie", y tiene la misma raíz que la palabra inglesa "stop".

 En este lugar se dio el encuentro de los que bajaban de la ciudadela con las tropas de Rómulo. Parecía que la batalla se inclinaba del lado de los Romanos.

En ese momento hicieron su aparición las Sabinas, por cuyo rapto se había originado la guerra. Se presentaron con los cabellos revueltos, con las ropas rotas, en medio de la batalla sin temer las flechas que volaban en su derredor.

  -"¿Qué estáis haciendo? ¿Queréis que nos quedemos sin padres y sin maridos el mismo día? ¿Queréis que nuestros hijos vivan sin padres ni abuelos? Porque nuestros hijos son hijos de Romanos, pero nietos de Sabinos. Si os avergonzáis de que nos hayamos casado con los Romanos, nosotras somos las culpables. Matadnos, porque preferimos morir a quedarnos viudas y huérfanas al mismo tiempo."

Se hizo un repentino silencio, porque el discurso de las mujeres les había convencido. Hicieron alianzas y se hermanaron los dos pueblos, con dos reyes: el romano, Rómulo, y el sabino, Tito Tacio. Pero la sede del gobierno iba a ser Roma. Se dividió la población en 30 curias a las que dieron el nombre de las mujeres sabinas que habían parado la guerra.

Volviendo al relato de nuestros leñadores. ¿Qué había ocurrido?

Cuando volvieron a la casa del medio del bosque, la esposa del mayor no podía creer lo que había pasado. Se puso de parte de las muchachas, y, puesto que había que esperar a la primavera, buscaron una solución: mandarían a los 7 hermanos a pasar el invierno a las montañas.

Poco a poco las chicas iban enamorándose de los hermanos, aunque no los tenían allí, de manera que cuando llegó la primavera ya no estaban tan a disgusto.

Vinieron los padres a buscarlas, dispuestos a todo. En aquel momento se oyó el lloro de un niño, el que había dado a luz la mujer del hermano mayor, el que estaba casado. Los padres de las muchachas, al oír el llanto del niño, preguntaron:

- ¿De cuál de vosotras es ese niño?

Ellas contestaron al unísono:

- ¡Mío!

Los padres se dieron cuenta de que las chicas estaban a gusto y aceptaron los matrimonios.

Esta película se titula "Siete novias para siete hermanos" y es una excelente comedia musical que, dirigida por Stanley Donen, tuvo mucho éxito durante los años 50 y 60.

El rapto de las Sabinas interpretado por distintos pintores

Poussin Picasso Richards

CUESTIONES

1.- ¿Qué tipo de espectáculo te imaginas que sería el que organizó Rómulo? ¿Tiene alguna relación con los festejos actuales?

2.- ¿Cuál es tu opinión sobre el trato que se le da a Tarpeya por parte de los Sabinos?

3.- ¿Conoces alguna manifestación artística que nos muestre esta fábula de la antigua Roma?

4.- ¿Cómo eran los espectáculos de los Romanos? ¿Dónde se realizaban?

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DESAPARICIÓN DE RÓMULO

 

¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba Rómulo? El trono aparecía vacío. Todos estaban dispuestos a creer que a Rómulo se lo había llevado la tormenta según decían los patricios que estaban sentados a su lado.

 

Rómulo hizo de los Romanos un gran pueblo con sus instituciones y su personalidad propia. A esto contribuyó la leyenda sobre su muerte-desaparición.

Después de haber asegurado un período de paz de más de cuarenta años, cierto día estaba revisando las tropas en el llano que había cerca del pantano de Las Cabras, cuando de repente estalló una terrible tempestad con muchos rayos y truenos. Parecía que el centro de la tormenta era el mismo Rómulo. El caso es que dio la impresión de que se lo llevó, porque a partir de ese momento nadie lo volvió a ver.

En seguida el día quedó otra vez sereno y completamente claro.

¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba Rómulo? El trono aparecía vacío. Todos estaban dispuestos a creer que a Rómulo se lo había llevado la tormenta según decían los patricios que estaban sentados a su lado.

A todos les pareció estupendo que Rómulo siguiera vivo y respondieron con vivas y exclamaciones de júbilo a los gritos que dieron algunos:

"¡Viva Rómulo, hijo de dioses!"

"¡Viva Rómulo, rey y padre de la ciudad de Roma!"

Y le rogaban que se preocupara por su pueblo y por sus hijos.

Siempre hay quien no está de acuerdo con la  versión oficial, y algunos, por lo bajo, extendieron el rumor de que los patricios lo habían matado y que lo habían despedazado para que no se encontrara el cuerpo. Ésta era una actitud frecuente en la época helenística en que se manifestaba la hostilidad existente entre los aristócratas y los tiranos.

Este rumor se extendió, pero sin que nadie se atreviera a expresarlo abiertamente.

Sin embargo, ocurrió un hecho que hizo que se abandonara definitivamente el temor y se instaurara la versión que, en el fondo, todos querían creer.

Un tal Próculo Julio se presentó delante de la muchedumbre, angustiada como estaba por la situación de incertidumbre, y habló de esta forma:

"¡Romanos! Rómulo, nuestro padre, ha bajado del cielo esta mañana y me ha permitido verlo. Yo me he llenado de temor y de respeto, y no me decidía a mirarlo a la cara, y le he pedido que me lo permitiera. Entonces él me ha hablado de la siguiente manera:

"Ve y anuncia a los Romanos que la voluntad de los dioses es que Roma sea la capital del mundo. Por tanto han de ser expertos en el arte militar para demostrar a todos que no hay quien pueda vencer a los Romanos, ni que ninguna obra humana será invencible para las armas romanas".

Después de que me hubo dicho estas palabras desapareció, elevándose en el aire".

La confianza volvió al corazón de la gente, y, a partir de ese momento, nadie dudó de que Rómulo vivía y era inmortal. Se le convirtió en el dios protector de la ciudad y se le rindió culto bajo el nombre de Quirino. 

CUESTIONES

1.- ¿Qué quiere decir que se le convirtió en dios?

2.- ¿Qué opinión te merece la desaparición, primero y la aparición, después, de Rómulo?

3.- ¿Conoces algún episodio histórico en que alguien no haya muerto, sino que haya desaparecido sin dejar rastro?

4.- Al pie de una estatua que muestra a Diego Rodríguez Porcelos, fundador de Burgos, se le llama otro Quirino”. ¿Sabrías explicarlo?

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COMBATE ENTRE LOS HORACIOS Y LOS CURIACIOS

 

Cuando se dio la señal, tanto los Horacios como los Curiacios corrieron hacia sus adversarios con tanta fuerza como dos ejércitos. El pensamiento de los dos grupos de jóvenes no estaba en el peligro que corrían, sino en lo que iba a ser de su patria y que estaba en sus manos: iban a ser los dominadores, si vencían o los esclavos si eran vencidos.

