La
posibilidad de tener experiencias místicas mediante la ingesta de
substancias en lugar de pasar años de tribulaciones, excusas, oraciones
y
meditación era repugnante, no sólo para muchos investigadores, sino
para
algunos eruditos religiosos y sacerdotes conservadores.
Richard
Yensen: Hacia una medicina psiquedélica
Preámbulo ( Karina Malpica)
Antes
sabía que buscaba algo porque experimentaba un vacío que trataba de
llenar de distintas maneras y con distintas cosas. Intelectualmente
sabía también que lo que buscaba era el amor, lo divino o la presencia
de Dios, porque es algo que siempre se dice y se repite no sólo en todos
los textos clásicos de espiritualidad, sino en todos los de las llamadas
corrientes de “superación personal” y “new age”.
Pero
no lo comprendí hasta el glorioso día en que experimenté el AMOR en
la verdadera magnitud de su incondicionalidad e ilimitación durante
mi segunda sesión de
ayahuasca. En esa
ocasión escribí:
Comencé
a llorar de felicidad como no recuerdo haberlo hecho nunca. De pronto
tuve la certeza de que eso era tener abierto el chakra 4. Supe que la
luz me había hecho el tremendo regalo de abrírmelo gratis, sin que
yo tuviese que vivir para servir a costa de mi propia felicidad, como
me decía Omar, ni trabajar como voluntaria en Kosovo o en horfanatorios
indúes al estilo de la Madre Teresa, como me sugería Brenda para que
al fin, después de años de mucho sufrimiento y trabajo voluntario
entre la más abyecta pobreza, tristeza y desesperanza, lograra sentir
compasión y comenzara a sentir finalmente lo que es el amor por toda
la humanidad. Sentí que esas eran vías muy loables y valiosas, pero
no eran las únicas. Vi que el amor era tan, pero tan ABSOLUTAMENTE
INCONDICIONAL que era capaz de otorgar esa clase de regalos tan enormes
como una apertura automática y gratuita del corazón a cualquiera y
en un segundo, sin pensarlo, sin pedir, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SIN ESPERAR
ABSOLUTAMENTE NADA A CAMBIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! [...] Además, supe
que esta otra vía también era válida, pero además era más rápida
y más divertida. Me sentía tan ilimitadamente llena de amor, que
estaba segura de poder curar y servir voluntariamente a todo el mundo
¡pero sin sufrir, sin esforzarme en lo más mínimo! por el contrario,
¡disfrutando el servicio! DISFRUTAR y SERVIR habían sido para mí términos
poco menos que auto excluyentes, ¡y de repente parecían poco menos
que hermanos gemelos! (Ir
al relato completo)
Entonces
me di cuenta de hasta qué punto no entendía nada, ni sabía en realidad
qué era lo que andaba buscando tan desordenada y desesperadamente. Y
esta primera experiencia me ha dado un marco de referencia invaluable
y un parámetro inequívoco a través de los cuales he podido orientar
la búsqueda de su presencia constante en mi vida cotidiana. Eso es para
mí el camino espiritual ahora: aprender a vivir en AMOR las 24 horas
del día, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia.
Pero
como aún no lo logro y hay muchas veces que me asaltan los temores y
las dudas, incluso en algún momento llegué a cuestionarme si lo que
viví en esa y otras sesiones gloriosas era válido y útilo o no. Sobre
todo me inquietaba mucho saber cuál era la diferencia entre una experiencia
mística con drogas y una experiencia sin ellas porque pensaba que a
lo mejor las espontáneas eran más largas o podían convertirse en permanentes
y lograr los cambios inmediatos y radicales demandados por mi inexperiencia
y mis altas expectativas. Así es que investigué en distintos libros,
consulté con algunas personas que saben del tema y me empeñé en averiguarlo
por mi propia cuenta.
He
tomado tres cursos intensivos de meditación
con la técnica Vipassana, pero por supuesto
necesitas años por esta vía, así es que en lo que llevo como meditadora
aún no he tenido acceso a ninguna experiencia mística. Lo que sí he
comprobado es que una cosa no excluye la otra, sino por el contrario.
Encuentro que la meditación complementa y apoya exponencialmente cualquier
experiencia psicoactiva y cualquier otra cosa en tu vida porque una
mente serena es una bendición invaluable.
El
que busca encuentra, dice un refrán y gracias a Dios he tenido la enorme
oportunidad y el grandioso regalo de tener una experiencia mística espontánea.
Un
bendito día estando de visita en la ciudad de Barcelona fui a conocer
el parque Güel y caminando entre los árboles, sin haber tomado ningún
tipo de sustancia, de pronto me encontré desbordada por la misma intensidad
de amor que había experimentado antes con la ayahuasca. ¡Sin
ningún aviso previo, sin ninguna convocatoria por mi parte y sin esperarlo
siquiera! Simplemente llegó y me arrebató la misma ola de amor totalmente
incluyente e incondicional en el que todo cobra sentido, en donde no
hay nada qué entender porque todo se experimenta como perfecto, divino,
trascendente. Y era exactamente igual que lo que ya había vivido antes...
