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En casi todas las culturas que ha habido en el mundo, incluso
en las más antiguas, se cuenta que hace muchos miles de años, y antes
de que el hombre fuese creado, la tierra ya estaba habitada por gigantes,
que la colonizaron y se extendieron por todos y cada uno de sus rincones.
Ya en el Antiguo Testamento se nos habla de éstos enormes seres
que poblaban la tierra. En la narración de la marcha por el desierto
que hace Moisés con su pueblo en busca de la Tierra Prometida, los espías
que envía para ver la "tierra que mana leche y miel" narran
cómo la zona está habitada por gigantes. "Un pueblo potente, con
ciudades fuertes y grandes, (relatan), ante los cuales parecemos simples
langostas". También es famoso el relato de cómo David da
muerte a Goliat, un gigante que luchaba junto a los filisteos, y que
sembraba el pánico entre sus enemigos a causa de su enorme estatura
y su inmensa fuerza.
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También se habla de éstas criaturas en las mitologías
de diferentes países. Así, por ejemplo, en la mitología griega,
los gigantes eran hijos de la Tierra y del Tártaro. (De hecho, el término
"gigante" proviene del griego clásico). Pero a pesar de que
tenían un origen divino, eran seres completamente mortales. Ya Zeus
tuvo que luchar contra ellos antes de convertirse en el "padre
de los dioses". Para poder vencerles, tuvo que coger toda la cantidad
que encontró de una hierba mágica que existía en la antigüedad, y que
hacía que los gigantes fueran inmunes a los golpes de sus enemigos.
Después luchó contra ellos, y logró vencerles. Otro episodio mitológico
(también griego) nos cuenta cómo en otra ocasión, debido a su imponente
estatura y a su fuerza extraordinaria, los gigantes decidieron hacer
la guerra a los dioses e intentaron escalar el sagrado monte del Olimpo.
Pero ayudados por Hércules, los dioses consiguieron derrotarles. Esa
fue una de las grandes hazañas del mítico héroe griego. Estas luchas
entre los gigantes y los dioses, recibió el nombre de "gigantomaquia",
y la mayor parte de los artistas de la antigua Grecia se inspiraron
en este tema para elaborar muchas de sus obras. En el museo de Delfos
encontramos algunos ejemplos, así como en el de la Acrópolis de Atenas.
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La mitología escandinava también
nos habla de un tiempo en el que el mundo estaba poblado por gigantes.
Para los nórdicos, Ymir fue el primer gigante que existió en la
tierra. De su propio cuerpo surgieron muchos otros gigantes
que enseguida poblaron las bastas y frías tierras nórdicas.
Como eran seres malvados y ambiciosos, pronto intentaron luchar
contra los primeros dioses, que encarnaban las fuerzas del bien.
Y esa fue la razón por la que tres de esos dioses, Odín, Vili
y Ve, tendiendo una emboscada a Ymir, su más grande enemigo, consiguieron
darle muerte. La sangre del gigante manó de su cuerpo con
tanta abundancia, que provocó una inmensa inundación, en la que
murieron ahogados los demás gigantes. Esa fue la forma en la que
surgieron los océanos. Y esa es también la explicación que se da
a la manera en la que los gigantes desaparecieron para siempre de
la faz de la tierra. Termina la leyenda contando cómo tan solo dos
gigantes lograron sobrevivir, montando en un barco que atravesó
el océano hasta llegar a una tierra lejana, llamada desde entonces
"Tierra de los gigantes". Desde allí alimentaron su odio
contra los dioses, pues codiciaban no solo sus riquezas, sino también
su gran belleza. No olvidemos que ellos eran de una naturaleza espantosa.
Amenazaban constantemente a la Tierra, y también al hogar de los
dioses, por lo que el dios Thor tenía que mantenerlos constantemente
a raya.
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También la tradición inglesa nos habla
de éstas criaturas. Así, nos encontramos con "Gormagog",
un gigante con más fuerza que la de cien guerreros juntos, jefe de
los gigantes británicos, y que poblaba Albión desde el principio de
los tiempos. Esa misma tradición nos habla también de Bruto, un héroe
troyano que fue desterrado de su tierra por haber matado accidentalmente
a su padre. Se alió con otro exiliado troyano, llamado Corineo, y
decidieron encabezar una expedición para conquistar Albión. Cuando
el gigante Gormagog supo que iban a desembarcar en sus costas, se
lanzó contra los invasores junto a los demás gigantes. Pero el hábil
Corineo se adelantó a su encuentro, esquivó el golpe del gigante,
y con increíble rapidez le cortó la cabeza y la arrojó al mar. Al
ver cómo moría su líder, los demás gigantes huyeron y se ocultaron
en oscuras y profundas cuevas de las que no volvieron a salir, y ya
nunca fueron vistos de nuevo. Bruto conquisó las tierras de Albión,
a las que cambió el nombre por el de "Gran Bretaña". Y para
recompensar a Corineo por su valor, le dio la zona occidental del
país, que se llamó Cornualles en su honor.