Juramento de los 3 Horacios (David)

Los Romanos estaban en guerra contra los albanos. En esta guerra ocurrió un hecho que perduró en las mentes de los Romanos durante mucho tiempo.

Por casualidad, en los dos ejércitos había trillizos que tenían una edad y una complexión semejante. Por eso se pusieron de acuerdo en que, en vez de luchar los dos ejércitos, se enfrentasen sólo los trillizos romanos contra los trillizos albanos. De esa manera se economizarían vidas y energías.

Establecieron previamente las reglas de la pelea: 

"El pueblo cuyos trillizos vencieran mandaría sobre el otro, que se convertiría en su esclavo".

Todos lo aceptaron, y ambos grupos de trillizos se dirigieron al campo de combate. Los dos ejércitos y los dos pueblos se colocaron a lo largo del espacio, uno a cada lado. Los trillizos romanos eran los Horacios y los albanos, los Curiacios, aunque, según dice Tito Livio, no está del todo claro esto, a pesar de ser un acontecimiento muy importante de la historia romana. Pero se admite comúnmente que los Horacios son los romanos y los Curiacios los albanos.

Cuando se dio la señal, tanto los Horacios como los Curiacios corrieron hacia sus adversarios con tanta fuerza como dos ejércitos. El pensamiento de los dos grupos de jóvenes no estaba en el peligro que corrían, sino en lo que iba a ser de su patria y que estaba en sus manos: iban a ser los dominadores, si vencían o los esclavos si eran vencidos.

En el primer encuentro cayeron heridos de muerte dos de los Horacios mientras que el tercero estaba ileso. Los Curiacios, por su parte, estaban los tres heridos, pero de distinta gravedad.

El ejército y el pueblo albano levantó un grito de alegría en cuanto se desvaneció el polvo producido por el primer ataque. El ejército y el pueblo romano quedó absorto por la preocupación: ya se veían sometidos a la esclavitud por los Albanos.

Combate entre Horacios y Curiacios (N. Poussin)

 El Horacio que quedaba vivo valoró rápidamente la situación. Vio que los tres Curiacios estaban heridos, pero que si trataba de luchar con los tres al mismo tiempo, llevaba las de perder. Entonces echó a correr como si huyera. De esa manera los Curiacios le perseguirían, pero cada uno según sus fuerzas, y serían tres combates de uno contra uno, no un combate de uno contra tres.

Efectivamente, cuando los Curiacios comenzaron la persecución, se vio claramente que uno, el menos herido, se adelantaba a sus hermanos, pero no podía alcanzar al Horacio. Éste también se percató de ello, se paró y esperó a que llegara. No le dio tiempo a descansar, ya que según llegaba le asestó un golpe mortal.

El ejército romano vio cómo de repente cambiaba la situación, una situación desesperada, y se ponía francamente a su favor.

El Horacio esperó al segundo Curiacio, que llegó en seguida, y, animado por su ejército y por su pueblo que ya veían ganado el combate, lo mató.

La pelea estaba igualada, pero no vamos a comparar ni las fuerzas ni los ánimos de uno y otro. El Horacio acababa de vencer en dos combates y estaba del todo ileso. El Curiacio había visto cómo habían caído sus dos hermanos y además estaba muy herido, de manera que su ánimo era el de un  perdedor. Había llegado a duras penas hasta donde se encontraban los cadáveres de sus hermanos. El Horacio le estaba esperando:

- "Llega hasta donde yo estoy, que te voy a matar, de la misma forma que he matado a tus dos hermanos".

La muchedumbre romana vitoreaba al romano mientras éste clavaba la espada en el cuello del albano; y seguía vitoreando mientras el vencedor despojaba de sus armas y vestidos a los tres vencidos. Había conseguido una victoria muy importante para su pueblo. Los Albanos, por su parte, se habían convertidos en sus esclavos.

Formaron un cortejo y se dirigieron a Roma aclamando al vencedor, llenos de júbilo, tanto por la victoria como por la manera como se había producido.

El vencedor se había puesto sobre su armadura la túnica de uno de los vencidos. Al llegar a la ciudad alió a recibirlo su hermana, que estaba prometida a uno de los tres albanos muertos, y, cuando reconoció la túnica de su novio que ella misma había tejido, comenzó a sollozar, a mesarse el cabello y a desgarrarse las vestiduras.

El Horacio vencedor, que esperaba alegría y felicitaciones, se encontró con que su propia hermana se entristecía y sollozaba por su victoria. Desenvainó su espada, teñida todavía con la sangre de los muertos, y mató a su hermana, diciendo estas feroces palabras:

- "¡Vete de aquí a estar con tu novio! ¡Mira que olvidarte de tus hermanos muertos y del que vive que ha salvado a tu pueblo de la esclavitud...! ¡Así morirá todo aquél que se entristezca por la victoria romana y llore por los enemigos vencidos!"

CUESTIONES

1.- Comenta el hecho de que sean tres personas quienes luchen por todo un pueblo.

2.- ¿Qué te parece la actitud del vencedor al matar a su propia hermana?

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VIOLACIÓN Y MUERTE DE LUCRECIA

Lucrecia

Se presentaron a ella y les hizo los honores de los invitados. Pero a Sexto Tarquinio no le sentó bien el que hubiera ganado Lucrecia, y desde ese mismo momento concibió la idea de seducirla, porque era muy guapa, y porque quería romper la fidelidad para con su marido.

 

Estamos en el año 509 a. C., o lo que es lo mismo en el año 244 a. V. c. ("ab Vrbe condita": desde la fundación de la ciudad), y reinaba en Roma el rey Tarquinio el Soberbio.

Los Romanos querían someter Ardea, una ciudad muy rica, y le pusieron sitio. Este tipo de guerras solían ser largas y había momentos tranquilos que aprovechaban los jóvenes jefes para divertirse comiendo, bebiendo y charlando.

En cierta ocasión cenaban unos cuantos jóvenes en la tienda de Sexto Tarquinio, el hijo del rey, y entre ellos estaba Tarquinio Colatino, su primo. La conversación recayó en las esposas. Cada uno alababa a la suya diciendo que era la mejor. Pero Colatino dijo:

- Ya está bien de palabras. Mi Lucrecia es la mejor de todas, y, si queremos comprobarlo, tardaremos bien poco. ¿Por qué no vamos nosotros mismos a ver lo que está haciendo cada una? No nos esperan, así que se creen a salvo de nuestra presencia.

Como todos estaban un poco calientes por el vino, estuvieron de acuerdo:

- ¡Venga! ¡Vamos!