Sin embargo fue más breve. Como máximo duró quince o veinte gloriosos
minutos, pero fueron suficientes para contestar a mis preguntas. ¡Gracias
Dios!
Pude
comprobar que la experiencia mística es un cambio en la química de nuestro
organismo que puede ser propiciado mediante la ingestión voluntaria
de ciertas sustancias psicoactivas
o por causas que aún nos resultan desconocidas y llamamos espontáneas.
Supongo que este cambio en nuestra química orgánica se debe a alguna
orden glandular que da la señal de producir, liberar o metabolizar algún
o algunos neurotransmisores u hormonas que nos permiten acceder a estados
de nuestra conciencia que normalmente no son los habituales, pero ¿cómo
se desencadena esa orden, cómo lograr estos cambios a voluntad y duraderamente?
Tiempo
después de esta vivencia espontánea leí un libro del psicólogo Richard
Yensen (19) en el que mencionaba que a veces, ante la repetición de
determinados estímulos que estuvieron presentes en una sesión con psiquedélicos,
como puede ser determinada música, algunos de sus pacientes lograban
"ponerse en la misma frecuencia", por así decirlo y experimentar de
nuevo los efectos, sin haber consumido de nuevo la sustancia. Y también
está la cuestión del llamado "efecto placebo" en el que se le hace
creer a una persona que una píldora que contiene azúcar o alguna cosa
inocua es un psicoactivo
determinado y esta persona experimenta los efectos propios del psicoactivo
que cree haber tomado.
Así
es que tanto un estímulo sensorial como una creencia
pueden desencadenar una orden glandular cuyas señales eléctricas cambien
nuestra química y con ello nuestro estado de conciencia siempre y cuando
tengamos un referente de ese cambio, o sea, un recuerdo del mismo registrado
en nuestra memoria... ¡Fascinante!
Las
plantas que durante miles de años han venido usando los chamanes de todas épocas, así como los principios
activos que nuestros químicos han sintetizado o extraído de ellas y
que apenas han comenzado a utilizar nuestros modernos chamanes -o sea nuestros terapeutas psiquedélicos-,
tienen el potencial de provocar las experiencias que hemos llamado espirituales,
místicas, trascendentales y hoy por hoy, transpersonales.
De
esto trata este apartado de Espiritualidad y Terapias con Psicoactivos
que comienza con la recopilación de algunas citas que vinculan estas
cuestiones, continúa con un apartado dedicado a analizar las coincidencias
entre experiencias místicas con y sin psicoactivos,
y termina con resúmenes de las terapias de las que he tenido noticia
acerca de la expresión neochamánica de seguir utilizando sustancias
psicoactivas
a fin de sanarnos y reencontrarnos con el Espíritu, la Divinidad, Dios
o lo Transpersonal.
| Nexos
entre chamanismo, espiritualidad, psicología y psicoactivos |
Según
Josep María Fericla:
Antropólogo y terapeuta experto en chamanismo y enteógenos
Cuando
tomas ayahuasca o peyote, al acabar
la experiencia, ya no estás igual que antes, descubres cosas de ti
mismo y del exterior. Por eso estas sustancias tienen la capacidad
de generar una cultura a su alrededor... El constructivismo es una
teoría muy elaborada que nace precisamente de la deconstrucción del
ego que produce el consumo de enteógenos. Si no fuera por estas sustancias,
en el ámbito de la psicología, probablemente estaríamos todavía sujetos
a psicoterapias no tan eficaces como la Gestalt, sino a terapias más
rígidas y dogmáticas...
Claro que son un atajo. Estas sustancias lo que fundamentalmente hacen
es abrir el inconciente. Por esos las metáforas son importantes para
poder elaborar la experiencia, ya que en el inconciente no hay nada
más que pulsiones, imágenes arquetípicas o emociones bloqueadas. Estas
imágenes arquetípicas parece que probablemente sean heredadas. De
la misma manera que hay herencias biológicas, tenemos estas herencias
de índole psicológico en forma de imágenes. Hay determinados arquetipos
que aparecen en culturas muy lejanas y que además son entendidos de
la misma manera...
Necesitamos dar sentido a esas visiones y conocer el inconciente,
dando forma a todo este material que aparece tanto en los sueños como
bajo efecto de los enteógenos. Sin esta integración, la mayoría
de la gente que los toma, al carecer de los instrumentos necesarios,
se queda con la experiencia emocional de haberlos tomado sin ser capaces
de entender lo que se ha estado moviendo dentro de ellos. Así no cabe
hablar de enriquecimiento alguno que la experiencia pueda propiciar...