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La característica más importante de éstos seres, da igual el país
del que nos lleguen las historias, es su enorme tamaño, que nunca es
inferior a los cuatro metros, y por supuesto, su increíble fuerza. Aunque
han llegado hasta nosotros cuentos en los que el gigante en cuestión
habita en un enorme castillo, en el que todos los objetos son proporcionales
a su enorme estatura, lo cierto es que la mayoría de ellos viven en
cuevas y grutas excavadas en las montañas. Suelen llevar trajes de toscas
telas, casi siempre de gruesa lana, o de pieles de animales. Sus armas
y utensilios son muy rudimentarios, empleando la piedra para fabricarlo
casi todo. Tienen costumbres solitarias, pues no les gustan los grandes
grupos, y sus movimientos son siempre bastante torpes. Suelen tener
mal carácter, por eso viven solos y en lugares apartados. Eso evita
las peleas, que entre seres de un tamaño tan grande, son terribles.
Sus caras suelen ser de forma redondeada, aunque de facciones bastas
y rudas, con espesas cejas y grandes dientes.
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A los gigantes se les atribuyen algunas obras que
por su forma o complejidad, parece imposible que hayan sido hechas por
el hombre. Por ejemplo, al norte de Irlanda, nos encontramos con la
llamada "Calzada del Gigante". Se trata de una formación rocosa,
cuyas piedras redondeadas son de un tamaño enorme, y están tan perfectamente
"colocadas" que parecen haber sido puestas allí de forma expresa
por alguien, pues no parece posible que la naturaleza haya podido diseñar
algo así. Eso ha dado paso, cómo no, a una leyenda, en la que
se dice que los gigantes que en el pasado habitaban en Irlanda, y los
que vivían en Escocia, intentaron unir sus reinos separados por el mar,
a través de una vía o calzada de piedra. Pero debido a sus frecuentes
disputas, la obra fue abandonada, y lo que ahora vemos son vestigios
de algo que no pudo ser terminado. Podemos admirar la obra en el norte
de Irlanda, y también en la cueva de Fingal, en Escocia.
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Casi todos los gigantes que han pasado a la tradición folklórica
son seres malvados, muy irritables, de mal carácter y de apetito
muy voraz. Les gustaba especialmente luchar contra los hombres abusando
de su descomunal fuerza para abatirles, y son muchos los que devoraban
a todos aquellos que se cruzaban en su camino. En sus cuevas coleccionaban
los huesos de sus víctimas, como medio para persuadir a otros hombres
a intentar acabar con ellos, y durante muchísimo tiempo sembraron
el pánico en multitud de lugares. El único modo que había de poder
matar a un gigante, era cortándole la cabeza. Eso hizo que fuese tan
difícil poder acabar con ellos.
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Sin embargo, no todos los gigantes han sido seres malvados. Muchos
han pasado a la tradición por su buen corazón, como el mítico "Bran
el Bendito". Tuvo la categoría de un dios primitivo, y
sus dimensiones eran tan impresionantes que no cabía en ninguna
casa, ni castillo, y era capaz de atravesar el canal que separa
Gales de Irlanda de cuatro zancadas. Sus tesoros mágicos enriquecieron
a Gran Bretaña, y una vez muerto, el lugar al que se transportaba
su cabeza cortada quedaba protegido y bendecido contra todo mal.
Así fue como Gran Bretaña se protegió de sus invasores durante muchas
décadas. Otro ejemplo lo encontramos en el Gigante de
Grabbist, un gran lanzador de piedras que ayudó en muchas
ocasiones a los hombres, y que se dice que combatió incluso contra
el mismísimo diablo. En una ocasión en la que se desencadenó una
terrible tormenta, cogió con sus manos un barco que corría el peligro
de hundirse frente a la costa, y lo depositó cuidadosamente en el
puerto, salvando así a toda la tripulación. Otro gigante bondadoso
y juguetón fue Carn Galva, que habitó en Cornualles, y cuya
triste historia ha llegado hasta nosotros a través del folklore
inglés. Era un gigante muy juguetón, a quien visitaba con
frecuencia un muchacho que enseguida se hizo amigo suyo. Cada tarde,
ambos jugaban y charlaban durante horas, hasta que el sol comenzaba
a ponerse y el muchacho regresaba a su casa. Un día, el gigante,
para despedirse de su joven amigo cuando éste se disponía a marcharse,
le dio un pequeño golpecito cariñoso, pero era tan grande su fuerza,
que mató al pobre chico en el acto. Al ver lo que había hecho, y
después de tratar de reanimar al joven durante un buen rato, el
gigante lloró desconsoladamente durante muchos días. Y ya nunca
volvió a reír, ni a estar alegre, y poco a poco fue languideciendo
hasta que pocas semanas después terminó muriendo de tristeza.
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