Y fueron a Roma rápidamente adonde llegaron al ocaso, y allí encontraron a las nueras del rey que estaban rodeadas de amigos y se divertían pasando el tiempo en suntuosos banquetes. De Roma se dirigieron a Collatia, donde vivía Lucrecia, la mujer de Collatino. Lucrecia, al contrario que las nueras del rey, trabajaba hasta bien entrada la noche hilando la lana rodeada de sus esclavas.

No hay que decir que el galardón para la mejor esposa se lo llevó Lucrecia.

Se presentaron a ella y les hizo los honores de los invitados. Pero a Sexto Tarquinio no le sentó bien el que hubiera ganado Lucrecia, y desde ese mismo momento concibió la idea de seducirla, porque era muy guapa, y porque quería romper la fidelidad para con su marido.

Por fin, después de una noche de juerga volvieron al campamento.

Unos pocos días más tarde, sin que lo supiera Colatino, Sexto Tarquinio, acompañado de un solo sirviente, llegó a Collatia, y se presentó en casa de Lucrecia. Ésta se portó como una anfitriona excepcional, y después de cenar lo acompañó a la habitación de invitados.

Cuando Sexto creyó que ya todos los de la casa estaban dormidos pasó a la habitación de Lucrecia con la espada en la mano, y poniéndole la izquierda en el pecho, le dijo:

- No hables, Lucrecia, ni digas nada. Una sola palabra y te mato.

Ella le respondió:

- ¿Qué quieres?

Sexto le confesó su amor:

- Desde el día en que te vi, me enamoré locamente de ti. Estoy dispuesto a todo. Te daré todo mi reino si accedes a venirte conmigo.

 Lucrecia no quería aceptar la propuesta, y Sexto, como veía que no daba resultado, comenzó a amenazarla con la muerte. Pero Lucrecia parecía una roca que no se conmovía ni con promesas ni con amenazas.

Entonces probó a añadir la deshonra a las amenazas:

- Te voy a matar, y pondré a tu lado un esclavo desnudo para que se diga que, al encontrarte en adulterio, te he dado muerte.

Con este argumento, la pasión de Sexto Tarquinio salió vencedora (?) del honor de Lucrecia. Ésta quedó triste y pesarosa. Inmediatamente mandó una nota a su padre, que estaba en Roma, y a su marido, Colatino, que se encontraba en el campamento de Ardea:

Sexto Tarquinio y Lucrecia (Ticiano)

- Ven pronto con un amigo. El asunto es importante y urgente. Ha sucedido algo atroz.

Al recibir una nota con tales palabras se pusieron al punto en camino, su padre Spurio Lucrecio con su amigo P. Valerio, y su marido, Colatino, con Lucio Junio Bruto.

Encontraron a Lucrecia llena de tristeza sentada en su habitación. Cuando vió que habían llegado, no pudo contener las lágrimas. El marido le preguntó:

- ¿No estás bien?

Ella respondió:

- ¿Cómo puede estar bien una mujer que ha perdido la honra? Todavía hay restos en tu lecho, Colatino; restos de un hombre. Sin embargo sólo me ha violado el cuerpo porque mi espíritu es inocente. Para demostrarlo me voy a quitar la vida. Pero antes juradme que el culpable adúltero no ha de quedar impune.

- ¿Quién ha sido? le preguntaron.

Ella contestó:

- Ha sido Sexto Tarquinio. Yo creía que venía a verme en calidad de huésped, a hacerme una visita de cortesía, y como tal lo traté. Pero me deshonró por la fuerza, y esto ha sido mi perdición; y la suya también, si vosotros tenéis lo que hay que tener.

Todos juraron que la vengarían. Se dedicaron a consolarla:

- Ten en cuenta que si sólo ha sido el cuerpo, no tiene maldad. La que peca es la mente, y donde no hay consentimiento no hay culpa. El que la tiene es Sexto Tarquinio.

Ella, con una frialdad impropia del momento, les respondió:

- Vosotros veréis lo que hay que hacer con él. Yo me absuelvo del pecado pero no me libraré del castigo. No habrá nadie que me tome como ejemplo para  justificar su deshonra.

En ese momento sacó un cuchillo que llevaba escondido bajo los pliegues de su vestido y se lo clavó en el corazón sin darles tiempo a impedírselo. Cayó muerta al instante.

El padre y el marido quedaron llorando fuera de sí sin saber qué hacer. Bruto sacó del pecho de Lucrecia el cuchillo que aun destilaba sangre, y, manteniéndolo en alto delante de sí, hizo el juramento siguiente:

- Juro por esta sangre castísima y ante una injuria cometida por una persona real, y a vosotros, dioses, os pongo por testigos, de que yo, Lucio Junio Bruto, voy a perseguir a L. Tarquinio el Soberbio, a su mujer criminal y a su descendencia con todas las fuerzas de que soy capaz; y no voy a consentir que ellos ni nadie, en adelante, gobiernen en Roma con el título de rey.

Todos los presentes hicieron el mismo juramento.

Cuando sacaron el cuerpo de Lucrecia y explicaron lo que había pasado, todos estuvieron de acuerdo con el juramento de Bruto, y, teniéndole como jefe, marcharon contra la familia del rey para darle cumplimiento.

Tarquinio, el rey, huyó con su mujer y con dos de sus hijos, y no se le permitió volver. Sexto Tarquinio, que se creía a salvo en Gabios, de donde era rey, fue asesinado en venganza por antiguas rivalidades.

Así, el año 509 a. C. o el 244 a. V. c. terminó el período de la historia de Roma que se conoce con el nombre de La Monarquía. A partir de este año comienza una época de esplendor y democracia, de expansión en el exterior y de conquista de derechos civiles, religiosos y políticos en el interior

CUESTIONES

1.- ¿Conoces cuántos y quiénes fueron los Reyes en Roma durante el período de la Monarquía?

2.- Comenta la actitud de Lucrecia, tanto al recibir a S. Tarquinio, como al oponerse a él y a darse muerte como castigo.

3.- ¿Conoces a otro personaje de la historia de Roma que se llame Bruto? ¿Quién era? ¿Qué hizo? ¿Cuándo vivió?

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"SECESSIO IN MONTEM SACRUM"

 

Los patricios tenían más que perder, porque eran quienes detentaban todos los derechos y querían los plebeyos lucharan para mantenérselos. Los plebeyos estaban hartos de esa situación y trataban de tomar parte en la vida pública, aunque de momento los patricios no se lo permitían.

 

Los Romanos tenían democracia. Ya habían expulsado a los reyes y elegían a los magistrados, pero todavía tenían muchos problemas.

Estamos en el año 494 a. C., que es el 261 a. V. c. Habían salido con éxito de tres guerras, contra los Sabinos, contra los Volscos y contra los Equos.