Abrir el inconciente y confrontarlo con lo que pasa por tu conciencia
es un proceso de adaptación fantástico, por eso yo creo que a estas
sustancias se las debería llamar adaptógenos. (20)
Según
Stanislav Grof:
Co-fundador
de la Psicología Transpersonal
La
espiritualid es algo que caracteriza la relación de un individuo con
el universo, con lo Divino y no requiere necesariamente una estructura
formal, un ritual colectivo o la mediación de un sacerdote...
Lo
Divino se manifestó y me atrapó en un laboratorio moderno en medio
de un serio experimento científico llevado a cabo en un país comunista
con [LSD] una substancia
producida en el tubo de ensayo de un químico del siglo XX... Salí
de la experiencia tocado en mi núcleo más íntimo y muy impresionado
por su poder. Como en esa época no creía, como ahora, que el potencial
para una experiencia mística es un derecho natural de todos los seres
humanos, lo atribuí todo al efecto de la droga...
Actualmente creo que la conciencia y la psique humana son mucho
más que un producto accidental de los procesos fisiológicos del cerebro;
son reflejo de la inteligencia cósmica que impregna toda la creación.
No somos simplemente máquinas biológicas y animales muy evolucionados,
sino también campos de conciencia sin límites que trascienden el tiempo
y el espacio. En dicho contexto, la espiritualidad es una dimensión
importante de la existencia, y ser conciente de este hecho es algo
deseable en la vida humana. (6)
Según
Alex Shulguin:
Químico,
diseñador e investigador de drogas psicoactivas
La
espiritualid significa para mí tratar de contestar las preguntas esenciales
del ser humano: quiénes somos, qué estamos haciendo aquí, por qué
estamos aquí, por qué somos de la forma que somos, por qué hacemos
las cosas que hacemos, como especie...
Las
drogas no son el único camino [para contestar estas preguntas]
pero siento que son el más rápido, pues ofrecen la posibilidad
de hacer aflorar intuiciones y percepciones más rápidamente
y debido a la intensidad del conocimiento directo al que nos permiten
acceder, provocan cambios más radicales. Lo cual las hacen
muy valiosas cuado la persona que las usa sabe lo que está haciendo.
(13)
Según
Asunción Fernández
Profesora de Historia de la Medicina en la Universidad
de Zaragoza
El
LSD se usó con fines
terapéuticos. Se utilizó con dos métodos: uno de tipo psicolítico,
en el cual se administraban pequeñas dosis que aumentaban a lo largo
de un año, con el fin de romper los bloqueos emocionales de la memoria
y permitir así acortar el curso del psicoanálisis; el otro método
era de tipo psicodélico, y en él se administraba sólo una gran dosis,
en una o dos sesiones, lo que causaba un considerable cambio en la
conducta del paciente. Este último método se utilizó fundamentalmente
en el tratamiento de los alcohólicos y en diversos estados de ansiedad,
facilitando también la psicoterapia. En ambos casos, la administración
de LSD era sólo una parte
del tratamiento y en los trabajos que se publicaron se insistía en
que, sin psicoterapia y rehabilitación, el tratamiento con LSD no tenía valor.
También en alguna ocasión se utilizó en el tratamiento del autismo
con resultados positivos, pero sus usos terapéuticos fueron decayendo
a causa de la extensión de su consumo en círculos no médicos.
(5)
Según
Richard Yensenn
Terapeuta
impulsor de la Medicina Psiquedélica
El
pensamiento contemporáneo acerca de los enteógenos carece de claridad
a causa de que la compleja sociedad tecnológica en la que vivimoe
ha abandonado modos de pensar acerca del mundo que permiten a otras
culturas aceptar dichas substancias como sagradas o divinas. En un
sentido muy real, la sociedad occidental ha perdido su espíritu. El
punto de vista tecnológicamente orientado, pseudocientífico y materialista,
que mantenemos ha dejado de estar animado por los espíritus, pero
existen esperanzas de llenar estas lagunas si somos capaces de aprender
de culturas que, a lo largo de la historia, han sido capaces de utilizar
con éxito los enteógenos. Estas culturas otorgan un papel sagrado
a las substancias. Esta percepción de los psiquedélicos es realmente
muy razonable cuando consideramos la universalidad delas experiencias
místico-religiosas que pueden producir. Una substancia que puede facilitar
un conocimiento interior personal sobre la dimesnión más significativa
de la existencia, es evidente que cumple con todos los requisitos
para disfrutar de un estatus de sagado. (19)
Según
Huston Smith
Filósofo
e historiador, considerado una autoridad mundial en la historia y filosofía
de las religiones comparadas.
Las
drogas inducen experiencais que no se pueden diferenciar de las religiosas;
lo que ya no es tan evidente es que puedan conducir a vidas religiosas...
Incluso
el Budha continuó meditando. Sin joriki, el poder particular desarrollado
a través del zazen [meditación], la visión de unidad alcanzada en
la iluminación, con el tiempo se nubla y al final se desvanece en
un agradable recuerdo, en lugar de permanecer como una realidad omnipresente
que da fuerza a nuestra vida diaria. Para poder vivir de acuerdo con
lo que ha revelado el ojo de la mente mediante el satori se requiere,
al igual que la purificación del carácter y el desarrollo de la personalidad,
un periodo de maduración...