Uno de los problemas principales era el de las deudas El dictador propuso que se perdonaran al pueblo vencedor, cosa que no gustó a los prestamistas y usureros, y el senado se opuso. El dictador Valerio se expresó en estos términos:

“Ya que tenemos paz en el exterior gracias al pueblo, el cargo de dictador no es necesario. Por tanto me convierto en un ciudadano normal para tratar de buscar soluciones en Roma, que es donde están los problemas”.

La plebe apreció este gesto, y cuando salió del senado, lo acompañaron hasta su casa.

Al mismo tiempo había que licenciar a las tropas. Y, ¿si había alguna revuelta o complot? Sin embargo, bajo el pretexto de que los Equos no estaban del todo pacificados, se dio orden a las legiones de permanecer en el campamento y estar preparadas para entrar en combate.

Esta decisión fue la chispa que desencadenó la revuelta. Para no matar a los cónsules, con lo que no habrían conseguido nada, un tal Sicinio propuso que el ejército se retirara al Monte Sagrado, a la orilla derecha del río Anio y a unas tres millas de la ciudad. Esta actitud se puede considerar como una auténtica huelga, la primera de que se tiene noticia en la historia.

Allí, sin jefe, ellos montaron su campamento según la costumbre militar, y permanecieron varios días sin moverse, ni atacar ni ser atacados.

En Roma todos estaban llenos de pánico: la plebe se veía sin la defensa del ejército como fácil presa para los patricios. Éstos temían a la plebe que se había quedado en la ciudad, y dudaban si marcharse o quedarse. Decían:

¿Cuánto tiempo va a durar la plebe en calma sin organizar una revolución? Y, si nos atacan los enemigos, ¿cómo nos podremos defender? La única solución está en la concordia de todos los ciudadanos. Hay que buscar la reconciliación por todos los medios, lícitos o ilícitos.

Los patricios tenían más que perder, porque eran quienes detentaban todos los derechos y querían los plebeyos lucharan para mantenérselos. Los plebeyos estaban hartos de esa situación y trataban de tomar parte en la vida pública, aunque de momento los patricios no se lo permitían.

Se encontró la siguiente solución: Los patricios enviarían al Monte Sagrado a un tal Menenio Agripa, que era un gran charlista y amigo de los plebeyos, y trataría de convencerlos.

Éste se introdujo en el campamento de los amotinados y les contó una fábula con la que les hizo cambiar de opinión y de esta forma depusieron su actitud.

La fábula que les contó fue la siguiente:

"Hubo un tiempo en que en el hombre cada uno de los miembros iba a lo suyo y no colaboraban al bien común. Todos los miembros estaban indignados con el vientre, porque se aprovechaba del trabajo de los demás. Tuvieron una asamblea todos los miembros del cuerpo, y tomaron una decisión.

- ¡Miradle ahí, tranquilo, sin dar golpe, aprovechándose de nuestro trabajo y disfrutando de lo que nosotros le damos!

- Vamos  a hacerle un bloqueo. A partir de ahora, tú, pie, no irás a buscar alimento; ni tú,  mano, lo llevarás a la boca; ni vosotros, dientes, lo masticaréis. Así conseguiremos que colabore al bien común en lugar de aprovecharse de nosotros.

- ¡Eso, vamos a declararnos en huelga!

Efectivamente, así lo hicieron. Pero al mismo tiempo que creían dominar al vientre por hambre, una gran debilidad comenzó a apoderarse de todos los demás miembros, de manera que no podían realizar ninguna de sus funciones.

¿A qué conclusión llegaron los miembros del cuerpo? El trabajo del vientre no es despreciable, ni mucho menos, sino muy importante, ya que lo que se le da no es para él, sino que reparte todo lo que recibe para que los demás miembros puedan vivir y medrar. Lo que pasa es que su trabajo no se ve, porque está escondido, y por eso creemos que no hace nada.

Esta sedición que habéis empezado contra los patricios no os conduce a nada, sino todo lo contrario, porque os ocurrirá lo mismo que a los miembros que quisieron castigar al vientre".

Los plebeyos y el ejército así lo comprendieron y cambiaron su actitud. Pero los plebeyos se dieron cuenta de que eran importantes y exigieron tener unos magistrados propios que los defendieran contra las posibles ofensas de los cónsules y de los demás patricios. Estos magistrados habrían de ser inviolables, es decir, sagrados, y tendrían el derecho al veto contra las decisiones de los demás magistrados. Al principio fueron dos, y se llamaron Tribunos de la plebe.

CUESTIONES

1.- Resume por qué estaban enfadados los plebeyos.

2.- ¿Se dejaron convencer los plebeyos con razón?

3.- ¿Conoces qué tipo de derechos consiguieron los plebeyos a raíz de esta huelga?

4.- ¿Conoces alguna institución actual semejante a los Tribunos de la plebe?

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LOS 306 FABIOS

 

Nunca desfiló por la ciudad de Roma un ejército al mismo tiempo tan poco numeroso y tan famoso por la consideración de la gente: 306 soldados, todos patricios, todos de la misma familia, todos con una hoja de servicios tan brillante que el mismo senado estaría orgulloso de tener a cualquiera de ellos como jefe en una empresa militar.

 

En el año 273 de la fundación de Roma (480 a. C) fueron elegidos como cónsules para aquel año Caeso Fabio y Tito Verginio. Sobre todo les apoyó la plebe, porque no estaban bien considerados entre los patricios. Sin embargo esto no proporcionó a los romanos demasiados problemas, a pesar de que los senadores no estaban de acuerdo con los repartos de tierra que habían hecho.

El problema venía de fuera: los Equos, un pueblo limítrofe con el Latio, hacía incursiones que causaban daños a los cultivos y a las obras públicas. Entonces fue mandado uno de los dos cónsules, Caeso Fabio, para que les diera una lección, y, así, marchó al campo de los Equos, destruyendo lo que encontraba a su paso. Los Equos se retiraron a sus ciudades protegidas con murallas: por eso no hubo ninguna batalla digna de reseñar. 

Sin embargo el otro cónsul lo pasó muy mal, ya que fue derrotado por la ciudad de Veyes, porque había actuado demasiado temerariamente. Si no llega a ser por la ayuda que recibió de Caeso Fabio, hubiera perdido todo el ejército. Además la llegada de éste obligó a que los de Veyes tuvieran una actitud de respeto y miedo, ya que no se atrevían ni a pelear ni a pedir la paz. Era una situación más próxima al bandidaje que a una batalla en condiciones: cuando las legiones atacaban se retiraban a sus ciudades; en cuanto se percataban de que el ejército romano se había acantonado en su campamento, salían a recoger el botín en los campos del Latio, y así pasaban de la inacción a la guerra y viceversa según les convenía. De esta forma no se podía terminar la guerra, pero tampoco se la podía dejar de lado. 

Había además otros problemas más acuciantes: todos los pueblos de alrededor estaban en armas contra los Romanos: por un lado, los Equos y los Volscos no podían dejar de vengar las derrotas sufridas; por otro, estaban los Sabinos, que siempre se encontraban dispuestos a atacar a los Romanos, lo mismo que toda la Etruria.

Los Veyentes eran un enemigo de poca entidad para los Romanos, pero estaba allí, y, aunque no grave, sí era incómodo y permanente. Continuamente molestaban y ofendían a los Romanos y obligaban a éstos a tenerlos en cuenta. Roma tenía que tener permanentemente una guarnición dedicada exclusivamente a repeler las agresiones de los Veyentes y a mantenerlos a raya.

Ante esta situación, toda la familia de los Fabios acudió en masa al Senado. En nombre de todos ellos toma la palabra el cónsul:

 “Senadores: la guerra contra los Veyentes necesita que haya una guarnición constante dedicada a ello, eso ya lo sabéis, y no necesito demostraros nada. Lo que queremos deciros toda mi familia y yo, en su nombre, es que vosotros os preocupéis de las otras guerras más importantes, y nos aceptéis a nosotros como los paladines de la ciudad contra los Veyentes. Nos comprometemos a mantener el buen nombre del pueblo Romano en esta empresa. Estamos dispuestos a pagar los gastos de esta guerra con el patrimonio familiar. De esta forma la república se ahorrará los soldados que necesita para otras empresas y también el dinero”.

Ante estas palabras del cónsul todos los patricios aceptaron encantados y le dieron las gracias efusivamente. Caeso Fabio salió de la curia y en seguida se le unió todo el ejército de los Fabios que le estaba esperando en el vestíbulo, con expectación por saber el resultado de la entrevista. Todos juntos se fueron a sus casas. Antes de separarse quedaron en que al día siguiente se presentarían todos, cada uno con sus armas, delante de la casa del cónsul.

Por toda la ciudad se corrió la noticia. Los Fabios estaban en las bocas de todos y todos hablaban estupendamente de la hazaña que se habían propuesto hacer. Decían:

 “¿Os dais cuenta? Es una sola familia la que va a soportar el peso que nos corresponde a todos. Han convertido la guerra contra los Veyentes en una cuestión privada. ¡Ojalá hubiera en Roma otras dos familias semejantes! La una se ocuparía de la guerra contra los Volscos y la otra de la de los Equos. Así el pueblo Romano estaría tranquilo y en paz, porque todos los pueblos vecinos estarían sometidos”.

Llegó el día siguiente. Los Fabios tomaron las armas y se reunieron donde habían acordado, delante de la casa del cónsul. Éste, al salir con la vestimenta apropiada para la guerra, vio desde lo alto de su casa a toda la familia preparada como si fuera un ejército. Fue recibido en medio, se puso al frente y mandó que se diera la señal de marcha.

Nunca desfiló por la ciudad de Roma un ejército al mismo tiempo tan poco numeroso y tan famoso por la consideración de la gente: 306 soldados, todos patricios, todos de la misma familia, todos con una hoja de servicios tan brillante que el mismo senado estaría orgulloso de tener a cualquiera de ellos como jefe en una empresa militar. Todos marchaban con un espíritu de hostilidad contra el pueblo Veyente. Les seguía una multitud de parientes, conocidos y compañeros que estaban esperanzados y preocupados por el éxito de la empresa. Además les acompañaba una muchedumbre enfervorizada, y llena de admiración que gritaba:

 “¡Id, valientes! ¡Id, felices! ¡Volved con el mismo ánimo con el que salís! A partir de este momento podéis esperar con toda justicia, el consulado, triunfos, todos los honores y todos los premios.”

Según iban pasado por delante del Capitolio, de la ciudadela y de los templos rogaban a todos los dioses cuyos templos tenían a la vista, pero también a los demás, con estas plegarias:

 “¡Oh dioses! Sed propicios con este ejército que ahora marcha tan contento y feliz. Acompañadlo en su empresa y devolvedlo a su patria sano y salvo”.

Tito Livio añade a continuación la expresión siguiente: “In cassum missae preces”, que quiere decir: “Vanas plegarias”. Está previniendo al lector de lo que va a ocurrir, por contraposición a todos los adjetivos que ha puesto antes tanto en boca de la plebe como de ellos mismos, que denotan alegría, felicidad, etc. Ahora, incluso al camino por donde iban a salir de la ciudad le da el apelativo de desgraciado: 

"salen de la ciudad por el arco derecho de la puerta Carmenta siguiendo un camino desgraciado, y llegan al río Cremera.

A partir de ese momento, esa puerta Carmenta se llamará “Porta Scelerata”, es decir “Puerta Criminal”. Una vez que llegaron al río les pareció un lugar conveniente para acampar y preparar el cuartel general, protegiéndolo con una empalizada, como solían hacer los Romanos. 

Mientras tanto en Roma fueron nombrados cónsules Lucio Emilio y Cayo Servilio. 

Al principio, cuando sólo se trataba de las incursiones que hacían los Veyentes, los Fabios se bastaban, y no sólo para defenderse y para proteger la región, sino también para llevar su influencia y su protección a las regiones vecinas de Roma por la parte de Tusco. Allí se convirtieron en la pesadilla de los enemigos de la república.

Pasó un tiempo no excesivamente largo desde la última acción de pillaje por parte de los Veyentes, cuando llegó desde la Etruria un ejército que había sido llamado por ellos. Este ejército puso sitio al campamento de Cremera. Los Romanos no se hicieron esperar y mandaron en ayuda de los Fabios varias legiones al mando del cónsul Lucio Emilio para que luchasen contra los Etruscos en un combate regular. Los Veyentes apenas tuvieron tiempo de colocarse en orden de batalla. En efecto, mientras colocaban sus filas detrás de los estandartes y sacaban las tropas de reserva, fueron atacados por la caballería romana de una forma repentina, de manera que no pudieron sostener la posición. Ya estaban desordenados, y poco a poco fueron llevados hasta el lugar donde tenían el campamento, que se llamaba “Rocas Rojas”; allí pidieron insistentemente la paz. Sin embargo, antes de que los Romanos abandonaran el campamento de Cremera, los Veyentes, personas de poca palabra, rechazaron esa paz que les habían concedido.

De nuevo los Fabios asumieron las hostilidades contra los Veyentes como cosa propia, pero esta vez lo hicieron utilizando máquinas de guerra y todo el dispositivo táctico que pudieron usar. No eran sólo incursiones pasajeras contra los campos enemigos, ni ataques repentinos a los enemigos que se atrevían a salir para devastar los campos, sino que en varias ocasiones tuvieron enfrentamientos serios ejército contra ejército. Una sola familia romana, la de los Fabios, consiguió vencer en varias ocasiones a una ciudad etrusca, por otra parte llena de riquezas.