La
conclusión a la que las pruebas parecen apuntar actualmente es que
en verdad es posible que las substancias químicas favorezcan la vida
religiosa, pero sólo cuando se tomen dentro de un contexto de fe (convicción
de que lo que revelan es cierto) y disciplina (ejercicio de la voluntad
hacia la consecusión de lo que las revelaciones nos piden).
(21)
| ¿Cuál
es la diferencia entre las experiencias místicas con psicoactivos
y sin ellos? |
Según
Albert Hofmann
Albert
Hofmann, el descubridor de la LSD,
tuvo una experiencia extática siendo joven y esto le proporcionó la
certeza íntima y absoluta de la autenticidad del uso de sustancias psicoactivas
para alcanzar los mismos estados.
|
En
su esclarecedor libro Mundo interior, mundo exterior, aborda
el tema de la realidad material y la realidad del espíritu, declarándose
incapaz de superar el dualismo. Discute tammbién nuestras ideas
erróneas de tácita aceptación social, como que el hombre es el
dueño de la naturaleza y puede hacer lo que le plazca con ella
y todas las ideas que nos impiden apreciar la unidad esencial
de la Vida que hoy nos tienen sumidos en una crisis profunda y
potencialmente destructiva si no cambiamos de dirección.
En
su opinión, este cambio puede traerlo la experiencia mística que
tiene la fuerza suficiente para conmovernos y darnos impulso para
modificar nuestra realidad.
|
|
Y
para alcanzar la experiencia mística propone dos medios: la meditación
en cualquiera de sus muchas técnicas probadas por el hombre a lo largo
de su búsqueda, o la alteración química de la conciencia. Ambas
vías le parecen a Hofmann útiles y positivas, y asegura que pueden
ser complementarias.
Hofmann
elaboró la teoría de la enteogénesis: la idea de que la experiencia
del aspecto Divino del Ser, como lo llama él, puede ser experimentado
al cambiar la configuración química del cerebro. Hofmann tiene la visión
del cerebro como un sintonizador de la realidad que puede captar varios
canales de diferentes realidades y la experiencia de unidad con la Divinidad
es uno de esos canales.
Interrogado
alguna vez sobre cómo concebía el uso provechosos de los enteógenos,
respondió que se imaginaba lugares en que, después de una cuidadosa
selección, las personas vivían el trance asistidas por otros psiconautas
con experiencia.
Según
Christina y Stanislav Grof
Otro
ejemplo de contrastes entre experiencias místicas químicamente inducidas
y espontáneas lo constituye la mancuerna de los esposos Christina y
Stanislav Grof.
Stanislav
es un psiquiatra cuyo despertar espiritual estuvo marcado por sus primeras
experiencias con LSD.
Y su esposa Christina no necesitó consumir ningún tipo de psicoactivo
para experimentar de manera espontánea muchas de las cosas que Stanislav
ya había vivido. De hecho ella comprendió que eran naturales cuando
leyó Realms of the human unconscious, el primer libro del quien
más tarde sería su terapeuta y luego su esposo.
|
Diez
años después, escribieron juntos La tormentosa búsqueda
del Ser. Ambos aseguran en sus páginas que la conciencia y
la psique humana son reflejo de la inteligencia cósmica que impregna
toda la creación, que los seres humanos somos campos de conciencia
sin límites que trascienden el tiempo y el espacio, y en dicho
contexto, la espiritualidad es una coordenada imprescindible para
referirse a este tipo de experiencias.
|
|
En
la segunda parte ( segunda pagina )
de este apartado dedicado a la espiritualidad se resumen con más detalle
las experiencias de los Grof. Ahora quiero referirme a un encuentro
de talentos que deja fuera de dicusión la controversia entre experiencias
místicas de corte químico y de tipo natural.
Según
Sidnay Cohen y Richard Alpert
En
1966, durante los años más algidos de controversia social respecto al
uso de los psiquedélicos y su inminente prohibición, la New American
Library editó LSD, un libro profusamente ilustrado con las excelentes
fotografías de Lawrence Schiler y un interesante debate entre Sidney
Cohen, un psiquiatra que trabajaba para un hospital psiquiátrico del
Estado en Los Angeles y Richard Alpert, uno de los pioneros del estudio
con psiquedélicos que en ese entonces aún era profesor de psicología
en la universidad de Harvard.
|
Entre
la asombrosa colección de fotografías de usuarios de LSD
durante sus experiencias, ambos hombres, considerados como autoridades
en la materia, contestan por separado preguntas controversiales
como las siguientes:
¿La
libertad de tomar LSD es un derecho
inalienable de todo hombre? ¿Quién debe tomar LSD? ¿Quién debe
administrar LSD? ¿Por qué
se ha sugerido que hay un enlace entre las experiencias místicas
y las experiencias con LSD? y ¿Cuáles
serían las implicaciones para la religión si es posible tener
una experiencia química religiosa? (1)
|
|
Básicamente
Cohen dice que el derecho a dañarse a uno mismo no es aceptable en
ninguna sociedad moderna y con la LSD se corre el riesgo
de tener horribles experiencias que pueden desequilibrar mentalmente
a un individuo impreparado, así es que no todas las personas deben
tomar LSD, si no es bajo la
supervisión de un psiquiatra o psicólogo especializado y bajo determinadas
condiciones. El "candidato ideal" para tener una experiencia de este
tipo es para Cohen: "alguien maduro, inteligente, estable, que se conoce
y acepta suficientemente bien a sí mismo, y cuya vida haya sido una
clase de preparación para esta experiencia. Con esto quiero decir que
haya sobrevivido derrotas, frustraciones, y pérdidas y que haya aprendido
de ellas. Los problemas serios no son necesariamente una contraindicación."
(1)
Richad
Alpert por su parte, declara en este libro que el derecho a tomar
LSD es una liberatad
inalienable de cualquier ser humano, que cualquiera que desee tomarla
está en condiciones de hacerlo porque incluso de los malos viajes se
aprende bastante, y que nadie debiera tener la prerrogativa de administrarla
a otro porque eso mina la misma libertad. Para él pues, no debiera
de preguntarse quién debe tomar la LSD,
sino con quién tomarla y sugiere que te plantees 4 preguntas que debes
contestar con un rotundo sí para elegir a un compañero de experiencia:
1. ¿Puedo confiar en esta persona? Y si es así, ¿está dispuesta a ser
totalmente colaborativa conmigo?
2. ¿Es alguien con quein quierea compartir una experiencia psiquedélica?
3. ¿Puedo tener suficiente apoyo con esta persona como para establecer
un contacto verbal explícito acerca del viaje?
4. ¿Esta persona está entrando a la sesión de una forma voluntaria y
suficientemente bien informada?" (1)
En
relación con la pregunta de "¿Por qué se ha sugerido que hay un enlace
entre las experiencias místicas y las experiencias con LSD?" Alpert simplemente
dice: Sé tú el juez.
En
el Anexo 01 hay siete reportes de experiencias. Tres de ellos son
citas de reportes de personas que han ingerido un psiquedélico químico,
y los otros cuatro son descripciones o discusiones de experiencias místicas
no inducidas químicamente. Marca la casilla que aparece junto a las
declaraciones que creas que son producidas por el uso de la LSD.
Encontrarás las respuestas correctas [al final].
Para
responder a la misma pregunta de "¿Por qué se ha sugerido que hay
un enlace entre las experiencias místicas y las experiencias con LSD?" Sidney Cohen
acepta por su parte que es posible tener experiencias místicas con la
LSD, aunque se encarga
de hacer incapié en que no todas lo son y en que, para considerarse
como experiencias útiles, debieran estar seguidas por una profunda transformación
en la vida del individuo.
Ciertamente
hay fenómenos comúnes en casi todas las experiencias místicas. Éstos
incluyen: una pérdida del ego y un sentimiento de unicidad con el
universo; una disolución de la orientación del tiempo y el espacio,
una sensación numinosa de estar despierto, de asombro o poder, junto
con sentimientos de éxtasis, amor y beatitud. La experiencia es indescriptible
con palabras, lo que en condiciones ordinarias son paradojas se resuelven,
emerge una sensación de iluminación acerca de la naturaleza de la
existencia, y se tiene una visión de una luz extraordinaria y bella
o se ve alguna figura visionaria.
El
evento místico es potente y puede transformar la vida de una persona,
de los que se hallan a su alrededor y de su cultura. Muy a menudo
estos cambios son benéficos; la persona termina con patrones perniciosos
de comportamiento. El nacimiento de las mayores religiones del mundo
está íntimamente asociado con una o más experiencias místicas. En
otras instancias puede ser que no ocurran cambios duraderos, o que
se retengan sentimientos de omnisciencia o creencias inapropiadas.
Muchas de las características del estado místico se han encontrado
durante ciertas experiencias con LSD. Existen diferencias,
pero son de grado, no de clase. Las diferencias en las experiencias
totales de vida de la persona que atraviesa por esta profunda experiencia
determinarán si habrá una transformación duradera y valiosa [...]
En importante decir que la mayoría de las experiencias con LSD de euforia, hebefrenia,
lapsos de auto-conciencia acompañados por delicias perceptivas y extravagazas
sensoriales, no tienen ninguna relación con la experiencia mística.