Este hecho les pareció a los Veyentes cruel y hasta indigno. Por eso tomaron la determinación de vencer a los Fabios de la manera que fuera. La mejor forma de hacerlo era por medio de alguna emboscada. Se daban cuenta, de que, mientras tanto, con los éxitos, el atrevimiento de los Fabios iba creciendo y se alegraban por ello, porque les daría la ocasión para tenderles una trampa. 

Los Veyentes comenzaron a realizar ciertas acciones que les fueran ocasionando ventajas y que minaran las defensas de los Fabios. Cuando salían con el ganado para que pastara, llevaban los rebaños cerca de los Fabios, como que estaban allí por casualidad, o algunos se hacían pasar por desertores cansados de tantas incomodidades, o enviaban disimuladamente grupos armados como que se refugiaban entre los Fabios por miedo.

Por su parte, los Fabios habían despreciado a su enemigo de tal forma que pensaban que no podrían hacer ningún daño a su invicta tropa. Este desprecio les llevó a no hacer caso de algunos enemigos armados que aparecían cerca de un rebaño que habían llevado allí, y salieron del campamento para apoderarse de él. 

En su alocada carrera detrás de las reses sobrepasaron el lugar de la emboscada, que estaba colocada al lado del camino. Las reses se dispersaron, y los Fabios las siguieron, también dispersos. De repente los Veyentes salieron de la emboscada: había enemigos por todas partes. En primer lugar, el grito de guerra que les rodeaba les llenó de miedo; a continuación, de todas partes también, caían flechas y lanzas.

Los Etruscos ayudaron, y, entre todos, consiguieron rodear a los Fabios, que a medida que se retiraban se les iba estrechando el cerco. De esa forma resultaba más pequeño el número de los 306 que luchaba contra un enemigo muchas veces más numeroso. Ellos luchaban por abrirse camino en todas direcciones, pero se llegó a un punto en que no tuvieron más remedio que renunciar a la lucha y juntarse todos en el mismo lugar.

En ese sitio puestos en formación de cuña se abrieron paso, y llegaron a un lugar en suave pendiente, que terminaba en una pequeña colina. Allí primero intentaron resistir; a favor del lugar más elevado pudieron recuperarse un tanto del miedo que habían pasado, y, además, desde una posición más alta, pudieron rechazar a los primeros asaltantes, a pesar de que ellos eran muy pocos. Sin embargo los Veyentes subiendo por varios lados a la vez, consiguieron llegar a la cumbre de la colina y les cogieron entre dos fuegos.

Los Fabios se encontraron rodeados y perdieron la posesión del lugar. Fueron cogidos prisioneros y allí mismo fueron ejecutados uno a uno hasta el último.

Todo el mundo está de acuerdo en que aquel día murieron 306 de la familia de los Fabios. Sin embargo parece que quedaba uno, al que no habían dejado partir con los demás porque era muy joven. Este será en el futuro el que repondrá el honor de la familia de los Fabios, y será una poderosa ayuda para los Romanos en momentos delicados de su historia.

Éste fue el resultado de esta batalla, conocida como la batalla de Cremera, que ocurrió el 13 de febrero del año 475 a. C. (278 a. V. c.)

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PORSENNA Y HORACIO COCLES

 

Cuando los enemigos se presentaron, todo el mundo se refugió en la ciudad, y construyeron un muro para que les protegiera. Por una parte Roma estaba defendida por las muralla que habían construido y por la otra por el río Tíber. Se creían seguros con estas defensas. Sólo había un camino para entrar en Roma, el Puente Sublicio, pero los enemigos no pudieron entrar, porque un solo hombre, Horacio Cocles, se lo impidió. Ese día  la diosa Fortuna puso a ese hombre para defender Roma.

 

Los reyes etruscos habían sido expulsados de Roma por Bruto. Los romanos, con Bruto al frente, juraron que no gobernaría en Roma nadie con el título de rey. Pero los antiguos reyes de Roma no querían perder sus privilegios a los que creían seguir teniendo derecho. Por eso se refugiaron en Clusium, donde reinaba Porsenna. Éste los recibió bien, porque eran parientes. Los reyes en seguida se empezaron a quejar: 

- "Nosotros somos  de sangre real, hemos vivido en la abundancia de todas las cosas y ahora estamos abocados a vivir en la pobreza y en el exilio. Este hecho, nunca visto, no debe quedar impune. No nos queda ni la libertad que es el bien más preciado; y si los reyes de Roma han sido expulsados de sus tronos, los demás tendrán que pensar que tal vez les pueda ocurrir lo mismo. Ha sido un cambio de todos los valores  conocidos hasta ahora. ¿Dónde se ha visto que todos, los de alta cuna, llamados a dirigir a los ciudadanos, y los de ínfima condición, sean iguales? No se puede soportar tamaña injusticia. Además es la misma institución de la realeza la que está en peligro. Es importante   para la sociedad que exista un rey que es el intermediario entre los dioses y los hombres."

Porsenna vio que se le ofrecía una gran oportunidad para aumentar su zona de influencia, ya que sería muy ventajoso para él si había un rey etrusco en Roma . Y así, con un gran ejército marchó contra Roma.

Cuando llegó la noticia a la ciudad todos se llenaron de muchísimo miedo, tanto el senado como los ciudadanos. Tenían un gran respeto por Clusium y por Porsenna. Pero los senadores tenían otra preocupación. Su miedo no era sólo por Porsenna. También tenían miedo por los ciudadanos. ¿Qué pasaría si para evitar problemas y conseguir la paz recibieran de buen grado a los reyes, aunque fuera a cambio de la esclavitud? Ésta era la preocupación de los senadores. Por eso nunca la plebe recibió tantas atenciones por parte del senado de Roma. Había que garantizar los suministros y para ello se enviaron personas de confianza a comprar trigo a las regiones vecinas de los Volscos y a Cumas. Para que el comercio de la sal no alcanzara un precio excesivo, se quitó de manos privadas y se convirtió en monopolio del estado. Se liberó a la plebe de todos los impuestos. Los ricos eran los que tenían que pagar, porque tenían con qué. Los pobres bastante pagaban si educaban bien a sus hijos.

Así, con todas estas manifestaciones hacia la plebe por parte de los senadores se consiguió que en la situación más desesperada, en el momento del asedio, cuando más apretaba el hambre, los ciudadanos estuvieran todos de acuerdo en que no se debía aceptar de ninguna manera que los reyes volvieran a gobernar Roma. Fue el momento en que el senado tuvo la mayor popularidad ante  la plebe, aunque fuera por medio de la demagogia, más incluso que en otras ocasiones en que gobernó con medidas más justas.