Estos son "viajes" en dirección opuesta a lo místico. (1)
A
manera de conclusión, Cohen advierte que si bien es posible tener experiencias
místicas con la LSD,
también es posible que dichas experiencias no sirvan de nada a las personas
impreparadas o que incluso les causen daño al sentirse culpables por
haber asistido a revelaciones y no poder cambiar su vida después de
ellas:
Hay
que mencionar algunas diferencias con la autotrascendenia alcanzada
con LSD. El
hecho de que un químico ha evocado los sentimientos de inmanencia
disminuye su valor en la mente de muchas personas. La experiencia
con LSD ordinariamente
dura más [...] La mayor diferencia radica en la preparación del individuo
para este trascendente episodio. La auto-trascendencia espontánea
tiende a ocurrir a aquellos que han pasado décadas luchando con los
conflictos de su vida o que han sudado para alcanzar deliberadamente
el estado. Hoy en día la LSD a menudo es tomada
por individuos que han huido de sus conflictos, y a quienes les ha
faltado la perseverancia necesaria para seguir los ejercicios que
la pueden inducir. Una experiencia trascendental puede ser un
evento insignificante para el impreparado. Para el preparado puede
ser una oportunidad. [...] He conocido a varios alcohólicos que han
dejado de beber durante años después de una sola exposición a la LSD y a un alcohólico
que ha ayudado a cientos de drogadictos a mantenerse "limpios" fundando
Synanon.
La
expereincia trascendental espontánea es impresionante como experiencia
pero el pago resulta de lo que viene después. Si ayuda a solucionar
problemas, si conduce a un sistema de vida más efectivo, más constructivo,
bien. Los ejemplos de personas que han reconstruido sus vidas y
su cultura como resultados de una súbita experiencia de conversión
son bien conocidos. Si no conduce a cambios estructurales de vida,
no ha hecho nada. De hecho es bien sabido que añade mayor malestar
y culpa a aquellos ya de por sí sobrecargados, pues han "visto la
luz" y han fallado en alterar su curso vital.
(1)
Según
Huston Smith
Por
último, deseo mencionar aquí el conclusivo trabajo de Huston Smith contenido
en las páginas de la colección de ensayos que conforman La percepción
divina, "el significado religioso de las substancias enteógenas".
|
Smith,
profesor de filosofía de las religiones comparadas en Berkeley
y en el MIT, también es el célebre autor de Las religiones
del mundo del cual se han vendido dos millones de ejemplares
en todo el planeta, y está considerado como una autoridad mundial
en este campo. Su iniciación en la exploración de los enteógenos
tuvo lugar en 1961, precisamente dentro del marco de los trabajos
de investigación de Timothy Leary, entonces todavía auspiciados
por la universiadad de Harvard en el Centro para la Investigación
de la Personalidad.
En
el reporte escrito que el profesor Huston Smith tuvo que entregar
al centro tras su primera experiencia con mezcalina, explicó
que dados sus estudios previos acerca de las teorías y los textos
sagrados de las diversas religiones, pudo calificar lo que experimentó
bajo los efectos de este alcaloide como "metafísica empírica":
|
|
La
noción de Bergson de que el cerebro es como una válvula reduccionista
me parecía muy exacta. Además de la expresión "prisma psicológico",
se me ocurrió otra: metafísica empírica. La teoría de la emanación
de Plotinio y el Vedanta, su homóloga más detallada, hasta entonces
sólo habían sido teorías conceptuales para mí. En aquel momento las
estaba viendo, con sus bandas descendentes presentándose adelante
de mí. Me hacía gracia pensar lo embaucadores que habían sido los
historiadores de la filosofía al alegar que los que habían originado
tales puntos de vista eran genios especulativos. De haber tenido experiencias
como la mía [...] no hubieran necesitado más que ser simples informadores.
(21)
El
profesor Smith, cuya tendencia mística natural no se reduce al estudio
teórico, sino a la puesta en práctica de los principios comunes de las
teorías religiosas en beneficio de la humanidad, también asegura
que practicando la meditación, nunca ha tenido una experiencia de tipo
místico:
Swami
Stprakashananda me inició en la meditación y durante veinte años -diez
en el Vedanta y diez en el Zen- fue mi principal práctica espiritual.
Aunque he de confesar que con resultados decepcionantes, no me arrepiento
de esos años y continúo meditando todos los días, pero me sirve más
para reforzar la trayectoria de mi vida y para devolverme al aquí
y ahora que para proporcionarme visiones místicas y estados de conciencia
alterados. (21)
Smith,
como todos los investigadores de las sustancias psicoactivas, sostiene
que no existe una conexión directa entre los estados químicos provocados
en el cerebro con las experiencias que ocasionan, ya que invariablemente
el carácter del individuo, su "tendencia", actúa de filtro, tal como
lo hacen las circunstancias que rodean la ingestión, o sea, el "entorno".
Es por eso que, antes que nada, Smith explica cuál era su tendencia
y cómo era su entorno al momento de tomar su primera dosis de mezcalina.
Describe
su tendencia como la búsqueda del encuentro con Dios y "la Gran Visión",
por lo cual su primera vocación fue la de ser ministro de culto o misionero,
aunque finalmente optó por la filosofía, la historia y la docencia pues
le pareció la mejor manera de "conocer la naturaleza final de las cosas:
la estructura más profunda de la realidad y lo que parte de ella para
maximizar el potencial humano" (21). Su entorno apoyaba su tendencia
pues el proyecto de investigación de Timothy Leary en Harvard cuando
Smith entró a formar parte de él, se perfilaba como el primer intento
contemporáneo de estudiar científicamente las sustancias psicoactivas
de tipo psiquedélico,
que es como se les comenzó a llamar en esa época.
El
médico Walter Phnke, como parte de su estudio para titularse en Harvard
como doctor en religión, realizó en 1962 un experimento que se hizo
célebre en aquella época, conocido como "el experimento de Viernes Santo".
En el marco de un servicio católico de Viernes Santo, Pahnke administró
psilocibina
a quince profesores y estudiantes de teología en la Universidad de Boston.
El psicoactivo
se administró a "doble ciego", esto es, que ni él ni sus voluntarios
sabían quiénes recibirían psilocibina y quiénes
ácido nicótico como placebo para constituir el grupo de control.
Los
relatos de cada participante fueron evaluados de manera independiente
por tres antiguos profesores de la escuela que se basaron en los nueve
rasgos de la experiencia mística que enumeraba Walter Stace en su libro
Misticism and Philosophy. Los resultados mostraron que "las personas
que recibieron psilocibina
experimentaron fenómenos apenas diferenciables, cuando no idénticos,
de las categorías definidas por la tipología del misticismo." (21)
Huston
Smith fue precisamente uno de los profesores participantes de este célebre
experimento y recibió psilocibina.
Este es un resumen de sus vivencias:
El
experimento fue muy intenso para mí y dejó un huella permanente en
la visión del mundo que experimenté. (Digo "visión del mundo que experimenté"
para distinguirlo de cómo pienso y creo que es el mundo.) Desde que
puedo recordar he creído en Dios y he experimentado su presencia tanto
dentro del mundo como cuando éste quedaba trascendentalmente eclipsado.
Pero hasta el experimento de Viernes Santo no había tenido ningún
encuentro personal directo con Dios del tipo de los que describen
los bhakti yogis, los pentecostales, y los cristianos renacidos. El
experimento de Viernes Santo cambió eso, porque el servicio se centró
en Dios como encarnado en Cristo.
Para
mí el clímax del servicio llegó durante un solo que fue interpretado
por una soprano cuya voz (tal como la percibía bajo el prisma de la
psilocibina) sólo
puedo describir como angelical. Lo que cantó no fue más que un simple
himno, pero entró tan profundamente en mi espíritu que los versos
de apertura y de cierre quedaron grabados en mi memoria desde entonces.
Mis tiempos están en Tus manos, mi Dios, allí
deseo que estén;
mi vida, mis amigos, mi espíritu, a tu cuidado dejo por completo...
Mis tiempos están en Tus manos, en Ti siempre confío,
y después de la muerte a tu derecha siempre estaré.
A
la luz del día estas líneas nada tienen de particular, pero en el
contexto del experimento lo dicen todo. Los tres últimos compases
de cada verso ascendían a un acorde de séptima dominante, y concluían
resolviéndose en el acorde de tónica. Es la forma más estereotipada
que existe de terminar una melodía, pero el contexto la cambió por
completo. Mi madre era profesora de música y me infundió una aguda
sensibilidad para las resonancias armónicas. Cuando esa herencia musical
y mi educación cristiana convergieron en la historia del Viernes Santo
bajo el efecto de la psilocibina, la
gestalt transformó una progresión musical rutinaria en el regreso
al hogar más poderosamente cósmico que he experimentado jamás...
Sabía y había creído firmemente que Dios es amor y que ningún matiz
del amor podría faltar en su naturaleza infinita; pero que Dios me
amara y yo a él, en la forma concreta en que los seres humanos aman
a otras personas, amando más aquello que la otra persona más desea
dar y apartando de la vista todo aquello que pueda distraer esa relación
sagrada, esa relación con Dios jamás la había tenido... he de decir
que en su repercusión coronó las de mis otras epifanías enteógenas.
En un tiempo entre unas seis semanas y tres meses (eso creo) realmente
era mejor persona, incluso ahora, sigo estando seguro de ello. Pude
prolongar hasta cierto punto la conciencia de que la vida era un milagro,
cada momento de ella, y que la única forma apropiada de corresponder
a ese regalo que habíamos recibido es ser concientes del mismo en
cada momento y ser amables con todas las personas que se cruzan por
nuestra vida. Para llevar estos sentimientos en tu interior al campus
del Massachusetts Institute of Technology se requiere valor. (21)
Todos
los experimentos en los que Huston Smith participó o de los que tuvo
noticia durante esa época lo llevaron a observar que estadísticamente
"parece que entre un cuarto y un tercio de la población general tendría
una experiencia religiosa si tomara ciertas drogas en condiciones
naturales, es decir, en condiciones en que el investigador apoya a
la persona pero no interfiere en el curso que tome la experiencia".