Cuando los enemigos se presentaron, todo el mundo se refugió en la ciudad, y construyeron un muro para que les protegiera. Por una parte  Roma estaba defendida por las muralla que habían construido y por la otra por el río Tíber. Se creían seguros con estas defensas. Sólo había un camino para entrar en Roma, el Puente Sublicio, pero los enemigos no pudieron entrar, porque un solo hombre, Horacio Cocles, se lo impidió. Ese día  la diosa Fortuna puso a ese hombre para defender Roma.

La defensa del puente fue épica: Horacio estaba de guardia en la entrada del puente, cuando vio que el enemigo había conseguido ocupar la colina del Janículo con un ataque inesperado y que de allí se acercaba corriendo. En aquel  momento todos los que formaban la guarnición del puente, que estaban con él, presa de pánico, abandonaron sus puestos. Él se puso en medio de la entrada obstaculizando a los que querían abandonar y les arengó de esta manera:

- "¿No veis lo que estáis haciendo? De ninguna manera podemos huir. Si dejamos que el enemigo pase el puente habrá más enemigos  en el Palatino y en el Capitolio  que  en el Janículo. Tenemos que defender el puente con todos los medios posibles, con la espada, con el fuego, y, sobre todo, con la valentía digna de un romano. Yo voy a aguantar mientras haya uno solo que me acompañe y pueda resistir."

Se adelantó hacia la entrada del puente, a pesar de que los que huían le estorbaban. Pero iba con tanta resolución que los atacantes se quedaron estupefactos pensando que era un milagro. Otros dos se quedaron con él, Spurio Larcio y Tito Herminio, que también eran famosos por sus hechos de guerra. Entre los tres consiguieron parar un poco el primer ataque. Los que se habían retirado intentaban cortar el puente. Les llamaron y Cocles obligó también a sus acompañantes a que se pusieran  en lugar seguro. Él se quedó solo. Se enfrentó con los etruscos paseando su mirada por todos ellos y les dijo:

-"Estáis a gusto bajo la esclavitud de unos reyes llenos de soberbia que no se acuerdan de su propia libertad y atentan contra la libertad de otros".

Unos, llenos de dudas, esperaban a que otros comenzasen a luchar. Pero pudo más la vergüenza de tener miedo a enfrentarse a un solo enemigo, y contra él dirigieron todas sus flechas. Su escudo las recibió y se clavaron en él. Cocles no retrocedía ni un paso. Todos los enemigos se lanzaron contra el héroe, y en ese momento se oyó el ruido del puente que se hundía a la vez que el griterío de los romanos que aclamaban el éxito de su empresa. El ataque se paró porque los enemigos vieron nuevamente un prodigio. Entonces Cocles elevó una oración al Padre Tíber: "Dios del Tíber, santo, te ruego que aceptes propicio en el río estas armas y a este soldado vestido con ellas". Y así, como estaba, armado, saltó al río, y, a pesar de las flechas que le caían por todos los lados y de lo pesado de la armadura, llegó sano y salvo a los suyos. La posteridad vio este hecho como algo más digno de admiración que creíble.

La ciudad agradeció el gesto de Horacio Cocles: le erigieron una estatua en el lugar de reunión de los comicios y se le entregó la extensión de campo que pudiera arar en un día. Todo el mundo quería agasajarle y más los particulares que el estado, pues como había tanta escasez, cada uno se lo quitaba de su alimento para dárselo a él.

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PORSENNA Y MUCIO ESCÉVOLA

 

Había en la ciudad  un joven noble, Cayo Mucio Escévola, que no podía soportar ver a su ciudad y a su pueblo esclavizado. Nunca había sido sometido por ningún otro pueblo, siempre había sido libre, y ahora era asediado por los mismo Etruscos a los que el pueblo había expulsado

 

Cuando Porsenna vio que su ataque había sido rechazado cambió de estrategia y decidió asediar la ciudad en lugar de asaltarla. Colocó a su guarnición en el Janículo, y él mismo puso su campamento al orillas del Tíber en un lugar llano. Reunió una flotilla de naves, con lo que consiguió bloquear el río y no dejar pasar los suministros a Roma, al mismo tiempo que podía pasar al otro lado para atacar las defensas romanas. En muy poco tiempo se volvió tan poco seguro el campo que todos los campesinos se introdujeron en la ciudad con todos sus enseres, incluso sus animales, y nadie se atrevía a salir fuera de las puertas.

Se dejaba hacer a los Etruscos, pero no era por miedo, sino de intento. El cónsul Publio Valerio quería meter el miedo en el cuerpo también a los Etruscos que campaban por sus respetos alrededor de la ciudad. Dejaba que los grupos menos numerosos anduvieran a su antojo, porque quería coger una grupo más grande y darle su merecido. Así que preparó su estratagema, para ver si los sitiadores caían en la trampa .

Hizo publicar que al día siguiente saldrían todas las reses a pastar por la puerta Esquilina, que era la que estaba más apartada del enemigo, pensando que siempre habría algún esclavo desertor que iría con la noticia a los Etruscos, como así sucedió. Éstos, con la esperanza de un botín importante atravesaron el río en gran número.

La estratagema del cónsul Valerio se completaba de la siguiente manera. Mandó que Tito Herminio se ocultase con una tropa reducida en el segundo mojón del camino hacia Gabios, y que Spurio Larcio con jóvenes armados ligeramente se apostaran junto a la puerta Colina hasta que los enemigos pasaran para después cortarles el acceso al río. El otro cónsul Tito Lucrecio salió por la puerta Nevia con algún grupo de soldados, y el mismo Valerio condujo a unas cohortes elegidas desde el  monte Celio. Éstos fueron los primeros hombres que vieron los enemigos.

Cuando se oyó el griterío, Herminio corrió desde su escondite y atacó a los Etruscos que se retiraban hacia Lucrecio. La respuesta no se hizo esperar a derecha e izquierda, en las puertas Colina y Nevia. De esa manera los que pensaban que iban a conseguir un gran botín fueron cogidos entre dos fuegos y murieron. Así dejaron de hacer incursiones.

El asedio continuaba, porque Porsenna estaba convencido de que, al final, Roma acabaría por caer. Dentro de la ciudad la situación era desesperada, ya que el trigo era escaso y muy caro. 