Señala también que entre las personas que tienen una fuerte proclividad
religiosa, "la proporción de los que tendrían experiencias religiosas
se eleva a tres cuartas partes"; y "si los individuos toman las drogas
en entornos religiosos, el porcentaje es de nueve entre diez". (21)
A
pesar de esto, Smith mantiene sus reservas en cuanto al libre uso
de psicoactivos
se refiere. Recuerda el viejo dicho taoísta de "Aprende diez
cosas, enseña nueve", pues a veces se pregunta si es conveniente
"siquiera mencionar los enteógenos en relación con Dios y el Infinito
porque, aunque exista una conexión, como es en el caso del Tantra, actualmente
es casi imposible hablar de ello en Occidente sin ser mal entendido".
Dice que si la única cosa que se pudiera hablar de los enteógenos fuera
que "ocasionalmente parecen revelar planos superiores de conciencia
y quizá del propio infinito", mejor guardaría silencio, porque aunque
tales experiencias puedan ser verídicas, la meta no son las experiencias
religiosas sino la vida religiosa. Y en este sentido, "las 'teofanías'
producidas por la química tanto pueden arruinar una búsqueda como fomentarla".
(21)
Precisamente
por eso es que Smith se atreve a hablar de los enteógenos y su relación
con lo divino, para aclarar, para prevenir, para marcar una y otra vez
la orientación, pues como él mismo dice, "no se puede hacer demasiado
hincapié" en que las revelaciones, por su naturaleza misma, son efímeras
y ya sea que se produzcan por medios químicos o no, es necesario
que estén respaldadas por el entorno, la sacralidad y la disciplina
que induzca al cambio permanente.
En
su debido momento Huston utilizó su extenso bagaje acerca de la historia
de las religiones para advertir el peligro que veía cernirse sobre el
movimiento contracultural de mediados de los sesenta:
En
la India se veneran los estados de conciencia superiores tanto como
lo hacen los promotores psicodélicos actuales, pero se insiste
en que si han accedido a ellos personas que no están preparadas, sucederá
una de estas dos cosas: la persona se hará daño a sí misma o bien
el significado de la experiencia se perderá y el encuentro será trivializado.
Por lo tanto, o la persona sale perjudicada o se desvirtúa el dharma,
y generalmente suelen darse las dos cosas... La
incapacidad de integrar la experiencia psicodélica en la vida cotidiana
tiene precedentes.
En
la tradición Ch'an-Zen, los primeros textos tendían a citar el satori
como la meta de la enseñanza. Los textos posteriores no. La razón
parece clara. Cuando llega el satori por vez primera, su trascendencia
es probable que parezca última, la razón de ser de la existencia.
Sin embargo, a medida que la vida va pasando uno se da cuenta de que
no es así. La rutina se reafirma a sí misma y uno descubre que incluso
los que han experimentado poderosos satoris a veces también
se comportan mal. Aquí es donde entra la realización a la que cada
vez se da más importancia en los textos tardíos. En esos textos el
satori ya no es la meta; es el primer obstáculo principal que
vencer en la interminable gesta de crear la experiencia de satori
en la estructura de la vida cotidiana hasta que ésta adopta una cualidad
satórica... (21)
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Debido
a su credibilidad y su ética profesional, Huston Smith fue invitado
a escribir el prólogo de El camino a Eleusis, un libro
en el que se exponen los resultados de los trabajos de tres prestigiados
investigadores acerca de la manera en que los antiguos griegos
utilizaban el kiqueón, una bebida ceremonial presuntamente
preparada con el cornezuelo de centeno (precursor de la LSD), dentro de
un contexto ritual de carácter iniciático para contactar con la
divinidad. En las páginas de este prólogo Smith aprovecha para
formular una serie de excelentes preguntas:
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1)
"¿Han conspirado el secularismo, el cientificismo, el materialismo y
el consumismo moderno para formar un caparazón que la Trascendencia
tiene ahora dificultades de atravesar?"
Y
si la respuesta a esta pregunta es afirmativa:
2)
"¿existe la necesidad, quizás una necesidad urgente, de diseñar algo
parecido a los misterios eleusinos para salir de la caverna de Platón
y ver la luz del día?"
Y
por último:
3) "¿Se puede hallar un modo de legitimar, como hicieron los griegos,
el uso constructivo, otorgador de vida de las drogas enteógenas celestiales
e infernales sin agravar nuestro grave problema de la drogadicción?
El
profesor Smith no contesta estas importantes cuestiones, simplemente
las plantea y las deja abiertas pasando la estafeta a los lectores.
Diversos profesionales, básicamente provenientes de los campos de la
medicina, la psiquiatría y la psicología, han contestado "sí" a las
dos primeras preguntas y sus respectivos trabajos ofrecen brillantes
y conclusivas respuestas a la tercera, tal como podrá verse a continuación.
Para
facilitar su descarga esta sección está dividida en tres
páginas, ésta es la primera
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