Había en la ciudad  un joven noble, Cayo Mucio Escévola, que no podía soportar ver a su ciudad y a su pueblo esclavizado. Nunca había sido sometido por ningún otro pueblo, siempre había sido libre, y ahora era asediado por los mismo Etruscos a los que el pueblo había expulsado. Se decidió a vengar él  esa situación tan indigna, y así decidió por propia iniciativa y sin contar con nadie entrar en el campamento de los enemigos. Luego lo pensó mejor y para que no lo consideraran desertor si lo cogían acercándose a las líneas enemigas sin el mandato de los cónsules y sin que lo supiera la gente, acudió al senado. Allí dijo: 

- "Senadores: quiero atravesar el Tíber , y entrar, si puedo, en el campamento de los enemigos, no como un ladrón ni por venganza. Tengo en mi ánimo realizar una hazaña mayor, si los dioses me ayudan".

Los senadores dieron su consentimiento. Mucio se marchó  hacia los enemigos con un puñal escondido dentro de los pliegues del vestido.

Al llegar se confundió con la muchedumbre que estaba delante del tribunal. Se estaba repartiendo la soldada y al lado del rey se sentaba un escriba que era el que llevaba la voz cantante, con unas vestiduras y unos aderezos semejantes a los del rey. Mucio no se atrevía a preguntar a los soldados cuál de los dos era Porsenna por miedo a descubrirse; se dejó llevar por la suerte y no acertó, porque mató al escriba en lugar de al rey.

Llevaba el puñal ensangrentado en la mano y por esto la muchedumbre le dejaba pasar, pero fue apresado por la multitud y llevado ante el tribunal del rey. Lanzaba tantas amenazas que parecía que él era a quien había que temer. Delante del rey dijo estas palabras:

- "Soy ciudadano romano. Me llaman Cayo Mucio. Yo he entrado aquí como enemigo para matarte a ti, mi enemigo, y estoy dispuesto a morir con el mismo ánimo que tenía para matar. Es propio de los romanos llevar a cabo empresas importantes así como sufrir las situaciones adversas. No soy el único en Roma que tiene este mismo espíritu. Hay una larga fila detrás de mí para realizar lo que consideran un honor. Así que prepárate para luchar por tu cabeza en todos los momentos del día, ya que en tu misma casa vas a tener el enemigo armado y dispuesto a matarte. Esta es la guerra que te declara la juventud romana. Nada de guerras multitudinarias ni de ejércitos. Sólo se trata de ti y de cada uno de nosotros."

El rey se llenó de ira, pero al mismo tiempo sintió un repentino temor. Mandó que se le amenazara con rodearle con fuego a menos que desvelara inmediatamente el complot que se había alzado contra él. Mucio le contestó:

- "Mira, rey, lo que hago, para que sientas qué despreciable es el cuerpo para los que tienen a la vista una gloria mayor".

Nada más decirlo introdujo su mano derecha en el hornillo encendido para el sacrificio. Él estaba como sin sentido mientras se le quemaba la mano. El rey, atónito por el prodigio se levantó de un salto y mandó que se separase al joven del fuego. Dijo el rey:

- "Vete. Has sido más enemigo para ti que para mí. Mandaría que se te aplaudiera si este valor fuera para mi patria. Ahora según el derecho de guerra te dejo libre y podrás ir a tu ciudad totalmente seguro."

Entonces Mucio, como si quisiera pagarle esta decisión, le contestó:

- "Ya que tienes en estima el valor, te voy a decir de buena gana lo que no te dije por amenazas: nos hemos conjurado trescientos jóvenes romanos para matarte. A mí me tocó el primer turno. Los demás actuarán cuando caigan los que están delante de ellos, y dedicarán su tiempo hasta que la fortuna les dé la ocasión que buscan".

Mucio se marcho. Le pusieron de sobrenombre Escévola por la quemadura de la mano derecha.

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PORSENNA Y CLELIA

 

Estos honores que se habían concedido a un joven excitaron también la valentía de las mujeres. También ellas quisieron conseguirlos. Este fue el caso de la joven Clelia, una de las personas que habían sido entregadas como rehenes a Porsenna y que estaba en el campamento de los Etruscos.

 

Detrás de Mucio Porsenna envió embajadores a Roma. El rey estaba muy preocupado, ya que sólo había escapado en la primera ocasión de peligro por un error del agresor, pero temía por su vida siempre que hubiera conjurados vivos. Por tanto decidió que sus embajadores llevaran a los romanos condiciones para hacer la paz. Una de las condiciones era que se restableciera en el trono a los Tarquinios. Efectivamente, él no había podido negárselo, pero no sabía que los Romanos de ninguna manera lo aceptarían. Consiguió, sin embargo que los Romanos devolvieran el campo a los Veyentes, y tendrían que dar rehenes si querían que Porsenna se retirara del Janículo.

La paz se firmó con estas condiciones y Porsenna retiró su ejército del Janículo y salió del territorio romano.

Los senadores dieron a Mucio, ya que se había significado por su valentía, un trozo de terreno al otro lado del río Tíber, que después todos conocieron como los Prados Mucios. 

Estos honores que se habían concedido a un joven excitaron también la valentía de las mujeres. También ellas quisieron conseguirlos. Este fue el caso de la joven Clelia, una de las personas que habían sido entregadas como rehenes a Porsenna y que estaba en el campamento de los Etruscos.

El campamento donde estaban los rehenes estaba muy cerca de la orilla del Tíber. Clelia se hizo la jefa de todas las mujeres prisioneras, y una vez eludidos los guardianes, se lanzaron al agua para llegar hasta la ciudad, a pesar de las flechas que lanzaban los enemigos.

El rey se enteró y montó en cólera. Envió a personas preparadas para que pidieran a los romanos que devolvieran a Clelia, la cabecilla. Las demás mujeres no tenían importancia. Admiró a la joven y dijo que su hazaña estaba por encima de la que habían realizados los jóvenes Horacio Cocles y Cayo Mucio. Pero que si no se la devolvían podían dar por roto el tratado que habían sellado. Una vez que se la entregaran, él la devolvería intacta a los suyos.

Cada una de las partes cumplió con su palabra. Los Romanos la entregaron como prenda de la paz por el pacto que habían hecho con los Etruscos. Por su parte el rey no sólo la mantuvo segura, sino que honró su valor, de manera que le dijo que eligiera los rehenes que quisiera para devolverlos a su patria. Todos le fueron presentados para que eligiera, y se dice que ella eligió a los más jóvenes, con el agrado de todos, ya que lo que más importaba era no dejar en manos de los enemigos a quienes, por su edad, podrían recibir más ultrajes.

Vuelta la paz, los Romanos levantaron en honor de Clelia, la mujer que había llevado a cabo tal hecho, una estatua ecuestre en la que se representaba un caballo con una amazona . La estatua se levantó en lo alto de la vía Sacra, la que atravesaba el foro y llevaba hacia el Capitolio, un lugar bien visible y frecuentado, para que todos honraran la hazaña de esta joven.

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